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gabrieljaraba

Periodista, escritor y profesor universitario. Investigador de Internet.
gabrieljaraba ha escrito 396 entradas para GABRIEL JARABA blog

Comunicación, educación y diálogo intercultural para romper las barreras de la ignorancia

GABRIEL JARABA

De todas las disciplinas del saber humano  hay una que está especialmente orientada al futuro: la educación. Toda obra humana tiene voluntad de perdurar, pero es la educación la actividad específicamente dirigida a construir un futuro deseable. Educación no es tratar de que las personas aprendan, que los niños atiendan en clase o que se transmita el conocimiento. Educación es la tarea de construir un futuro mejor haciendo que los humanos se desarrollen de manera adecuada para llevar una vida buena y conseguir que el mundo por venir sea un lugar en el que valga la pena vivir.

La confluencia de la educación y la comunicación ha potenciado sobremanera la capacidad de aquélla como constructora de futuros. El desarrollo de la “tercera ola” que atisbaron Alvin y Heidi Toffler nos ha llevado a una sociedad del aprendizaje en la que no podemos rehuir la necesidad de poner la educación en primer plano de las exigencias para el progreso.

Una “sociedad de la información” o “sociedad de la comunicación”, así a secas, no tiene sentido alguno si lo que deseamos es que la humanidad progrese. Solamente el aprendizaje como perspectiva del conjunto del género humano puede conducirnos a, por lo menos, que no es poco, ir más allá del umbral de la supervivencia como especie. La suma de desigualdades sociales, cambio climático, estructuras de injusticia y opresión, tentaciones de soluciones bélicas y supremacía de las finanzas sobre el trabajo productivo ponen a la humanidad frente a un reto inédito en toda la historia del mundo. El aprendizaje es el camino de hallar soluciones nuevas a situaciones altamente complejas.

La comunicación hace que la educación ya no pueda conformarse con ser un mero adiestramiento en competencias técnicas o incluso sociales. El proceso de globalización es inseparable de la comunicación y ello afecta al campo educativo, puesto que el mundo se hace cada vez más pequeño y ya no se puede vivir de espaldas a las culturas ajenas. Las migraciones son la forma más perceptible de este contacto entre culturas distintas, pero también la difusión internacional de modelos de comportamiento o costumbres propios de culturas que hegemonizan esa globalización, gracias a la televisión, la moda o la música popular. Existan o no diversas comunidades nacionales o culturales en un mismo país, los niños y adolescentes de cada nación viven necesariamente en un mundo intercultural.

Los retos que presenta la sociedad de la comunicación dimensionada como sociedad del aprendizaje hacen imprescindible la adopción de una actitud crítica ante los medios de comunicación y las tecnologías de la información. Para adoptar decisiones pertinentes en ese contexto es necesario un grado de conciencia y lucidez que no pueden venir dadas, sino que es necesario aprender. Debemos incorporar un pensamiento crítico mediáticotécnico si deseamos avanzar hacia un nuevo humanismo.

Vista la cosa en su conjunto, nos damos cuenta de que la educación, la comunicación, el pensamiento crítico mediaticótecnico se engarzan entre sí para apuntar el camino hacia el nuevo humanismo. Y ese nuevo humanismo no puede ser más que universalista: el gran reto de la humanidad nos concierne  a todos, no a una nación o una cultura. Por tanto es necesario que ese engarce multidisciplinar sea coronado por una tarea inevitable: el diálogo intercultural (que podría ser considerado una metadisciplina).

No basta con observar y considerar las culturas distintas a la propia. Hay que introducirse en un diálogo entre culturas que permita ver las cosas de un modo diferente y sobre todo que conduzca a tener en cuenta las opiniones de los otros. Hay que asumir ese enorme alud de sobreinformación de todo el mundo que nos aporta la comunicación y convertirlo en riqueza: conocer, respetar, considerar, dialogar, conversar con todo lo que nos es o nos parece distinto.

Por ese motivo la alfabetización mediática y digital camina de la mano con el diálogo intercultural en la Cátedra Internacional UNESCO de Alfabetización Mediática y Diálogo Intercultural que actualmente lidera el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB. Porque es necesario crear laconciencia de esa interrelación intercultural que solamente se puede alcanzar mediante el diálogo. No basta con la comunicación que nos aporta información: es la voluntad de construcción de futuros que implica la educación la que nos puede llevar de mirar sin ver a dialogar para conversar.

La etimología de “conversar” es muy interesante. “Versar”: discurrir, tratar un asunto, pero también tender hacia un punto. “Con”, hacer algo juntos, llegar juntos a un lugar. El diálogo debe ser siempre conversación porque si no se convierte en una charla entre “lenguas de madera”. Muchos políticos y miembros de instituciones dicen dialogar cuando no hacen más que monologar en estéreo. El verdadero diálogo es conversación: caminar juntos buscando el punto de encuentro común.

Y ahí es donde entramos los periodistas. Entrenados en el arte de la entrevista, en la interrogación a las fuentes y su contraste, en la atención a lo que tienen que decir los lectores, oyentes y telespectadores, deberíamos ser los animadores de la Gran Conversación que nuestro mundo en transformación reclama. Comunicación, educación, diálogo intercultural conversacional y periodismo: menuda fórmula explosiva para romper las barreras de la ignorancia.

Fotografía: alumnos del Master en Comunicación y Educación de la UAB.

Leopoldo Pomés, o cuando Catalunya se miraba en su fotografía

GABRIEL JARABA

La muerte de Leopoldo Pomés significa no sólo la desaparición de uno de los grandes fotógrafos catalanes de todos los tiempos sino un paso más en el proceso de transformación de la Barcelona contemporánea, que no sabemos aún cómo acabará pero que sí que podemos ver por qué caminos anda. Creo que no entenderemos lo que pasa si consideramos estas desapariciones de grandes personajes como pérdidas individuales, con una tristeza justificada e incluso un punto de nostalgia, en vez de hitos indicadores de un empobrecimiento cuya naturaleza se nos escapa a primera vista.

Y este empobrecimiento es la disolución de una manera de mirar, que no sólo es la de los grandes profesionales de la fotografía sino de la capacidad de una sociedad entera de mirarse a sí misma, de percibirse de una manera determinada y de comprenderse como colectividad, como paisaje humano y social en toda la su complejidad. No únicamente perdemos fotógrafos, perdemos capacidad de mirada inteligente.

Polarizada en torno a la literatura –por haber creído que la lengua es la patria— la cultura catalana ha minusvalorado las artes visuales, y cuando ha hecho ver que las valoraba, destacaba uno u otro artista cuando estaba vinculado a un determinado discurso asimilable a parámetros literarios. Con la fotografía ni eso ha hecho falta; se la considera simple ilustración subordinada a un mensaje verbal o a lo sumo, documento informativo inmediato o histórico.

Exagero? Véase el papel que la fotografía periodística juega en los diarios de hoy: el fotoperiodismo excelente al que aspiraban los profesionales ha sido marginado casi por completo de las páginas de la prensa y reducido a ilustración, precisamente aquello de lo que quería huir la nueva generación de fotoperiodistas que marcó una diferencia.

Hay grandes, grandísimos fotógrafos vivos entre nosotros, pero pagados a precios de miseria y reducidos a la categoría de poner cromos entre párrafos de texto. Por lo que respecta a la fotografía publicitaria, y escuece decirlo en una Barcelona que fue la punta de lanza creativa de la publicidad mundial, intenten distinguir un creador de otro autor de imágenes. Leopoldo Pomés ha muerto, pero a su arte lo están matando poco a poco.

La fotografía juega un papel en las sociedades parecido al de las demás artes pero de una manera muy particular: muestra abiertamente el modo que una sociedad tiene de mirarse a sí misma. Aunque sea, en general, practicada per un solo artista –y no como el cine, que es obra colectiva—tiene la cualidad de mostrar cierto espíritu del tiempo. La fotografía no sólo es lo que los humanos ven en un momento determinado de la historia y la cultura, sino que enseña cómo la gente se ve a sí misma en su mundo.
Lo hacen también otras artes, pero la imagen estática y permanente de la fotografía es una afirmación constante e insistente de una cierta mirada, que la imagen en movimiento del cine y el vídeo puede igualar, pero no superar: la fotografía nos mira quieta y nos interpela fijamente como una esfinge. Aquí radica la diferencia entre la verdadera fotografía, tanto la periodística como la artística, y la simple ilustración, instrumental, momentánea y pasajera.

La reconstrucción visual del país

Los grandes fotógrafos que Catalunya ha dado han sido los artistas capaces de obrar esta magia: Ricard Terré, Ramon Masats, Joan Colom, Francesc Català Roca, Xavier Miserachs, Julio Ubiña, Leopold Pomés, Oriol Maspons, Colita, Joana Biarnés, Laura Terré, Pilar Aymerich, Kim Manresa, Toni Catany, Eugeni Forcano, Francesc Fàbregas, los hermanos Pérez de Rozas, Brangulí, Postius, Merletti, Horacio Seguí, Tino Soriano, Pedro Madueño, Manel Armengol, Ferran Sendra, Josep Gol, Jaume Mor, Paco Elvira, Pepe Encinas, Pepe Baeza, Guilermina Puig, Inma Sáenz de Baranda, Pere Monés, Albert Ramis, Álex García, David Airob , Xavier Cervera, Carlos Bosch Foggia, y tanto otros que me dejo, entre ellos los nombres de los fotoperiodistas más excelentes en activo.

Si los vemos en perspectiva nos damos cuenta del hilo conductor que los une: al mismo tiempo que la sociedad catalana en su conjunto iba recuperando parcelas de libertad y reunía elementos que permitirían desarrollar la democracia, los fotógrafos, de manera paralela y coherente, reconstruían un país visual, que no era virtual sino real: la visualización de una sociedad tal como era pera a la vez tal como quería ser, tal como podía llegar a ser.

En las fotos de Xavier Miserachs que nos muestran, por ejemplo, la vitalidad de las calles de Barcelona de finales de los 50 e inicios de los 60 o los primeros contrastes fruto del turismo incipiente, percibimos una vitalidad y un nervio que dicen mucho más de aquel tiempo y de aquella sociedad que otras formas artísticas: comparémoslo con ciertas descripciones literarias del momento que se leen como teñidas de una melancolía o tristeza que no se podrían corresponder con la realidad vista por las personas que en aquel momento participaban de aquella vitalidad; la fotografía lo muestra y la literatura lo oculta.

Lo mismo sucede con épocas más recientes. No existe ninguna obra literaria, cinematográfica o de ningún otro arte que nos muestre la altísima vibración de los momentos del cambio democrático en la Barcelona de los 70 como lo hacen las fotografías de Colita, Pilar Aymerich, Manel Armengol, Paco Elvira, Kim Manresa o Pepe Encinas. Si reunimos la obra de todos estos fotógrafos encontraremos no sólo un testimonio elocuente de un tiempo sino de una actitud de los propios artistas, de una manera de interrogar al mundo, de aproximarse a la gente, de una intención de mostrar a la gente lo que hace otra gente. Todo ello trasciende la misma fotografía y alcanza un fragmento mucho más amplio que la actividad artística y cultural para adentrarse en la antropología (antropología pura y dura, podríamos decir): los fotógrafos enseñan a la gente a mirar.

Aquí radica la diferencia entre la ilustración y la fotografía: esta enseña a mirar, porque conlleva una actitud crítica y una intención artística; la primera no, porque es de naturaleza instrumental y no interpela ni a lo que se muestra ni a quien se muestra.

La tensión entre fotografía e ilustración

La muerte de Leopoldo Pomés sucede precisamente en el momento en que la tensión entre fotografía e ilustración se produce con más fuerza, especialmente en la prensa y la información. Del mismo modo que el fotoperiodismo se hizo un lugar destacado en los medios y entre los lectores a medida que avanzaba la transición, ahora ha ido retrocediendo al ritmo de los recortes de personal, recursos y talento que han aplicado las empresas periodísticas.

Las secciones de fotografía de los diarios, en otro momento organizadas y cohesionadas en torno a exigencias de calidad informativa y visual, han sido desmontadas o reducidas nuevamente a funciones precariamente informativas e ilustrativas. De hecho, toda la fotografía periodística en general ha sido hecha retroceder a estas funciones, como en los años 50 y 60 cuando cuatro fotógrafos en toda la ciudad cubrían la información diaria y la suministraban a los diarios de manera general y uniforme.

Contra esta situación precaria la nueva prensa democrática creó las secciones de fotografía –inexistentes hasta la creación de El Periódico—para impulsar el fotoperiodismo y conseguir que los diarios “hablasen” un lenguaje visual integral. Debemos a la creatividad y coraje del recientemente fallecido Carlos Pérez de Rozas y Antonio Franco, con Pepe Encinas y Carlos Bosch Foggia, esta mentalidad renovadora, ellos fueron los autores de la ruptura con la precariedad previa y es respecto a la su actitud que se ha producido la marcha atrás actual.

Bosch fue el fotógrafo argentino que, establecido aquellos años en Barcelona, creó la sección de fotografía de la revista Primera Plana, bajo la dirección de Manuel Vázquez Montalbán y Joaquim Ibarz, y rescató del olvido el fotógrafo Agustí Centelles, presentándolo a los jóvenes fotógrafos catalanes como su antecedente primordial de antes de la guerra. Carlos Bosch fue también el autor de la famosa foto del cartel electoral del PSUC titulado “mis manos, mi capital”. Bosch abrió la puerta, con Pérez de Rozas y Franco, a la dignificación del fotoperiodismo barcelonés que rompió con la ilustración elemental y al lenguaje visual integral de la moderna prensa diaria y semanal. Les siguieron otros, como Pepe Baeza, que ensambló en La Vanguardia una sección de fotoperiodistas realmente ejemplar, dotada de una gran capacidad de incidencia en el lenguaje visual global del diario, cuyos criterios se estudian hoy en las facultades de periodismo.

Enseñar a mirar es hoy más urgente que nunca, más aún con la popularización general del teléfono inteligente que pone la ilustración fotográfica al alcance de todos. Lo es dada la situación de los medios informativos digitales y la web en general, que piden a gritos y alaridos una reconsideración muy a fondo del diseño periodístico en las actuales condiciones tecnológicas y semióticas. Los portales informativos y las primeras planas de los medios digitales no han llegado aún, ni de lejos, a la definición de la jerarquización informativa que expresan las portadas de los medios impresos, con unas limitaciones tipográficas y gráficas notorias, aumentadas por la posibilidad-necesidad del scroll. Todos ellos confluyentes en el estilo y los recursos, claramente regresivos respecto al progreso del periodismo gráfico alcanzado hasta ahora, no son el mejor vehículo para la continuación de la labor de enseñar a mirar.

Esta es la situación actual: ni la herencia de los grandes fotógrafos que nos han educado la mirada ni la actividad de los excelentes fotoperiodistas impiden que sea difícil hoy aprender a mirar gracias a la fotografía: vivimos en un mundo altamente “visualizado” en una sociedad que se dice “de la comunicación” que comunica poco en sentido crítico y aún menos con una visualidad que trascienda la ilustración pera hacer hablar a la realidad y hacernos hablar a su respecto.

La empresa periodística se ha puesto ella misma la cuerda al cuello, en un paso más de su descabellada deriva, y las nuevas realidades digitales no disponen de investigadores capaces de ejercer un avance significativo (¡esas omnipresentes plantillas de WordPress que homogeneizan casi todos los websites, horror!). Leopoldo Pomés se va y otros, afortunadamente, se quedan, esperemos que por muchos años. Pero la tarea de educar la mirada de una sociedad se escapa por el desagüe del fregadero.

Fotografía: Leopoldo Pomés y Karin Leiz.

Publicación original: Catalunya Plural.

Música, comunicación e internet: la alianza perfecta de la creatividad y la libertad

Este es el prólogo que he escrito para un libro que acaba de aparecer: Produce y distribuye tu música online. Guía práctica del creador musical digital. Está escrito por Aina Ramis y publicado por Ma Non Troppo – Redbook Ediciones (Barcelona 2019). Se trata de un manual práctico dedicado a los músicos, profesionales o aficionados, que deseen aprovechar todas las posibilidades de internet y las herramientas digitales relacionadas con la música para adquirir plena autonomía en sus tareas de creación, producción y distribución musical. Es una obra didáctica, que explica con claridad y hace asequibles todas las cuestiones técnicas que refiere, y además está muy bien escrito. La autora ha sido alumna mía en el Grado en Periodismo de la UAB y hoy día es una destacada periodista que ahora demuestra ser una buena divulgadora. Escribí este prólogo para mostrar las razones de la coherencia entre la Red y la música rock y su raíz común: el sueño de una nueva era de libertad y fraternidad.

Internet y la música rock pop son dos fenómenos culturales de la mayor magnitud que estaban destinados a confluir, interactuar y mezclarse. No solo porque entre ambos han acabado por dar forma a la cultura popular global de los siglos XX y XXI sino porque la Red y la música roquera responden a una misma mentalidad: el anhelo de una nueva era de la humanidad en el que las personas se unan por medio de la creación y el conocimiento por encima de las fronteras, las razas y los continentes.

El 25 de junio de 1967, un domingo de verano, la BBC, la radiotelevisión pública británica, protagonizó un importantísimo hito en la planetarización de la música mediante la comunicación: la emisión del programa Our World, la primera emisión televisiva vía satélite para todo el mundo, y en ella, el estreno de la canción “All you need is love”, de los Beatles, el grupo más famoso del orbe. Por primera vez una emisión radioeléctrica transmitía al mundo entero una única canción para todos, que era un mensaje de optimismo, esperanza y unidad, “todo lo que necesitas es amor”. La música pop rock, para aquel entonces, ya se había convertido en el nuevo gran medio mundial de comunicación por y para los jóvenes y la industria discográfica, a través sobre todo de la radio, había hecho de los rockeros, ídolos globales seguidos por millones de personas, desde Elvis Presley hasta los Rolling Stones y los Beatles.

El viejo sueño empezó a vislumbrarse como posible. Las grandes estrellas del rock emprendían giras de alcance mundial en las que el formato era cada vez más el de la reunión masiva de espectadores y la oferta de un espectáculo integral que abarcaba no solo la escena sino al público mismo. Los distintos públicos nacionales del pop fueron polarizándose en torno a tendencias globalizadas y las figuras musicales superaron en popularidad y adhesión masiva a las cinematográficas. Empezó a crearse un emporio mundial de la fama en el que coexistían músicos rock, artistas de nuevas formas culturales pop e incluso modelos, además de rostros hechos famosos por un nuevo modo de entretenimiento integral, todo ello y siempre con una banda sonora de fondo o de frente, el rock pop y su aspiración a devenir un lenguaje universal. Menudearon conciertos solidarios, como los dedicados a Bangla Desh por George Harrison o a África por Bob Geldof, en los que se ponía en pie la aspiración a una nueva era fraternal pacífica y solidaria. El primigenio “All you need is love” tuvo una continuación aún más explícita en este sentido en la interpretación coral del clip “We are the world”. El deseo de una new age ya no podía pensarse sin música y comunicación.

Lo que faltaba para que esa “planetarización de la conciencia”, según la afortunada frase de Dane Rudhyar, pudiera comenzar a materializarse no podía surgir de la misma comunicación de masas, a pesar de su difusión global. Era necesario algo distinto a un mero medio de comunicación o una suma de ellos: una plataforma integral e interactiva que permitiera difundir, compartir y hacer crecer el conocimiento.

La ciencia ficción fue el primer segmento de la cultura que tuvo una visión de esa posible plataforma, a partir del desarrollo de la cibernética, la electrónica y los viajes espaciales. Isaac Asimov fue uno de los primeros que comprendieron el poder de la telemática para compartir el conocimiento, pero ya en 1946 Murray Leinsterpensó una red de ordenadores (“lógicos”, les llamaba) que permitía el intercambio de información sin limitaciones y en 1954 Fredric Brown imaginó que todos los ordenadores de un planeta se interconectaban. Ni que decir tiene que la ciencia ficción y el futurismo crítico era el alimento literario de una gran mayoría de los soñadores de la nueva era, gracias a la relación con la cultura pop rock de autores como Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, conocida en el cine como Blade Runner) o Kurt Vonnegut, escritor pacifista y ácido crítico social, autor de Slaughterhouse 5.  Se suele asociar a los hippies con el culto a la naturaleza virgen (el flower power) pero se olvida que las visiones utópicas más sólidas de la contracultura norteamericana eran de hecho tecnoutopías, surgidas por la fascinación de la carrera espacial y la versión automatizada del sueño americano.

La materialización del sueño hippie no vino por la difusión del uso de la marihuana sino por una realización tecnocientífica y comunicacional. El nacimiento de Internet representa la puesta en práctica del propósito central de la nueva era contracultural: la planetarización de la conciencia por medio de la creación de una noosfera (esfera global de conocimiento) inducida por la interacción telemática.Internet fue el resultado de la labor de esos científicos visionarios que habían crecido con el rock progresivo que llamaba a vivir una nueva era, quienes, ya adultos, se pusieron a trabajar con la combinación de ciencia y humanismo y construyeron un nuevo artefacto comunicacional que iba mucho más allá de la comunicación: un medio para unir a la humanidad entera.

El avance de Internet corrió en paralelo con el de la digitalización, que en su aplicación a la música proporcionó nuevos medios no solo para la interpretación musical o la composición sino para la producción y difusión de las obras. La digitalización operó aquí de nuevo su transformación peculiar: transformó lo grande, pesado, costoso e inmóvil en pequeño, ligero, asequible y transportable: lo digital en música pasó a formar parte de lo que yo llamo “la vida móvil”, como sucedió con la radio a transistores, los reproductores musicales, la telefonía, los patinetes eléctricos o las nuevas formas de viaje y movilidad internacional. De un día para otro el propio hogar se ha convertido en estudio de producción y grabación, punto de distribución y antena de difusión de la música creada en cualquier lugar del planeta por un músico o un grupo.  La digitalización e Internet han arrebatado el monopolio del negocio musical a la gran industria monopolizante y han devuelto el genio de la creación y la repercusión de lo creado a las manos de los creadores.

Este libro trata precisamente de lo que representa esa magnífica devolución, en qué consiste, cómo funciona y cómo puede ser utilizada y aprovechada por los miles de personas que hacen música, de manera amateur o profesional, y necesitan beneficiarse de la gran alianza entre la creación musical e Internet. La Red y la digitalización rompen todas las barreras que limitan el desarrollo de la creatividad en la música, proporcionan al creador medios nuevos y eficaces para profundizar en sus realizaciones y para promover y difundir su labor. Todas las preguntas que a este respecto pueda hacerse cualquier persona interesada en la música tienen respuesta en esta obra, preguntas que, por cierto, pueden haber estado amargándole la vida a más de uno.

Produce y distribuye tu música online  y su autora, Aina Ramis, tienen la mayor virtud posible en el campo de lo práctico, que es hacer fácil lo difícil y asequible lo dificultoso. El lector de esta obra se dirá, una vez concluida su lectura, “¿cómo era posible que yo desconociera esto y no me hubiera podido beneficiar de ello?”. No solo porque hallará en ella medios, técnicas y estrategias para realizar los objetivos con los que siempre había soñado sino porque la autora está dotada con el regalo de los dioses que consiste en una escritura excelente y una mente afinada.Leyendo a Aina Ramis uno aprende, descubre y se siente llamado a actuar, y a hacerlo con eficiencia. Esta guía práctica del creador musical digital es su primer libro, pero este llega después de una larga práctica en la escritura divulgativa y didáctica: periodista en la prensa diaria y la radio, investigadora de la relación entre música rock y censura durante el franquismo, divulgadora de la cultura digital y la comunicación, estudiosa de la cultura rock contemporánea, y además, música, intérprete y compositora en grupos de rock, ella misma subiendo a escena como instrumentista.

La alianza perfecta de la creatividad y la libertad mediante la música, comunicación e Internet no es una bonita frase sino una posibilidad real en la práctica. La presente obra nos indica cómo ello es posible y Aina Ramis nos explica cómo llevarlo a cabo. Y la lectura de este libro nos hará un poco más libres, y quizás, más creativos.

A la memoria de Carlos Pérez de Rozas, periodista: todos los articulos publicados en su fallecimiento

La muerte del periodista Carlos Pérez de Rozas, el 10 de agosto de 2019, conmocionó a la profesión de Barcelona no sólo porque la causó un súbito ataque al corazón durante un viaje sino por la arrolladora personalidad de nuestro amigo, que no solamente era un magnífico profesional sino una persona que dejaba profunda huella en todos quienes le trataban, Creativo, energético, optimista y dotado de un enorme sentido del humor, era un agente sembrador de buen rollo y espíritu positivo que podría ser considerado un Atila al revés: por allí donde pisaba brotaba ufana la hierba fresca de la alegría, el buen humor y la felicidad.

Carlos, hijo y nieto de los famosos fotoperiodistas que llevaron su apellido y hermano de uno de los más competentes reporteros deportivos, Emilio, fue un periodista visual excelente, rediseñó La Vanguardia de la mano de Milton Glaser y creó, con Fermín Vilchez y la modesta ayuda de un servidor, el diseño fundacional y distintivo de El Periódico. Pero cuando se ponía a escribir bordaba igualmente la labor, así como cuando dirigía u organizaba cualquier tarea periodística. Los elogios que recibió su memoria al conocerse la noticia de su traspaso fueron tantos y tan intensos que alguien podía haber estado tentado de creer que nuestro amigo era un juerguista impenitente y un dicharachero frívolo, puesto que lo que todos recordaban era su alegre simpatía y su trato entusiasta con todo el mundo. Por eso me sentí obligado a recordarle en una tesitura más amarga: cuando fue la primera víctima del Jordi Pujol metido a empresario de prensa, cuando fue secretario de redacción y redactor jefe de la revista Destino. Lo escribí como post en mi muro de Facebook y luego salió como artículo en el blog Paios Catalans, publicación de referencia de la profesión periodística de Cataluña. Podéis leerlo en el siguiente enlace, en lengua catalana:

La dignitat de Carlos Pérez de Rozas, el primer repressaliat per Jordi Pujol

“La bondad y simpatía de Carlos Pérez de Rozas se sostenían en esta actitud de base conocida por todos: fidelidad al periodismo y a la verdad, dignidad de la profesión, dignidad personal, compromiso con la libertad y con los más débiles, claridad y transparencia de los comportamientos, respeto y excellencia profesional. En ningún momento quiso erigirse en bandera de nada, ni siquiera de la corriente de antipatía hacia Pujol que empezaba a extenderse en los ambientes periodísticos e intelectuales, no buscó la sombra de ningún partido ni personalidad política, no aprovechó el episodio para hacer carrera. Él era, simplemente, la víctima del cinismo, la torpeza y la mala voluntad de un grupo econòmico-político que quería imponerse a toda costa y que no se atrevía a ir de frente”.

Pensando en la alegría que era el eje central del carácter de Carlos Pérez de Rozas, me di cuenta de que ello no respondía solamente a una inclinación natural sino a una intención deliberada: “Queríamos ganar no sólo la libertad sino además hacer una revolución sentimental”, dijo Antonio Franco, su amigo del alma y director en El Periódico, durante el funeral. Y así, recordé la misma actitud en este sentido de otro compañero fallecido hace algunos años, Josep Maria Huertas Clavería, y pensé que Carlos y Huertas ya estarían juntos buscando noticias en el cielo, y así lo escribí directamente para Paios Catalans (en lengua catalana):

Quan Carlos Pérez de Rozas i Huertas Claveria es troben al cel i es pregunten “ets feliç?”

“Muy probablemente las publicaciones que hacemos no se venden y no tienen éxito por una razón muy sencilla: porque no interesan. Y no interesan porque las hacemos con el corazón encogido, el culo prieto y el alma muerta. Formamos parte de un ‘zeitgest’ que expresa como nunca el rasgo central de la cultura crítica europea y que es la razón de su frustración: lo que yo llamo “pesadumbrismo” a falta de palabra mejor. Como ha dicho Antonio Franco, nosotros habíamos querido resistir esta ola oscura mediante una revolución sentimental que expresaba una renuncia a las viejas maneras de vivir”.

Diecinueve artículos se han publicado en memoria de Carlos Pérez de Rozas. Una lectura de su totalidad da cuenta de la importancia del personaje y de su dimensión tanto humana como periodística. Josep Carles Rius, director de la Fundació Periodisme Plural publicó en el diario Catalunya Plural una recopilación de todos ellos:

La última gran clase de Carlos Pérez de Rozas

“Carlos hacía que el estado de ánimo de sus redacciones fuera de una intensa libertad creativa, que iba más allá de la dirección de arte. Tanto, que resultó insoportablemente incómodo a quienes querían una redacción silenciada y temerosa. Así, Carlos Pérez de Rozas, el genio que había revolucionado los dos grandes diarios de la ciudad, se vio corrigiendo, en una mesa apartada, el suplemento de Motor de La Vanguardia, como antesala de su adiós forzoso del diario.

Antonio Franco, su amigo del alma, habló en el funeral de las “cornadas” que había recibido un “hombre profundamente bueno” como Carlos. Porque, desde su bondad, no podía concebir que, en la vida y en la profesión que tanto amaba, también existía la maldad. Como ya la sufrió en su primer trabajo, en Destino, donde intentaba descifrar los manuscritos de Josep Pla“.

Carlos Pérez de Rozas fue un buen periodista, persona, esposo, padre, amigo y ciudadano. No se puede pedir más.

Volvamos a la Luna y más allá: una misión humanística y espiritual

Mi hija nació el año y el mes en que el hombre llegó a la Luna y caminó sobre ella, así que esa es una fecha muy importante para mí. No vi el alunizaje del “águila” en directo porque en casa no había televisión ni dinero para comprarla. Yo tenía entonces 19 años, me había casado el año anterior y trataba de abrirme camino como periodista. Mi mundo estaba lleno de descubrimientos, novedades, ilusiones y en transformación constante, aquel era el año del festival de Woodstock, del estado de excepción implantado por la dictadura en España, del fortalecimiento de Comisiones Obreras y el Partido Comunista, el descubrimiento de la contracultura y el convencimiento de que si la civilización podía llegar a la Luna también podía hacer que los buenos ganasen la guerra de Vietnam. Tenía, en aquel momento, desplegándose ante mí la realización posible de mi utopía personal y la de la humanidad. Ahora mismo, mientras redacto estas líneas, llevo puesta una gorra igual que la que llevaba la joven protagonista de la película Tomorrowland, con el emblema de la NASA, film que define mi manera de ver el mundo y mi personalidad.

Cincuenta años después de aquella epopeya, en este momento debería haber una base permanente y habitada en la Luna, dedicada a la investigación científica y el desarrollo tecnológico, a manera de las bases de la Antártida y preferiblemente de gestión internacional compartida. Debería existir un servicio regular de lanzaderas espaciales o mejor, un ascensor orbital para ir y venir de la Luna, tal como lo imaginaron Arthur C. Clarke y Stanley Kubrik como desideratum para el año 2000. Que no exista nada de esto en el día de hoy es una vergüenza para el género humano, para los científicos y para los dirigentes políticos que podrían tomar decisiones en favor de ello o presionar e influir para hacerlo posible. Los movimientos sociales progresistas han vuelto la espalda a la conquista del espacio, incluso a un objetivo tan modesto como el aprovechamiento científico de nuestro satélite, centrados como están –con toda justicia y pertinencia– en el propio planeta. Con toda la razón del mundo en este caso y con toda la estupidez en otro, el hombre ha dejado de mirar al cielo y anda dando traspiés con la vista fija en el pequeño pedazo de suelo que pisa, aun sin percibir la realidad profunda de uno y de otro. Un tiempo en que los hombres agachan la mirada, esa podría ser la definición de nuestro tiempo histórico actual.

Se dice que este estado de cosas se debe al descrédito de la idea de progreso. Maldito sea tal descrédito, pero un servidor cree que hay algo más, más profundo. Esa parálisis, abandono de la idea de progreso incluida, se debe a que hemos quedado prisioneros del miedo, un miedo que sería paralizante de no ser que se trata de una fuerza perversa que nos hace retroceder. Ese miedo ha sido inoculado en el cuerpo social a todos los niveles, y lo ha sido de modo deliberado en pro de un objetivo: revertir las conquistas sociales conseguidas entre los siglos XIX y XX especialmente las de la segunda mitad del siglo pasado. El verdadero test de la modernidad es averiguar cuánta democracia es capaz de resistir el capitalismo. La cultura progresista se ha entregado a ese miedo atada de pies y manos, como demuestra que la imaginación del futuro ha derivado hacia la sustitución de la utopía tecnocientífica y social por una serie de distopias, que son todo lo creativas que se quiera pero que para mí son signos inquietantes de involución. Las distopias literarias y audiovisuales de hoy gozan de mucho predicamento pero un servidor se alza furiosamente en su contra: porque no sólo no son liberadoras sino que ni siquiera sirven como denuncia. No hay denuncia en ellas sino expresión de la porción particular de miedo interiorizado por la cultura a la que pertenecen, y no son liberadoras porque no conducen a una acción lecesariamente optimista sino que hunden aún más en el desánimo a aquellos a quienes se deseaba desanimar en términos estratégicos. El trueque de la utopía futurista del espacio por la distopia presente  marca el cambio de época fundamental de la era transmoderna: el día que empezamos a caminar hacia atrás como los cangrejos, con gesto compungido, aflicción de ánimo y temor ante un porvenir que se cree un guatepeor después de un guatemala.

Necesitamos recuperar la utopía espacial de signo futurista, tenemos que devolver nuestra mirada al cielo, tanto mediante la astronomía, la astrofísica y la astronáutica como por la mitología creativa expresada por la astrología y otros constructos míticoliterarios que apuntan hacia cosmologías de un universo coherente con la existencia de la humanidad. Debemos combatir el negacionismo relativo a la crisis climática esgrimido por los enemigos de la ciencia y al mismo tiempo hacer ver a los progresistas que su reversión no tendrá lugar con menos tecnología sino con más, aunque de una naturaleza distinta. Hemos de soñar con unas galaxias lejanas que un día llegaremos a conocer, hemos de combinar la cultura científica con la humanística y recuperar un sentido del progreso que se base no en la dominación técnica sino en la realización del ser.

DOS NOTAS SOBRE LA NECESARIA INSPIRACIÓN ESPIRITUAL PARA LA UTOPÍA HUMANÍSTICA:

UNA. Buzz Aldrin llevó consigo en la cápsula espacial de la misión Apolo XI a la Luna la bandera masónica del Supremo Consejo del Grado 33º de la Jurisdicción Sur de Estados Unidos, a la que pertenecía en tanto que maestro masón del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, Grado 33ª. Con ella quiso simbolizar la idea de progreso, de fraternidad universal y de empeño colectivo por la realización de lo mejor del ser humano. La masonería, mediante uno de sus miembros y emblemas, estuvo presente en ese gran paso para la humanidad.

DOS. El mismo Aldrin tomó la Sagrada Comunión momentos antes de descender sobre el satélite. Había llevado consigo en la cápsula el sacramento bajo sus dos especies autorizado por su iglesia, la Iglesia Presbiteriana estadounidense en la que él era anciano. La aspiración humana a lo divino estuvo igualmente presente en la misión espacial, con Buzz Aldrin uniendo en su persona y cualidad de explorador de última frontera su condición de miembro de la fraternidad laica y la pertenencia eclesial (en 1994, tres astronautas católicos tomaron la Sagrada Comunión a bordo de la lanzadera espacial Endeavor).

La misión Apolo XI sigue indicando el camino de la recta orientación de la ciencia mediante la motivación espiritual y humanista. Algún día aprenderemos.

Ilustración: postal conmemorativa masónica en la que se declara la pertenencia de Buzz Aldrin a la masonería filosófica.

En la Doctoral Summer School de Comunicación de la UAB

El 3 de julio participo en la Doctoral Summer School de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Formaré parte de una de ls mesas de debate de eta escuela de verano para alumnos de doctorado en comunicación y periodismo, con Ramiro Noriega, Rector de la Universidad de las Artes (Ecuador) y Santiago Tejedor, Director del Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la UAB, sobre investigación e innovación educativa.

Estas son algunas de las reflexiones e interrogantes que pienso llevar al debate:

Se dice que la escuela forma personas para una sociedad que ya no existe. ¿Sucede lo mismo con la universidad? ¿Ante qué nos hallamos, ante ciertos aspectos de obsolescencia, ante el intento de dejar que la universidad implosione, con objeto de favorecer el primado del adiestramiento técnico y el estudio procedimental, o ante una lentitud y pesadez de la institución que ya no se compadece con la realidad en la que actúa?

Del mismo modo que predecir el pasado es fácil, también lo es cierta investigación que se hace en comunicación y ciencias sociales en general. Pero la velocidad de los cambios en comunicación reclaman una investigación que permita conocer elementos de futuro. ¿Cómo podría ser una investigación en comunicación verdaderamente prospectiva?

Con las crisis de las empresas informativas se han roto las tradiciones profesionales que se transmitían en el seno de las redacciones, sobre las que se edifican asuntos tan importantes como la deontología o la propia caracterización de la profesión periodística. Parece que esa calidad de baluarte de la profesión ha quedado relegada a las facultades de periodismo, y entonces, ¿cómo deberíamos actuar en este sentido, tanto en relación con los alumnos como con la profesión y la industria en general?

La ampliación del periodo de maduración de los jóvenes es un hecho. A la universidad se ingresa a los 18 años, pero esa edad hoy día no son los mismos 18 de hace 30 o 40 años. Podría decirse que hoy acceden a la universidad jóvenes mejor preparados intelectualmente pero sin la experiencia de vida autónoma que confiere madurez que en tiempos anteriores venia obligada por situaciones sociohistóricas. ¿Debe la universidad ser, además, un centro educativo en el sentido convencional? ¿Se ve obligado el profesor a asumir un rol de educador que en principio no estaba previsto?

La universidad se define por la docencia y la investigación. Con la situación actual de la cultura, la formación, el desarrollo de las artes, la educación convencional y la educación para la vida (si es que puede establecerse tal diferencia) ¿no se está reduciendo a la institución universitaria a un rol que corresponde a un estado de cosas ya pasado? Cuando todo se está moviendo y cambiando, ¿se justifica mantener esa definición? Si se avecina un tsunami civilizacional en el que la educación y el aprendizaje permanente van a ser imprescindibles para todos, ¿puede seguir siendo la universidad un reducto plácido centrado en una manera de ver el mundo que ya no se corresponde con la realidad? ¿No debería la universidad ser una línea de avanzada en creatividad, innovación, educación, promoción artística, cambio social y cambio de paradigma?

A punto para participar en la MILID Summer School de la UAB, para hablar sobre marca personal digital y construcción de la propia carrera en comunicación

A principios de julio próximo participo en la MILID Summer School de la Universidad Autónoma de Barcelona, que tendrá lugar en su Facultad de Ciencias de la Comunicación, organizada por el Gabinete de Comunicación y Educación, al que pertenezco. Se trata de una escuela de verano sobre alfabetización mediática y digital y diálogo intercultural (MILID, según las siglas en inglés de esta actividad promovida por la Unesco). En ella participarán alumnos de procedencia internacional, especialmente de Egipto, miembros de la Academia Árabe de Ciencias, Tecnología y Transporte Marítimo, una de las universidades más prestigiosas de ese país, para ampliar sus estudios en esta materia y hacer intercambios con jóvenes de otras nacionalidades y culturas.

Mi participación consistirá en dos seminarios (discussion session) que pretenden ofrecer información relevante y hacer reflexionar sobre los nuevos medios y la posición de los jóvenes en medio de ellos. La primera es “How to create a personal brand?” (Cómo crear tu marca personal) mediante la cual conoceremos una manera práctica de asumir un papel proactivo en las redes y el mundo digital y hacernos identificar y destacar en ellas. La segunda trata sobre la vocación, “Building a communication career” (Construir tu carrera en la comunicación) en la que propongo medios hábiles para identificar la propia vocación, distinguir las fortalezas y debilidades que presentamos ante los retos de la vida y aprovechar los elementos ventajosos. Se trata de sesiones en las que se habla claro, se reclama implicación personal y se sitúa siempre a los alumnos en sus circunstancias concretas. Tener que dar y conducir esas sesiones en inglés representa para mi un estímulo también muy interesante.

He participado en años anteriores en la MILID Summer School y ha sido siempre una experiencia muy agradable, interesante y a veces emocionante. He encontrado allí jóvenes excelentes, personas de gran calidad humana, en su práctica totalidad deseosos de conocer otras formas de ver las cosas, siendo ellos de mayoría musulmana pero también algunos cristianos coptos. Estando en la cafetería y en el campus nunca hemos dudado de conversar sobre nuestras respectivas fes, o ausencia de ella, y he de decir que nos hemos encontrado siempre en un acuerdo no sólo mutuamente respetuoso sino cálido y fraternal. Una joven copta se emocionó al ver que yo conocía a su patriarca, Su Santidad Tawadros, y otros jóvenes musulmanes se alegraron al saber que los cristianos también teníamos una práctica de oración cinco veces al día (el Oficio Divino). El papel de mentora y animadora que juega en la escuela la profesora Sally Tayie, brillante investigadora egipcia que forma parte de nuestro Gabinete de Comunicación y Educación con la que mantenemos una conversación interminable en torno a todas estas cuestiones que es para mí una verdadera fortuna.

En la foto, alumnos y alumnas de la MILID Summer School de un año anterior, al final de un taller de prácticas de televisión en el que realizamos un programa de debate en inglés, árabe y español.

Arab Academy for Science, Technology and Maritime Transport

UNESCO-UNAOC UNITWIN on Media and Information Literacy and Intercultural Dialogue

Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB

 

 

 

Ada Colau frente a la Gran Prueba y con un Maragall de trasfondo

Es difícil imaginar qué decisión puede acabar tomando Ada Colau ante la disyuntiva que tiene frente a sí, tratándose de una persona dotada de una aguda voluntad de poder. Véase que esa condición no debe entenderse en sentido negativo, sino que es necesario ser consciente de ello para darse cuenta de la singularidad del momento que vive. Y es también difícil a causa de la opacidad del personaje, otra característica singular porque, en contraste con la familiaridad de trato que exhibe ante sus votantes y el público en general, incluidas confidencias sobre su vida personal, ignoramos mucho sobre sus objetivos estratégicos últimos.

La construcción de la imagen de Ada Colau es un magnífico trabajo de comunicación política, del cual ignoramos las proporciones en que intervienen lo nativo, lo espontáneo, lo construido, lo autogenerado y lo aprendido. Tampoco aludimos negativamente a esa construcción sino todo lo contrario: Pujol y Pasqual Maragall eran dos bestias políticas que se hicieron a sí mismos y desarrollaron imágenes personales enormemente poderosas que marcaron terrenos muy distintos en lo político y lo electoral e incluso en las sensibilidades personales, justo en el lugar donde más escuece la piel.

Ada Colau, con la culminación de su proceso de autoconstrucción, al despertar la animadversión declarada de sus adversarios, demuestra que pertenece a esa división superior de la competición política, aquella en la que las personas son calibradas por la dimensión y furia de sus enemigos (del upper Diagonal pero también más allá). Obedezca el proceso de construcción de Ada Colau tal como lo conocemos a la audacia o al oportunismo –ambas cosas a la vez también son posibles—la alta tensión de su situación indica que la labor ha llegado a su culminación con éxito.

La decisión que tome tendrá consecuencias estratégicas respecto al futuro de Barcelona y de Catalunya, de modo que cuando se moje no será en una palangana sino en el mismísimo Rubicón, según se expresó Lluís Rabell. Ada Colau interesa y sorprende por muchas razones. Las que lo hacen menos son las consabidas: una joven mujer que procede de las capas modestas de la ciudad y consigue posicionar un liderazgo social en ataque político de éxito; una persona surgida de ciertos ambientes progresistas de un país cuya cultura media ha sido hecha a base de Fura dels Baus, Comediants, comic alternativo, ocupación del Princesa y relecturas situacionistas; una activista fogueada en la reivindicación social que aprende a hacerse con el manejo de las palancas de la política institucional.

Pero no es el activismo lo que define la imagen política de Colau, pues parece ser que ya se considera también activista a Quim Torra, actual presidente de la Generalitat, de modo que cada país y cultura produce sus activistas: Italia, Emma Bonnino y Sandro Pertini, y Catalunya, Lluís Maria Xiirinachs y Quim Torra. La actual alcaldesa de Barcelona es otra cosa: un político de nuevo cuño, de mente aguda y actitud singular, que se encuentra ante la maldición china que te augura que se cumplan tus deseos: a la voluntad de poder corresponde un reto estratégico de envergadura equivalente, como relatan desde la antigüedad clásica los Trabajos de Hércules.

En el dilema actual, Ada Colau se encuentra frente a frente -o lado a lado- con Manuel Valls, una primera figura de la política europea que ha sido obviado por el espíritu venenoso que circula por las venas de nuestro pueblo y nos hace tomar siempre las decisiones equivocadas en el momento más trascendente, tal como supo ver Gaziel. Aunque ambos se consideren lejanos entre sí por lo que respecta a cultura política y de la otra, son más semejantes de lo que parece: ninguno de los dos debe nada a nadie.

Colau y Valls aparecieron en la política catalana de manera imprevista, ambos se han hecho a sí mismos y ambos tienen la suficiente agilidad de cintura y de rabo para sacudirse las moscas; Valls se desmarca de su ticket electoral cuando se da cuenta de que el paracaídas era en realidad kryptonita; Colau exporta a Madrid a sus dos poderosos condottieros cuando comprende que la han aproximado a las fauces del lobo que la podía devorar si no se colocaba la capucha amarilla. Tanto da que uno se foguee en la elitista ENA francesa u otra en las hiperorinadas calles de Ciutat Vella, un outsider siempre lo será, él mismo sabe que no dejará de serlo ni que se transfigure en el Tabor, y su voluntad de poder irá pareja con su capacidad de supervivencia.

La decisión final de Ada Colau vendrá propiciada en gran manera por su determinación fundamental, que hace que su destino apunte a realizar sus particulares Trabajos de Hércules. Uno no se la imagina reducida al estado laical, es decir, como mera concejala en su consistorio. Tampoco, por ejemplo, como diputada en un Parlament convertido en un sarcófago –etimológicamente, “devorador de carne”— en el cual su personalidad se diluiría entre los pedazos del iceberg que causó el hundimiento del Titanic.

La raza a la que Colau pertenece tiene como divisa el dictum borgiano, “O César o nada”, y como cualidad, detectar las debilidades ajenas y convertirlas en fortalezas propias. Collboni ha dudado siempre de su propia madera de líder, Ada no está hecha para el papel de amigo del chico porque el chico es ella. Maragall sabe que su base electoral es de piedra pero que su persona, furia vengativa aparte, está cuarteada, Ada sabe que su descaro la hace odiosa pero invulnerable en un país de gatas maulas.

Parecería que la alcaldesa pudiera adoptar una solución ganadora por más que arriesgadísima, pero sabemos que ella no le hace ascos a ciertas retiradas aparentes y momentáneas, como se vio en la noche electoral. Quizás la respuesta esté en la siguiente pregunta: ¿se ve a sí misma como presidenta de la Generalitat de Catalunya cuando se produzca por fin el Gran Hundimiento? Resultaría entonces que el segundo Maragall sería ella y no el hermano.

Publicación original: Catalunya Plural.

Presento una comunicación sobre Twitter y periodismo al XXV Congreso Internacional de la Sociedad Española de Periodística

Presento una comunicación al congreso de la Sociedad Española de Periodística, que se celebra el 30 y 31 de mayo en Bilbao. Se titula “Comunicación y media literacy en la era de Twitter” y la he hecho con mi colega Santiago Tejedor, director del Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la UAB. Es una aproximación a los contenidos que los periodistas españoles difunden en Twitter y una aportación a la metodología de la investigación científica de las redes sociales de internet.

Aquí tenéis el libro de resúmenes de las comunicaciones del congreso, el nuestro está en la pág. 102.

Más adelante se publicará el libro con los contenidos completos, ya trataré de ponerlo a disposición de los lectores del blog.

El XXV Congreso Internacional de la Sociedad Española de Periodística se celebra bajo el título de “Oportunidades y riesgos del periodismo hiperconectado” y su comité académico está presidido por la doctora Ainara Larrondo.

Web del Congreso de la Sociedad Española de Periodística.

La SEP  reúne a cerca de 200 profesores universitarios de Periodismo y lleva más de medio siglo participando en el debate acerca del presente y del futuro del oficio periodístico. La Sociedad publica  Estudios de Periodística; la revista Textual & Visual Media, que se edita desde 2008; y una colección con el sello de la SEP, que ya tiene en la agenda el cuarto libro. Por otro lado, los Premios Lorenzo Gomis, otra de las actividades estrella de la SEP, quieren reconocer la calidad de las tesis doctorales que se defienden en nuestras universidades.

Este es el segundo congreso al cual presento una comunicación. El primero fue el XIV Congreso de Periodismo Digital de Huesca, en 2013, al cual presenté, junto con el doctor Tejedor y otros profesores de la UAB,  “El modelo de aprendizaje por indagación en la formación de ciberperiodistas (aprender viviendo y haciendo)”, por Santiago Tejedor,. Gabriel Jaraba, Santiago Giraldo, Mireia Sanz y Xavier Ortuño, basada en nuestra experiencia docente en ciberperiodismo en la UAB. Ver la ponencia enlazada al artículo de mi web, en la pág. 306.

 

Seminario Innovacom: cómo enseñar periodismo en la era digital

El próximo octubre participaré en el seminario Innovacom: retos de la enseñanza del periodismo en la era digital,  una iniciativa del Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su objetivo es describir, analizar y plantear líneas de actuación frente a los desafíos formativos que el nuevo escenario comunicativo demanda a los profesionales del periodismo. El encuentro –de un día de duración– se centra en describir, analizar y plantear líneas de actuación frente a los desafíos formativos que el nuevo escenario comunicativo demanda a los profesionales de la comunicación a partir de tres grandes ámbitos: docentes, alumnos y estrategias didácticas. Todo ello se resume en dos grandes interrogantes: ¿Cómo aprender y cómo enseñar periodismo en la actualidad? El seminario Innovacom se celebra el 17 de octubre de 2019 en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB.

A partir de dos grandes interrogantes ¿Cómo aprender y cómo enseñar periodismo en la actualidad? el programa del seminario se centra en tres grandes ámbitos: docentes, alumnos y estrategias didácticas. Asuntos que se sugieren: características y retos que deberían definir la formación de los futuros profesionales del periodismo en el marco de los estudios del Grado de Periodismo, a partir de un análisis de los principales habilidades, competencias, roles y perfiles profesionales, y otras características de la actual coyuntura socio-comunicativa; análisis del nuevo perfil de alumnado (especialmente, en el marco de los estudios de Periodismo y otros grados del ámbito de la Comunicación) con el objetivo de “radiografiar” sus particularidades, tipología de consumo de medios, ámbitos de interés, expectativas, etc.; reflexión sobre las posibles estrategias didácticas en el ámbito de la enseñanza del ciberperiodismo. Además, se presentarán buenas prácticas y experiencias de éxito que los participantes conozcan y, especialmente, que hayan aplicado en su desempeño como docentes.

Entre los expertos que participarán figuran Ramón Salaverría, profesor titular de Periodismo en la Universidad de Navarra y director del Center for Internet Studies and Digital LifeLidia Daza, doctora en Sociología por la Universidad de Barcelona, y Lluis Pastor, doctor en Periodismo por la Universidad Ramon Llull y presidente de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE) y de la Asociación de Proveedores de eLearning (APEL).

El seminario será recogido en un número especial de la revista Anàlisi, del Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la UAB y los participantes podrán participar enviando un texto a la publicación.

Fecha: Jueves 17 de octubre de 10:30 a 18:00h.

Lugar: Sala de Juntas de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB.

Más información: programa, estructura e inscripciones, en la web del Seminario Innovacom.

Fotografía: Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

 

Por unos medios de comunicación razonables

GABRIEL JARABA

No puede existir una verdadera democracia sin unos medios de comunicación razonables. En una Catalunya donde gustan las frases altisonantes a pesar de que se considera “un país petit” y que se remite a los grandes principios aunque sea proclive a los “faux pas” conviene reclamar de la sociedad, las instituciones y los dirigentes cosas prudentes, quizás modestas pero imprescindibles, sin las cuales no hay democracia digna de este nombre. No está en juego (sólo) la libertad de información, debemos defender la función entera de la prensa y los medios de comunicación: si fragmentamos la función global de la comunicación en la democracia acaba por no quedarnos ni la una ni la otra.

Unos medios de comunicación que sean razonables, eso es todo lo que podemos y quizás debemos reclamar. Fíjense que no exigimos que sean independientes, imparciales, objetivos, excelentes, sino razonables, simplemente razonables. No son poca cosa unos medios razonables y esa condición, expresada de este modo, no es una ambigüedad. Los ciudadanos que aspiramos a vivir en una democracia de calidad somos titulares del derecho democrático a la información, es decir, el derecho a enviar y recibir información libremente. Y para que los medios de comunicación puedan realizar esa función con plena competencia es necesario que antes de exhibir todas las cualidades que deben serles exigibles han de ser, por lo menos, razonables. Es decir, capaces de obrar de acuerdo a la razón, atendiendo a razones y razonando sus actuaciones. Pero sobre todo, sin hacer tonterías, trampas al solitario y trapacerías.

Razonable significa algo más que capaz de razonar, pues las palabras no sólo son significado en sí sino significante de por sí: si en el campo de la ley el uso acaba convirtiéndose en derecho, en el de la hermenéutica el empleo de los significantes en uno u otro sentido hace que signifiquen lo que decide el consenso general de quienes los usan en un tiempo determinado. Razonable suena a los oídos contemporáneos como algo que va más allá de la capacidad de razonar: algo razonable aparece como una cosa conveniente, deseable e incluso posible. Lo razonable es lo opuesto a la desmesura, a esa deformación de fragmentos de realidad que es tan fraudulenta como neurótica, y sobre todo manipuladora: el modo ostentoso y descarado de dar gato por liebre en la sociedad de las apariencias.

Hemos sido desposeídos de unos medios razonables desde que el “aznarato” se propuso acabar con la cultura de la transición (sí, queridos usuarios de la expresión “régimen del 78”, él se os adelantó) y se diría que ya no es posible devolver el genio a su lámpara o el dentífrico al interior del tubo. Y esa “desrazón” nos ha abocado a afrontar el actual cambio de era civilizacional desprovistos de herramientas adecuadas para, si no una deliberación masiva, sí por lo menos para un intercambio de razones razonable. El desrazonamiento comunicacional es un gran negocio tanto económico como político: le ha hecho ganar el poder a Trump y mantenerse en él; ha resucitado el conservadurismo británico y lo ha puesto al frente de una loca carrera hacia ninguna parte, y ha conferido a la presente hipertrofia independentista del nacionalismo catalán la fuerza de un “relato” poderoso que lo es porque mucha gente lo asume como propio (y eso es mucho más que mentir o adoctrinar, eso es el verdadero arte de la comunicación de masas por más fraudulento que ello pueda parecer). El genio no volverá a la botella pero quizá sí podríamos reclamarle ciertas maneras civilizadas cuando evoluciona entre humos subyugantes.

Una televisión pública convierte una frase propia de patio de colegio pronunciada con la i en un gesto por la libertad de expresión; una mafia policial crea una empresa para difundir y vender infundios y maledicencias, con el supuesto de que hay mercado para ello: entre estos dos extremos de sinrazón, la una inocua y la otra puro “risky business” nos estamos moviendo. Está claro que decir “prisis pilitiquis” como una pillería infantil que quiere pasar por gallardía desafiante es tanto una estupidez como llevar a algunos medios el espionaje político y policial a Pablo Iglesias. Destacamos estos extremos por lo llamativos y chocantes, pero no son tan importantes en sí como que representan el marco en el que nos estamos moviendo. Dada la situación, reclamar unos medios razonables a estas alturas puede ser revolucionario.

Publicación original: Catalunya Plural

Publicado también en el blog PAIOS, en lengua catalana

“Herramientas digitales para comunicadores”, un libro universitario para estar al día en comunicación digital (descarga gratis)

Acaba de aparecer el libro digital Herramientas digitales para comunicadores, bajo la dirección del profesor Santiago Tejedor y la coordinación de un equipo de docentes del Departamento de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la UAB, ha reunido 28 ensayos de docentes e investigadores de todo el mundo y ha elaborado un directorio de 60 herramientas agrupadas en cinco grandes categorías. El libro es de distribución gratuita (en PDF)  pues el interés de los editores es que todos los profesores, estudiantes e investigadores que lo deseen puedan disponer de una completísima obra que les ayude en tareas de  búsqueda, conceptualización, producción y distribución de contenidos en el ciberespacio.

Podéis descargar gratis Herramientas digitales para comunicadores (PDF) en el enlace que hay al pie de este post. El libro incluye un trabajo mío, Comunicación más allá de la tecnología: retos y tareas, que figura en la página 57.

La publicación se divide en dos grandes bloques. Por un lado, se han reunido un total de 28 ensayos elaborados por periodistas, profesores e investigadores de diferentes medios y univerisdades de Iberoamérica. Cada uno de ellos reflexiona sobre dos conceptos: tecnología y comunicación, con total libertad y desde perspectivas y enfoques tan diferentes como complementarios. La variedad de perfiles es extensa y a la vez actual, pues en un campo en el que se innova con tanta rapidez es frecuente que obras de este tipo queden obsoletas. La amplitud de temáticas y la diversidad de los aportes palian esa posibilidad.

En una segunda parte la obra presenta un total de 60 herramientas clasificadas en cinco grandes apartados: Buscar, Analizar, Escribir, Visualizar y, finalmente, Colaborar y Organizar. Este trabajo es el resultado de una minuciosa búsqueda y un detallado análisis a cargo de un grupo de estudiantes –de diferentes procedencias y perfiles– que durante meses han escudriñado la Red en busca de los recursos, las plataformas y los instrumentos que podrían integrar un hipótetico (y siempre inacabado) directorio para comunicadores digitales.

Herramientas digitales para comunicadores será útil también para quienes no se dedican profesionalmente a la comunicación ni a la academia pero son usuarios críticos de la red y desean estar al día en lo que sucede en su entorno, profundizar en sus conocimientos y renovar su mirada crítica.

Descargar el libro gratis en PDF:

herramientas_para_comunicadores_digitales

Fake news, manual de resistencia contra la política de la mentira

GABRIEL JARABA

La gente habla de las fake news con sorpresa y admiración; así como diciendo mira qué cosa, como si desde que el mundo es mundo el ser humano no se hubiera dedicado siempre a mentir y engañar. A las puertas de la segunda década del siglo XXI nos sorprendemos de que los medios difundan informaciones no fiables, madre de Dios, cuando, precisamente, las modernas ciencias de la comunicación nacen en el siglo XX para estudiar la manipulación de las masas por parte del totalitarismo mediante la seducción y el engaño.

Ahora se centran en estudiar cómo la tecnología complica más la cosa. La confluencia de comunicación y cibernética pasa hoy por la inteligencia artificial, que no sólo es un sistema hipercibernético para la gestión de las cosas in absentia humana, sino que está concebido para que un observador no pueda identificar la acción maquinal tras la apariencia de conducta humana.

Si seguimos la ley de hierro del pensamiento crítico, “piensa mal y acertarás”, nos daremos cuenta de que el objetivo de la inteligencia artificial no es tanto la gestión sin mediación humana, sino la simulación de una presencia y acción humana que permitan torcer la reacción de acuerdo con los intereses de quien la introduce. De modo que bajemos los humos: las fake news no son más que un leve aperitivo del plato fuerte que nos espera en el festín que los poderes preparan a costa de la libertad y con factura a cargo de los ciudadanos.

A menudo se presentan las fake news como un problema periodístico, informativo y comunicacional, cuando son un problema político. De hecho el concepto se traduce erróneamente: no se trata de “noticias falsas”, sino de pseudonotícias engañosas presentadas fraudulentamente con la intención de engañar y desinformar. Y esta intención no nace de entre el público receptor de la información, sino de los núcleos centrales del poder.

Es Donald Trump quien empieza a hacer circular la expresión fake news para aludir, de manera pervertida, a las informaciones desfavorables que sobre él publican los grandes medios estadounidenses, desde The New York Times hasta la CNN , y lo hace para desprestigiarlos o, como mínimo, esparcir dudas sobre su solvencia informativa. Fake News es, pues, un aspecto reciente de las estrategias de desinformación bastante practicadas durante el siglo XX en la comunicación de masas.

Autoomunicación de masas

Pero la comunicación del siglo XXI es más compleja que la del siglo XX. Lo que Manuel Castells ha teorizado como “autocomunicación de masas” -para aludir el papel proactivo de los ciudadanos en la generación y distribución de información mediante redes y medios digitales- es lo que ha conferido una fuerza inédita a las fake News promovidas desde el poder político.

Ocurre así un efecto perverso en la llamada “alquimia de las multitudes”, aludida por Francis Pisani y Dominique Piotet para designar la acumulación de saberes propiciado por la autocomunicación de masas: en lugar de fomentar la promoción del conocimiento, se deforma la realidad por parte de quienes deberían ejercer su derecho a emitir y recibir información verosímil.

Y es entonces cuando surgen diferentes entidades comprometidas con la información democrática, con la Unesco a la cabeza, que promueven campañas de concienciación sobre el riesgo de las fake news. Proponen la educación de la ciudadanía respecto a la identificación correcta de las fuentes y fiabilidad de las informaciones, la responsabilidad de no difundir noticias falsas, y el uso inteligente de la comunicación para defender el derecho democrático a la información y su profundización.

La Unesco lleva adelante una amplia e intensa actividad alrededor de otro nuevo concepto: alfabetización mediática y digital (MILID, en sus siglas en inglés). Las fake news son el centro de esta iniciativa, pero el problema es que la educación mediática sucede en el seno de la educación general, y ésta no sólo produce formación e instrucción, sino también analfabetismo funcional: personas que saben leer pero no entienden lo que leen.

Y ahora es cuando encontramos a la madre del cordero: no es en una capacidad perversamente oculta en las redes sociales o en la autocomunicación de masas donde se encuentra el caldo de cultivo para las fake news, sino en dos lugares muy concretos: la confluencia de la acción deliberada de poderes políticos, económicos y estratégicos para hurtar a la ciudadanía la información fiable a la que tienen derecho, y en las defectuosas políticas educativas de los gobiernos que no posibilitan el sustrato cognitivo necesario para el ejercicio de la ciudadanía democrática.

Carguen las culpas a otros

Educadores, activistas y profesionales de la comunicación inciden en el campo de acción de las fake news de abonar los perjuicios previamente causados por otros. Pero en Europa tenemos una manera curiosa de actuar: culpamos a las democracias de la UE de las desgracias de los refugiados que quieren acceder a ellas, en lugar de culpar a los gobiernos criminales que han convertido sus países en campos de batalla y cementerios; nos escandalizamos ante el ascenso de fuerzas populistas y fascistas como si su predominio fuera inevitable, en lugar de ensanchar unas democracias fuertes en las que vivir sea ilusionante. No ha sido necesario ningúna fake new para llegar a esta mentalidad regresiva que se cree progresista y es uno de los más poderosos lastres que impide progresar a un continente que es por ahora la más destacada isla de libertad.

No es necesario pedir a periodistas, comunicadores, educadores y medios cuentas de las fake news sino que hay que buscar su origen en el poder y el dinero. La tarea de educar al público se carga sobre comunicadores y educadores, pero no son ellos los responsables, simplemente aparecen para abonar los estragos causados por otros.

El estado español tiene un panorama comunicacional que se caracteriza por una prensa impresa que es de partido pero no se declara como tal. Lo es no sólo porque toma posiciones editoriales coincidentes con estrategias partidarias, sino porque son propiedad de los bancos que financian las campañas y deudas de los partidos. Medios y partidos deben, al mismo tiempo, su existencia a las entidades bancarias. Aquí empieza y termina el recorrido de cualquier discusión sobre credibilidad informativa en nuestra sociedad.

Elucubrar sobre insidias relacionadas con fake news en este panorama parece ingenuo pero en realidad es el intento de desviar la responsabilidad a los escenarios digitales de la autocomunicación de masas. Y esto ocurre porque la prensa de partido, cada vez menos interesante para el lector informado, encuentra competencia en unos medios digitales que, por más despropósitos que cometan, nunca podrán descapitalizar del todo a unos grupos mediáticos que en otro tiempo fueron grandes negocios en beneficio de delirantes estrategias audiovisual-financieras.

Algunos de estos digitales están llegando rápidamente a la irrelevancia por estar reproduciendo la misma fatídica alianza entre poder editorial, bancario y partidario, pero más descarada y con la desvergüenza de intentar recoger los nichos de público sembrados por otros medios, ahora en recesión. Trump sale a dar la cara en Twitter y moviliza a sus trolls par forzar a la realidad a parecerse a lo que dice, dejando que los bancos jueguen con las astronómicas deudas de los medios a los que desea doblar.

No es que nos hagan falta más y mejores educadores en comunicación, que los necesitamos; no es que los periodistas tengan que contribuir a la alfabetización mediática, que deben hacerlo; lo que se necesitan son editores de prensa dignos de este nombre, capaces de publicar información independiente. En un país donde la fake new más gorda la promovieron el propio presidente del gobierno y el ministro del interior un 11 de marzo de 2004.

Publicación original: Catalunya Plural

 

Por un liderazgo feminista de todos los movimientos sociales y de liberación

El feminismo tiene una ardua tarea por delante. Debe luchar por conseguir la igualdad entre géneros y terminar con todas las discriminaciones fruto de la desigualdad existente; debe trabajar por la transformación de la mentalidad machista secular que ha causado injusticias sin cuento; debe proteger a las víctimas de la violencia de género tanto de los agresores factuales como de las legislaciones que son favorables a estos, incluso con la anuencia de policías y jueces; debe reclamar la presencia femenina en todos los niveles de acción y de decisión; debe liberar la participación completa de las mujeres y su potencial en todos los ámbitos de la vida humana. Pero además de todo ello debe hacer algo no menos importante: el movimiento feminista tiene que ponerse al frente de todos los movimientos sociales, de transformación y de liberación y liderar con decisión e impacto toda acción tendente al cambio radical de la humanidad y su vida en el planeta. Tanto bajo una perspectiva reformista o revolucionaria, las mujeres deben marchar en cabeza, liderar y dirigir con inteligencia y fuerza las fuerzas de transformación o si no no existirá transformación alguna y de hecho no existirán ni siquiera reformas.

El liderazgo feminista de la transformación social y planetaria es necesario, imprescindible y urgente. Esa necesidad no la vislumbra solamente el sentido de la estrategia en los movimientos transformadores sino que la indica con toda claridad la virulencia con que la derecha está respondiendo al feminismo. Esa virulencia demuestra que éste ha ganado crédito como amenaza a las estructuras patriarcales que conforman nuestras sociedades y que esa amenaza ya no es vista como retórica o incluso táctica por los reaccionarios, con lo que podría ser combatida con “relatos” o neutralizada con movimientos políticos precisos, sino que el sobresalto general de las fuerzas ultrarregresivas, entre histérico y violento y no desprovisto de un tinte ridículamente anticuado, demuestra a las claras que se sienten confrontados por un enemigo al que deben temer.

Los hombres partidarios del cambio radical en la vida humana no solamente deben aceptar el liderazgo feminista sino que han de permitir que los modos, valores y actitudes feministas vayan tiñendo progresivamente los movimientos sociales de mayoría masculina. Deben además poner el liderazgo de los mismos en manos femeninas para conseguir que los movimientos de cambio se desprendan de una vez de algunos elementos que los mantienen sujetos en la inmovilidad, entre ellos la persistencia en abordar problemas del siglo XXI con ideologías del siglo XIX y modos de actuación del siglo XX. El futuro que el movimiento feminista indica no apunta al tiempo por venir sino a nuestro mismo presente: sólo el feminismo puede cortar el nudo gordiano que nos mantiene a todos en el inmovilismo actual.

No hay otro futuro para un mundo diferente y deseable que el que resulte de una transformación radical liderada por el feminismo. No hay nada de deseable en los modos anticuados y a veces regresivos del modo como se conducen los movimientos sociales todavía protagonizados por los hombres. El cambio profundo que debe producirse en la humanidad no se ha dado todavía entre los sectores masculinos pero está presente en la avanzada feminista. Hay que tener la humildad e inteligencia necesarias para que los hombres partidarios del cambio hagan esa cesión de liderazgo y se avengan a aprender de una nueva manera de hacer las cosas. Si no lo hacemos continuaremos empantanados en la situación actual, respecto a la cual reto a quien se a que identifique una brizna de muestras de avance.

Que las mujeres feministas lideren las fuerzas  de cambio puesto que ya lideran el único movimiento social transformador que está presente. Que los hombres no obstaculicen ese liderazgo y si es posible, que ayuden. Por un mundo diferente, por una sola humanidad, por una transformación realmente humanista y universalista, por el feminismo, la democracia y el socialismo.

POST SCRIPTUM. Tres días después de publicado este post veo que Josep Ramoneda escribe en El País un artículo con argumentos parecidos y una afirmación tan contundente como la mía: “La revolució feminista es configura com l’única alternativa per subvertir les formes de poder dominant. Potser l’última utopia”.

Imágenes: Clara Zetkin, Rosa Luxembourg, Marianne Williamson.

Este verano estoy en Funiversity, primer campus internacional de comunicación, educación y periodismo

El próximo julio, del 8 al 12, llevaremos a cabo en la Universidad Autónoma de Barcelona una experiencia innovadora: Funiversity, palabra que resulta de la unión de”fun” (divertido) y “university” y que alude al intento de avanzar hacia una enseñanza superior que implique más a alumnos y docentes en un aprendizaje estimulante, motivador y aprovechado de manera excelente. Desde que se creó la universidad en Bolonia en tiempos del medioevo el concepto de docencia universitaria no ha variado prácticamente, mientras que la cultura a la que pertenece el hecho universitario ha sufrido varias revoluciones. Cuando hablamos de innovar en educación hemos de incluir también a la universidad en ese empeño.

Funiversity es  el primer campus internacional que une la comunicación y el periodismo para aprender de manera divertida y reúne a alumnos, profesores e investigadores de todas partes del mundo. La propuesta esredefinir la educación, repensar la universidad, los exámenes, el aula, el rol del docente y del discente. El objetivo es convertir, durante una semana, un campus universitario en una experiencia divertida. Para esto, se ha creado un programa integrado por cuatro “espacios”: diálogos, senado, talleres y actividades especiales.

Tengo el privilegio de ser uno de los profesores que participarán en esta primera Funiversity, al lado de personajes de la talla de Salvador “Pocho” Ottobre, José Manuel Pérez Tornero, Santiago Giraldo, Ricardo Carniel, Sally Tayie, José María Perceval, José Ygoa, Cristina Pulido, Xavier Ortuño, Marta Portalés,  David Revelles, Jesús Martínez, David Rull, Laura Cervi, Emiliano Iglesia y Jordi Serrallonga, bajo la dirección de Santiago Tejedor y Lluís Pastor.

Trataré de aportar no sólo mi experiencia en competencias comunicacionales sino lo que pueda sobre mi capacidad de romper esquemas, proponer nuevos entornos de aprendizaje, pensar de modo diferente e introducir elementos distorsionadores de las rutinas y los hábitos. Y ello será para mí no sólo una oportunidad para enseñar y aprender a la vez sino para recargar pilas después de una experiencia de vida que ha resultado ser contundente y aleccionadora.

Lo que haremos:

Ver el programa de actividades: diálogos, debates, talleres, tormentas de ideas y safaris.

El motivo:

En España, uno de cada tres alumnos se aburre en la escuela y abandona los estudios.

Información completa e inscripciones:

Campus Funiversity

Para saber más sobre nuestra filosofía:

El libro Funiversity, los medios de comunicación cambian la universidad, por Lluís Pastor

 

 

Un breve paseo por el amor y la muerte

De vuelta a casa tras ocho días de hospital para una intervención de cáncer de colon, uno se da cuenta de que nada volverá a ser como antes. Por más cómoda que sea la vida que disfrutamos en este rincón del mundo no hay nada como situar a una persona ante la evidencia de la muerte no como posibilidad o como ejercicio filosófico sino en tanto que pasaje vital inevitable para que las cartas se pongan boca arriba y cada uno muestre cuál es su manera de caminar por esta vida. Tendré tiempo de escribir sobre esto, largo y a fondo, pero de momento me quedo con una sensación de profundidad, de haber llegado a un punto en el cual uno puede tocar lo que llamamos realidad de un modo esencial y rotundo.

No es el problema de morirse, que por cierto no es un problema, pues cada ser humano sin excepción lo hace de manera inevitable desde que el mundo es mundo; ni siquiera es el problema de vivir de manera adecuada y conveniente al tener en cuenta la impermanencia de todo lo existente, cosa que han enseñado de manera excelente los sabios de oriente y occidente. Me temo, incluso, que la cosa va más allá del sentido de la vida que cada cual pueda hallar o concederle, de sostener una motivación, estímulo o justificación para seguir avanzando por el sendero de los vivos. La revelación fehaciente de la propia mortalidad y todo lo que ello implica es mucho más, que no es poco, la asunción de la mismísima condición humana –como tan bellamente relata la película El hombre bicentenario— porque la muerte, valga la paradoja, es algo que va más allá de la vida; el vértigo que produce la mayor o menor inminencia de la desaparición física no es otro que el que suscita la posibilidad de enfrentar algo que resulta indescriptible a la mente convencional, inaceptable al comportamiento habitual, inasumible para la concepción del mundo establecida. Me temo que si a algunos de quienes se interesan por si hay “vida después de la muerte” se les garantizara tal posibilidad la consecuencia sería un pavor descomunal más terrorífico que la perspectiva de la desaparición total.

Gracias a la inevitabilidad de la muerte y al proceso de morir al ser humano le es regalada la posibilidad de tocar el infinito con la punta de los dedos. La muerte sitúa a todos los humanos en un estricto plano de igualdad, no admite negociación ni trueque; es total y rotunda. La muerte nos hace humanos porque nos hace finitos y hermanos: nos coloca en el lugar que nos corresponde.  Y nos sitúa al borde de un precipicio para obligarnos a mirar hacia el infinito, hacia un más allá que no es necesariamente la continuidad de la conciencia en un plano distinto de existencia sino las más de las veces un interrogante urgente relativo al sentido, la ética, el amor, el servicio y el provecho de la vida que nos es regalada sin merecerla.

Me detengo aquí porque en los próximos días, semanas y meses me toca escribir abundantemente sobre este asunto, pero también porque me contengo ante el riesgo de pisar terreno metafísico. Saben nuestros sabios de la antigüedad clásica, como lo saben los sabios budistas y cristianos, que la conciencia de la muerte es la mejor didáctica para una vida justa y buena. Si fuéramos verdaderamente conscientes de que la vida no nos pertenece, que no tenemos ningún poder sobre ella, que es un regalo inmerecido y que es más fugaz que un soplo seríamos capaces de vivir caminando por el filo de la navaja (me asombra, dicho sea de paso, la gran aceptación que aparentemente tiene el budismo en occidente, dado que sus santas enseñanzas se basan en la evidencia de la impermanencia y la muerte, y no me atrevo a asumir que la conciencia de esa evidencia haya hecho mella real en la mentalidad occidental, siquiera en la de los buscadores sinceros; es un hueso demasiado duro para la dentadura moderna y postmoderna).  Pero el asunto va más allá y alcanza, de una parte, al verdadero arte de vivir, a la posibilidad de llevar una vida justa y buena; de otra, al sentido de ese vivir, y aún más allá, a la posición de esa vida en un plano necesariamente trascendente, necesariamente porque paradójicamente, esa desaparición física que para los materialistas es prueba de ausencia –ausencia de conciencia, ausencia de trascendencia– es para un servidor, precisamente, indicador claro de apertura a algo que podemos llamar infinitud a falta de mejor nombre y que a mi entender su inaprehensibilidad es prueba de verosimilitud: si puedes nombrarla, no es ello, del mismo modo que si puedes concebirlo, no es Dios.

Este abordaje apofático es el mejor preventivo para las resbalosidades metafísicas y una armadura de humildad necesaria en semejante menester. Un breve paseo cerca del amor y la muerte, parafraseando a John Huston, me ha servido para arrancarme cualquier reparo al respecto. El hombre es libre porque debe morir; la muerte no es final sino inicio; el destino del hombre es la infinitud; el hombre está hecho para la libertad; la vida es el fruto directo y consecuente del infinito y rebosante amor de Dios (mala palabra para designar lo indesignable pero para la que no hay mejor sustituto). Y entonces hallas la evidencia íntima y sentida de ese amor e inmediatamente desaparece el miedo.

Mis mejores deseos para el Año Viejo

Como me gusta llevar la contraria, en lugar de escribir mis mejores deseos para el Año Nuevo los apunto aquí pensando en el Año Viejo. No es una broma sino que va en serio: pretendo llamar la atención respecto a un problema central en nuestra cultura crítica actual, que es el pesimismo crónico que conduce a lo que yo llamo pesadumbrismo. El pesadumbrismo ha teñido toda la cultura occidental y ha acabado por convertir el pensamiento crítico en pensamiento cínico a fuerza de poner el acento en lo que va mal –cosa muy necesaria– pero olvidando señalar lo que va bien, más necesario todavía porque es lo que nos indica que avanzamos.

El prestigio de la seriedad es incomprensible. Los cenizos han poblado la Tierra desde que el mundo es mundo y solamente cuando la modernidad alumbra un planeta en el que es posible vivir un tanto despreocupadamente aparecen los hermanos Marx, triunfa Woody Allen, los Beatles entran en el cine con Richard Lester y las alegres canciones y carreras de A hard day’s night. El saber popular ha tenido siempre la alegría por bandera y ahí está, en plena eclosión de la cultura pop, la película Yellow Submarine, donde los malos son claramente caracterizados como tenebrosos pesimistas de los que sólo nos puede salvar la colorida psicodelia y las canciones que nos dicen que todo lo que necesitamos es amor. Pero a inicios de los 80 asesinan a John Lennon y en la segunda década del siglo XXI crucifican a Woody Allen, y las cosas van volviendo a la normalidad: el malcarado Trump asalta la Casa Blanca y los parafascistas europeos se cuelan en las instituciones de gobierno.

Uno relee a los grandes filósofos del siglo XX y se siente tentado de tirarse por el balcón. Y en cambio comprueba que la tradición de la cultura popular de todos los tiempos permanece como un hilo rojo que emerge nuevamente en el cine, el arte popular por excelencia, y se expresa en forma de risas, persecuciones, guerras de tartas de nata, equívocos y pillerías, en el primer cine mudo. Servidor sostiene que antes de los Beatles y Elvis, la primera figura artística claramente pop es la de Charlie Chaplin, primer artista popular de masas famoso mediante las nuevas industrias culturales. Charlot es un vagabundo sin familia ni hogar, un buen tipo bienintencionado que siempre acaba pagando el pato pero a quien la desgracia no logra hacer mella en su buena voluntad. Mediante un gag cinematográfico, Charlie se encuentra encabezando una manifestación con una bandera roja sin pretenderlo, en un famoso filme se convierte en obrero industrial automatizado a la fuerza, recurre a comerse un zapato cual Carpanta avant la lettre, y en la vida real, Chaplin era un socialista y antifascista con la entrada prohibida en Estados Unidos por el maccarthismo. La vida y obra de Charlie Chaplin nos recuerda que las revoluciones se han hecho siempre con canciones, y que cuando la gente ha dejado de cantar para que los aparatos electrónicos lo hagan por ello, las revoluciones también han callado.

El pesimismo, por sí mismo, nunca ha cambiado nada, lo ha hecho la perspectiva de una vida mejor. Veamos diez cosas que han sido buenas en el año que dejamos atrás.

  1. Deshielo entre las dos Coreas y cese de las amenazas nucleares del régimen del norte. Hace sólo cuatro días parecía que volvíamos a la crisis nuclear de los peores tiempos del siglo XX gracias al aventurerismo de Kim Jong Il pero sus ensayos balísticos han terminado, aunque sea por la atrabiliaria diplomacia de Trump. Lo importante no es él sino darnos cuenta de que la guerra depende de la voluntad de los hombres y no de hados inevitables.
  2. Avances científicos en el estudio de las células. Los investigadores científicos consiguen estudiar el desarrollo de las células a través del tiempo, lo que, unido a otras tareas multidisciplinares, permitirá combatir mejor enfermedades genéticas y de otra índole.
  3. El feminismo se erige en movimiento social de vanguardia. La manifestación masiva del 8 de marzo visibilizó una verdadera alianza femenina intergeneracional que responde a un movimiento social de mayor alcance del supuesto. Muchos pensamos que este movimiento va más allá del feminismo convencional y se erige en una verdadera fuerza de cambio generalizada. Algunos nos sentimos tentados de pensar que es la única fuerza social transformadora realmente existente.
  4. Triunfo de la moción de censura que acaba con un gobierno corrupto. Por primera vez en la historia de la democracia española triunfa una moción de censura. Ello supone un vuelco que desaloja del gobierno un gobierno corrupto cuyo partido está carcomido por la financiación ilegal. Vuelve el pluralismo a la acción política pública y se desbloquean situaciones enquistadas e indeseables.
  5. Relaciones entre el Vaticano y la República Popular de China. Con una jugada maestra de la diplomacia vaticana, la iglesia católica ha iniciado la normalización de sus relaciones con China, lo que permitirá tanto salir de la clandestinidad a los católicos fieles a Roma en aquel país como reconocer la validez canónica de obispos y clérigos de la iglesia nacional china. En el momento en que Trump muestra su cara antipática a los dirigentes chinos y opta por el aislacionismo, Francisco tiende puentes desde Roma incluso hacia un mundo históricamente difícil respecto al catolicismo. El sueño de San Francisco Xavier y de Matteo Ricci comienza a hacerse realidad.
  6. Menos conflictos armados que nunca. 2018 ha sido, a pesar de toda su problemática, que no ha sido poca, ha sido el año con menos conflictos armados de entre estas épocas. De hecho, hoy día hay muchas menos guerras y guerritas que en los años 80 y 90, a excepción del foco histórico de cercano oriente y Mesopotamia. A pesar de todos los pesares, incluso la guerrilla más antigua del continente americano, las FARC colombianas, han depuesto las armas y se han presentado a las elecciones democráticas.
  7. Reacciones populares contra el Brexit. El estúpido referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, instigado por dirigentes irresponsables e igualmente estúpidos, abrió paso a una corriente latente de antieuropeísmo pero también a la reafirmación de la actitud contraria. Cada vez son más los británicos que desean permanecer en la UE y se hacen oir cada vez más fuerte, con una actitud que debería ser ejemplar para muchos continentales: libertad, democracia, paz y estado del bienestar quiere decir hoy, a pesar de todos los pesares, Unión Europea.
  8. Más lectura que nunca. Digan lo que digan las jeremiadas de quienes escriben mucho y piensan poco, nunca se había leído tanto como ahora. El analfabetismo ha desaparecido casi de todos los países desarrollados y la lectura es habitual a todos los niveles sociales en lugar de privilegio de unos pocos. Paradójicamente, las “pantallas” han contribuido a la potenciación del acto de leer, al romper la pasividad del telespectador aislado frente al receptor y proporcionando multiinformación e interacción. Y, se diga lo que se diga, los buenos libros se venden mucho, y los malos también, lo que, en estos términos, también es una buena noticia.
  9. La exploración del espacio continúa con éxito. El 1 de enero de 1969 una nave-sonda de la NASA sobrevolará el asteroide Ultima Thule, el cuerpo celeste más lejano alcanzado nunca por la tecnología humana, distante a 6.430 millones de kilómetros del Sol. Considero la conciencia de la exploración espacial, su necesidad y las perspectivas que abre como un claro indicador del progreso, no sólo científico sino humanístico: ahí esta la serie Star Trek como verdadera lección de democracia humanista para el futuro. Aunque los astronautas ya no son héroes infantiles ni la conquista del espacio un tema de conversación popular, el conocimiento de los seres humanos continúa apuntando hacia el infinito, como signo altamente esperanzador.
  10. La solidaridad y la buena voluntad se mantienen y aumentan. A pesar de los retrocesos en forma de ciertos procesos políticos en algunas naciones, el espíritu general de las personas que viven en condiciones materiales y espirituales mínimamente adecuada es de buena voluntad y solidaridad. Nunca como ahora la guerra y la violencia como forma de resolver los conflictos han estado tan desprestigiada, ningún país llama a la guerra contra otro. Las campañas de solidaridad triunfan, y van más allá de los humanos, alcanzando a los animales y al medio ambiente. Nunca faltan donantes para trasplantes y no hay injusticia que no salga a la luz. La gente es buena y se comporta como tal, y la buena voluntad mundial es un logro que hay que mantener a la vista y sostenerse en él para avanzar hacia la plena humanización.

Imagen: fotografía de la estrella más lejana tomada por el telescopio espacial Hubble.

 

Rosalía es Mick Jagger o el triunfo de lo evidente

Cuánto tiempo ha pasado desde que un fenómeno musical no se convertía en un fenómeno sociológico? ¿Desde los Backstreet Boys? ¿O desde Lady Gaga? ¿Puede aplicarse esa categoría a lo conseguido hace más de treinta años por Los Pecos o ahora mismo por Els Catarres? De hecho, “fenómeno sociológico” es una etiqueta estúpida –o un significante vacío, por decirlo a lo fino— que empleamos para designar algo que no entendemos, más allá incluso de la cultura popular. Dejaron de considerar “fenómeno sociológico” a los Beatles cuando la calidad en que se basaba su éxito ahorró cualquier otra explicación; hubieran llamado lo mismo a Charlie Chaplin cuando comenzó a popularizar un humor visual (aún no audio) de no ser porque la cultura pop global se encontraba en sus balbuceos en forma de cine cómico mudo (y a veces me pregunto si lo pop, precisamente, no empezó con él).

De hecho, “fenómeno sociológico” aplicado a un hecho cultural pop quiere decir que alguien triunfa por razones que no alcanzamos a comprender, por eso aquello está íntimamente vinculado con esto: el “fenómeno sociológico” comienza con el éxito, un éxito inesperado e inexplicado (aunque pueda explicarse perfectamente por mor de la calidad del artista o de su capacidad de coherencia con el estado de ánimo o zeitgeist de las masas. El “fenómeno sociológico” es un zeitgeist que no se es capaz de percibir).

Así que cuando llamamos “fenómeno sociológico” a algo es que no nos explicamos por qué diantres tiene tanto éxito, ya que no atisbamos los elementos que encierra para ser celebrado por tanta gente. Quizás entonces debiéramos reparar en que es en nosotros donde debemos buscar las razones de nuestra incomprensión y no en el objeto incomprendido. Porque tal perplejidad dice más de quien la experimenta que de lo que la produce.

No es muy buena, es buenísima

Sólo con escuchar unos momentos a Rosalía uno se da cuenta de que es buena. De hecho no es muy buena, es buenísima, excelente. Y para darse cuenta de ello basta con tener orejas y no dos pedazos de madera pegados a la cabeza con la sólida cola del prejuicio o de la mala voluntad. Porque  quien conozca un poco la industria de la música sabe que no es suficiente grabar con una multinacional como Sony para vender miles de discos, que un artista de su calibre no se fabrica en un laboratorio y que ser atractivo no es lo mismo que ser un montaje, pues esa cualidad no se compra en la farmacia ni te la adjudican terceros (setenta años después del éxito arrollador de Elvis Presley apena tener que recordar esto). Quienes se empeñan en creer cierto lo anterior son los que tienen una visión romántica, anticuada y falsa del artista, según la cual los grandes genios nunca llegan a ser conocidos y se consumen en el anonimato, con lo que quienes triunfan necesariamente tienen que ser impostores. “¿Ese Mozart? Hum, no debe de ser tan bueno cuando gusta a tanta gente”. No es problema de Rosalía ni de la comprensión de su arte y su valía, es problema de quien asiste al impacto de su presencia pensando “ese Mozart…”. El “fenómeno sociológico” son ellos, no la artista.

Estando de acuerdo con que el éxito de Rosalía no es el de la “Macarena” de Los del Río o el del “Opá, ví a hasé un corrá”, del Koala, podremos observar que la artista no es un producto fabricado pero tampoco un brote espontáneo. Se trata de una joven dotada de una voz consistente, bien timbrada y expresiva que se ha ido fogueando durante muchos años de estudio, primero en el Taller de Músics y luego en la Escola Superior de Música de Catalunya. No son estos lugares donde se pueda ir a sestear o hacer campana de clase sino dos centros formativos superiores altamente cualificados y exigentes, donde no sólo se trabaja la técnica sino el pensamiento. El Taller fue fundado por una de las mentes más claras  de la música en Catalunya, Luis Cabrera, cuyos argumentos sobre la cultura musical son imprescindibles en cualquier consideración sólida de este arte en nuestro país; la ESMUC es una universidad musical más que un conservatorio y lo más cercano a instituciones como la Berklee School of Music que en nuestro país se ha producido. Rosalía no ha surgido de un canturreo improvisado en los suburbios sino del mejor caldo de cultivo posible que se puede dar en la Catalunya ciudad.

Y eso requiere años de trabajo y estudio, paciencia, voluntad y disciplina, y mucha humildad para corregir errores y construir bases sólidas. Los buenos artistas surgen hoy de lugares como estos y no de la carencia y el hambre –con todos los respetos para tal origen–, la filiación de progenitores famosos o la mera fortuna favorecida por la publicidad: piensen en la breve duración o escasa solidez de las carreras musicales producidas por ciertos programas de televisión y compárenlas con otras dos artistas femeninas nacidas de entornos urbanos y formativos semejantes a los de Rosalía: Silvia Pérez Cruz y Andrea Motis, dos referentes de gran calidad en ese marco generacional, cultural y social.

Veamos la historia del blues para comprender

Se me ocurre un símil que puede ser útil para comprender el caso de nuestra cantante, ante las dudas respecto a la relación entre raíces, innovación, evolución, cambio cultural y modernidad. Lo podemos hallar en la historia de la música de los siglos XIX y XX y es el antecedente radical de lo que luego se ha dado en llamar rock. Es la referencia obligada cuando alguien se pregunte si lo que hace Rosalía es flamenco o no, cuando se trate de averiguar la “pureza” de su arte o de entender el sentido de su evolución. Este antecedente claro y significativo es la evolución del blues en Estados Unidos, de música folklórica espontánea e intuitiva surgida en los entornos de la esclavitud de los negros a marco de base y referencia para las músicas rítmicas ampliamente popularizadas en todas las capas de la población.

Lo que pasa con la música de Rosalía es lo que sucedió con el tránsito del blues rural al blues urbano: una música forzosamente étnica y local primero, localizada en la cuenca del Mississipi, que se trasladó años después a los entornos urbanos industriales de Chicago y Detroit. Fue música de esclavos analfabetos con gran sensibilidad musical, pasó a ser folklore por derecho propio, generó una lucrativa industria de discos y radiodifusión étnicas y se convirtió en la raíz, origen y base de las músicas rítmicas globales del siglo XX. Se puede seguir un hilo musical, cultural e histórico retrospectivo desde el grupo de rock de garaje de los 80, por el pop y rock de los 60, por John Coltrane y Louis Armstrong y llegar a los mismísimos pies de Blind Lemon Jefferson percibiendo la continuidad en términos de sensibilidad e historia. El creador del rock verdadero no fue Elvis Presley sino Sister Rosetta Tharpe; busquen vídeos suyos en You Tube, exactamente “Up above my head”,  escuchen cómo canta y toca, cómo viste, como se mueve, cómo se peina y tírense por el balcón.

Blues es Big Bill Broonzy y Sonny Terry pero también John Lee Hooker y Muddy Waters; la polémica sobre la pureza de ese cante quedó resuelta en aquel entorno geográfico, antropológico y artístico hace tres cuartos de siglo. Si escuchamos con atención lo que canta Rosalía hallaremos el flamenco como base pero otras derivaciones y expresiones que no lo desnaturalizan –como el blues urbano no lo hacía con el rural—sino que lo hacen evolucionar y adaptarse a nuevas sensibilidades. Cuando la “música negra” devino comercial en su propio entorno étnico surgieron sellos discográficos locales que comercializaron productos de blues rural “para negros” pero fue solamente cuando la industria discográfica de masas incorporó el blues o el post-blues –desde Chess o Stax records hasta Tamla Motown o Atlantic—que la ruptura de la etnicidad comercial permitió a aquella música “auténtica” crecer más allá de lo racial.

¿Alguien se imagina acusando de “apropiación cultural” a los miles de músicos de jazz que pueblan el planeta entero? ¿Hay alguien todavía tan ignorante que sea capaz de defender semejantes cosas con una evidencia histórica de tal calibre? Sobre todo cuando en el mismo flamenco se ha dado una evolución semejante hasta el punto de que nadie se atrevería a decir que Enrique Morente no forma parte de esa corriente artística. Digámoslo claro: ser acusado de “apropiación cultural” quiere decir salirse del redil que controla una elite dominante ideológicamente y a veces, económicamente. Sin esa evolución del blues al rock, sin ese entrecruzamiento incesante de influencias, la música hoy sería un yermo.

Un caso parecido: los Beatles

Hace unos 60 años pudimos observar un fenómeno parecido al de Rosalía en lo que concierne al éxito de un estilo en el que se integraban, bajo el paradigma del rock y el pop, músicas de orígenes muy diversos: los Beatles. Sus primeros éxitos de ventas fueron “Love me do” y “Please please me”, canciones de composición propia, pero encuadradas en un repertorio en el que interpretaban rhythm and blues hijo del blues urbano (“Rock and roll music” y “Roll over Beethoven”, Chuck Berry), rockabilly surgido del country más rítmico (“Matchbox”, Carl Perkins), soul y doo-woop (“Baby it’s you”, The Shirelles), rock negro y soul (“Long tall sally”, Little Richard), rock and roll primigenio de los 50 (“Words of love”, Buddy Holly), jazz melódico (“A taste of honey”, Bobby Scott), rock soul negro de la Tamla Motown (“Money”, Barrett Strong,“Please mr. Postman”, The Marvelettes), y tantos otros temas.

A manera de declaración de principios, en el momento en que estalló el gran éxito de los Beatles como estrellas globales del ultimísimo rock, su guitarra solista, George Harrison,  lucía una guitarra Gretsch modelo Gentleman Country, la que usaba el clásico artista del country and western Chet Atkins, que ya era mayor entonces; a eso se le llama hacer honor a unas raíces y no apropiarse indebidamente de la música campestre histórica americana. De modo que esa confluencia de influencias en torno a una música rítmica y lírica a la vez, que en su conjunto se realizaba en una síntesis superior que aparecía como algo muy nuevo era lo mismo que ahora parece sorprender a tantos. Rosalía hace hoy lo que dos o tres generaciones antes hicieron los Beatles.

Lo que sucede es que Rosalía no le debe nada a nadie ni se siente obligada a hacerse perdonar por nadie. No quisiera pecar de irrespetuoso, pero me parece notar que algunos artistas flamencos jóvenes, surgidos en la misma Catalunya, cargan aún a estas alturas con ciertos reparos en este sentido –lo que antes se llamaban “respetos humanos”—o deseos de hacerse aceptar por ciertas ortodoxias, lo que, visto con perspectiva, acaba por lastrar, o si se quiere, connotar con ciertos modos y sabores sus respectivos magníficos estilos.

En este sentido destaca la absoluta libertad que se percibe al escuchar a Rosalía,una mujer joven, urbana, educada y progresista que piensa y se comporta como una ciudadana catalana del siglo XXI y no como una candidata a heredera o continuadora de una tradición, honrosa por supuesto, pero cuyo lugar es otro. No me imagino a Mick Jagger o Keith Richards preocupados por tener como trasfondo sónico o expresivo a Howlin’ Wolf o al mismísimo Muddy Waters de quien obtuvieron su nombre artístico. Rosalía es Mick Jagger, para concluir con el asunto y entendernos de una vez.

Artistas y ciudadanos reales en un país real

Clarificada esta cuestión, dudo si adentrarme en el berenjenal de si lo que canta Rosalia Vila i Tobella es cultura catalana. No recurriré a símiles literarios porque en esos entornos se dispara con el calibre del obús Berta y la gentileza de su bramido, por lo que me limitaré a decir que si no lo es lo que hacía Gato Pérez –será útil revisar la película del cineasta nacionalista Ventura Pons sobre el artista—entonces no habría más que hablar… si no existieran obras como “Cants oblidats. El llegat dels cantadors gitanos catalans”, el proyecto ganador del premio de la Fundació Puig-Porret 2014, protagonizado por Joan Clota y Montse Cortés, que se concede durante el Mercat de Música Viva de Vic.

Hace exactamente 50 años que una artista tan connotada en los últimos años como Núria Feliu fue acusada ya de traidora cuando grabó sus primeros discos en castellano con la firma Hispavox, después de haber ganado en 1967 el Gran Premi del Disc Català: “Venuda!”, le gritaban por la calle, y yo oí tal improperio con estas orejas que se ha de comer la tierra. La polémica monolingüismo-bilingüismo tiñó durante todo su recorrido los años dorados de la nova cançó catalana, y la perspectiva histórica nos muestra ahora que el asunto no era el idioma sino la posición partidista: el máximo defensor del uso exclusivo del catalán en la canción, Raimon, resulta ser repudiado ahora por quienes han tenido a bien clarificar de una vez por todas las pretensiones lingüísticas y culturales que han acabado siendo, finalmente, otra cosa. No es cuestión de idioma, cultura, autenticidad o valía, lo que aquí se plantea es salirse o no del redil y rehusar el control de alguien a quien la música, el arte y la cultura le importan un pimiento.

En realidad, el fenómeno sociológico es que la gente de un país europeo occidental, en plena segunda década del siglo XXI, se sorprenda de que una mujer joven natural de una zona urbana postindustrial, nacida y criada en una nueva democracia y en el corazón de la Unión Europea, se comporte como tal. Por eso hemos conseguido y propuesto un sistema de educación pública, otro de sanidad universal y un entorno cívico de acceso a la cultura nada desdeñable a nivel municipal, comarcal, provincial y nacional, por eso las generaciones anteriores lucharon, presionaron y aspiraron a tener un país normal poblado por personas normales, donde nuestras hijas más jóvenes, nuestras Rosalías, puedan estudiar música o medicina, economía o física, peluquería o gastronomía, y vivir una vida en libertad, bienestar y cultura.

Y una sociedad capaz de hacer posible todo eso, en la Europa de las libertades a la que aspiran a acceder miles de desheredados de la Tierra, es necesariamente una sociedad compleja, en el sentido dado al término por el sociólogo Edgar Morin,sociedad de matices, de relaciones causa efecto difíciles de percibir, de modos de convivencia y relación entre ciudadanos diferentes, en las que la homogeneidad cultural, y no digamos étnica, se diluye o por lo menos adopta formas permeables.

En las sociedades complejas y evolucionadas no existen barreras insalvables ni fronteras delimitadas entre las culturas, y si las hay o si se tiende a que las haya, algo va mal. El interrogante de porqué Rosalía es como es y canta como canta significa nada menos que quien lo plantea no ha entendido el país en el que vive,el país actual y no el de hace ochenta años. El éxito de Rosalía es el triunfo de lo evidente, como el de Silvia Pérez Cruz o Andrea Motis, como lo ha sido el de Raimon, Maria del Mar Bonet, Joan Manuel Serrat, Mayte Martín, Francesc Pi de la Serra, Miguel Poveda, Quimi Portet, Sergio Dalma, Sisa, Xesco Boix, Llorenç Santamaria o Emili Vendrell. El éxito de artistas reales, innovadores, evolucionados, que nunca se produce solo sino siempre de la mano de su público, los ciudadanos reales de un país real en un tiempo actual. Sonroja tener que escribirlo.

Publicación original: Catalunya Plural

Rosa María Mateo, un puñetazo contra el inmovilismo suicida de la televisión

El día que Rosa María Mateo, administradora única provisional de RTVE dio un puñetazo verbal sobre la mesa en su comparecencia ante la comisión de control del ente público (verbal pero puñetazo al fin y al cabo) todos los profesionales que hemos trabajado en la televisión nos sentimos, perdonen por la expresión, vengados. La periodista Mateo vino a decir lo que dijo una vez el presidente de la primera república, Estanislao Figueres, “estoy hasta los cojones de todos nosotros” pero con mejores modos y en segunda persona del plural. Y al decirlo resumió con claridad meridiana el principio y el fin de todas las políticas públicas de comunicación relativas a la televisión y la radio que son capaces de concebir los políticos de las Españas, y digamos de paso, de las Catalunyas.

Mateo describió el punto en que confluyen esas políticas en un momento de su intervención que recoge un vídeo muy difundido, y que reproduzco aquí:

“Yo vengo aquí a decir la verdad, y cuando digo la verdad, es la verdad. Y cuando digo que soy independiente, soy independiente y nadie me ha de dar órdenes. Nadie, porque no se lo consiento. Yo creo que a todos ustedes, y ya me perdonarán, les importa muy poco la televisión pública, sólo les importa cuando la pueden controlar. Y eso es intolerable, esto ha pasado desde que yo entré el año 66, con el dictador aún vivo y entonces lo que había era censura. Y después ha habido manipulación. Los trabajadores de TVE estamos un poco cansados de todos los políticos. Ustedes me han dicho, señores del Partido Popular, que yo he entrado en esta cámara por un golpe de dedo. He de decirles que el golpe de dedo fue el señor Sánchez al que sólo han votado ustedes. No me ha llamado por teléfono Podemos, no soy podemita, no soy socialista, no soy nada, soy una ciudadana que tiene unas creencias determinadas, y sobre todo una ciudadana que cree en la libertad de los seres humanos”.

No me dirán que no se quedó descansada.

El derecho democrático a la información está en juego

La batalla por unos medios de comunicación públicos que sirvan al interés de los ciudadanos y su derecho democrático a recibir y emitir información veraz y fiable no puede ser un rifirrafe más en comisión parlamentaria. A estas alturas, la necesidad de ese servicio es, no ya evidente, sino escandalosamente urgente en un país en el que la prensa se ha convertido en su totalidad en prensa de partido, como en el siglo XIX y los inicios del XX, aunque con la particularidad de no declararse como tal, para mayor escarnio público. Por eso es imperativo que los medios públicos cumplan con su obligación fundacional y constitucional de ser garantes de los derechos cívicos relativos a la información. Mateo es consciente de tales necesidades y obligaciones y se pone al frente de la tarea en tanto que, oh rareza, profesional de TVE nombrada para ello.

Obsesionados con el control político de la radiotelevisión pública, los políticos, todos ellos sin excepción, han perdido de vista no sólo la complejidad de su situación sino la gravedad del caso. Confían tanto en el enorme poder de la estructura y audiencia de RTVE que la creen a salvo del extraordinario tsunami comunicacional que estamos viviendo sin casi darnos cuenta. Porque no nos encontramos ante una crisis de la prensa impresa o la dificultad de afrontar las fake news o pseudonoticias engañosas. Nos hallamos ante el inicio del trastocamiento completo de la comunicación en todo el mundo y de la mutación completa de la estructura informativa global y sus relaciones con la sociedad, en la medida que es la propia democracia la que se va a conmover hasta sus cimientos.

Los destinatarios del rapapolvo de Rosa María Mateo están mentalmente en los años 80 y 90, a excepción de que las licencias para las cadenas privadas ya han sido repartidas, con lo que todo el pescado está vendido y sólo queda amarrar al pez gordo del sector público. Tanto se ha retrocedido en este sentido que incluso nos hemos acostumbrado a creer que la televisión privada está exenta de obligaciones públicas, cuando existe una diferencia harto sensible entre las condiciones en que las televisiones privadas desarrollan su negocio y aquellas en las que lo llevan a cabo los periódicos editados por particulares.

Esa diferencia es muy concreta y singular: los diarios privados son impresos en papel adquirido por las empresas y distribuidos por medios que ellas pagan; las radios y televisiones privadas emiten, en cambio, gracias a la utilización del espacio radioeléctrico, que es un bien público, en absoluto privado y no privatizable, sino usado bajo concesión; sus ondas salen al aire después de que las empresas han obtenido la licencia del Estado para utilizar el espacio radioeléctrico público, es decir que consiguen ganancias que van a bolsillos privados por emplear un bien público que es de todos, un espacio que debe ser necesariamente administrado y regulado mediante normas de interés público y su cumplimiento legal. Y esto conlleva obligaciones referentes al derecho público a la información. Busquen ustedes signos de preocupación al respecto en los organismos parlamentarios por lo que hacen la COPE o La Sexta y átenme ustedes esa mosca por el rabo.

Sin embargo, he aquí que la gestión de la televisión por parte de los últimos gobiernos de España, tanto de derecha como de izquierda, ha conducido a un duopolio de facto en el sector privado ante lo cual no hay voz pública que rechiste, y ha mantenido a la radiotelevisión pública constreñida a un modelo de gestión estatalista y dirigista. Ese modelo es tan regresivo que ni siquiera ha evolucionado –por decirlo de algún modo— hacia el modelo italiano de los 80, la “lottizacione” o reparto de la programación de emisoras y canales entre las diferentes fuerzas parlamentarias. A observar que ese es el último estadio del recorrido de la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió, a la que se traslada automáticamente el estado de la relación de fuerzas entre las formaciones independentistas gobernantes (en la Cataluña de los 90 se consideraba que la “lottizacione” era el medio más eficaz para taponar cualquier vía de salida para la ventilación pluralista de la RTV pública, y ahora todos lo aceptan como un sino ineluctable más).

El dinosaurio no siempre estará allí

Lo que está en juego respecto a la televisión en España no es ya dirimir el modo de controlar la televisión pública y de seguir el recorrido de la televisión privada para que no se produzcan trapacerías financieras; no es un problema de cuotas de influencia de partidos y su reflejo en el consejo de administración y la comisión de control parlamentario, por parte pública, ni del número y alcance de las licencias de las cadenas privadas y la composición de su propiedad. El asunto es algo que no se huelen ni políticos ni comentaristas de la actualidad política, y es lo que trato de explicar a continuación, que está motivado por la naturaleza del presente tsunami comunicacional que va mucho más allá de cualquier crisis de medios y que afecta la civilización entera.

¿Y si un día, al despertar, el dinosaurio ya no estuviera allí? ¿Y si hubiera desaparecido esa televisión hasta el momento omnipresente, omniabarcante y poco menos que omnipotente? Se cuestiona el futuro de la prensa impresa, se teme por la posible desaparición de los periódicos, se especula sobre las sorprendentes formas que puede adoptar la información en internet y sin embargo no se contempla que la televisión pueda sufrir una mutación de una envergadura no menor. En cambio,  muchos sospechamos que la televisión generalista que hemos conocido hasta ahora se verá abocada, más pronto que tarde, a unas transformaciones tan profundas que podrían someterla a riesgos semejantes a los que afronta ahora la prensa diaria.

Lo ha dicho Richard Sambrook, profesor de Periodismo de la Universidad de Cardiff (País de Gales: “Existe el riesgo de que el periodismo televisivo sufra el mismo declive que la prensa escrita”. Es todo un modelo comunicacional coherente el que está hoy en cuestión y no sólo una parte de él; no es que la red amenace ahora a la prensa como antes pareció hacerlo la televisión; es que existe una transformación profunda de hábitos, preferencias y modos de relacionarse con la comunicación que alcanza también a la televisión generalista. El actual auge de las series de ficción no sólo ha suplantado a las superproducciones de Hollywood a causa del inmovilismo del sector de la gran cinematografía sino que es el heraldo de un nuevo tipo de audiovisual cuya naturaleza desconocemos pero en el cual va a ser muy difícil que sobreviva la televisión informativa a la que estamos habituados y en la que se centran las tensiones a cara de perro en las comisiones de control parlamentario. En los años 80 parecía que el futuro de una tele en libertad pasaba por la creación de cadenas informativas especializadas como la CNN; hoy día esta forma parte del gigante comunicacional Time Warner-AOL y Euronews es un espectro irrelevante. El pastel que se disputan los sabuesos puede convertirse en un triste lacasito a poco que nos descuidemos, desplazado el objeto de atención de las pantallas hacia otros parámetros.

Rosa María Mateo se enfrenta en realidad a algo muy gordo: alejar RTVE de la obsolescencia. Ese va a ser su principal cometido, y con ella, el del nuevo Consejo de Administración del ente que surja del resultado del concurso que se está llevando a cabo al efecto. El mismo concurso es ya un esperanzador signo de renovación, pues reclama a una parte de los participantes no sólo experiencia profesional en la comunicación sino un plan concreto y detallado de su propuesta estratégica para la renovación y evolución de RTVE. El problema no es el control de las fuerzas políticas parlamentarias, la cuestión es salvar la televisión pública de la irrelevancia en medio de la alianza entre los públicos que reclaman formas de entretenimiento coherentes con la autocomunicación de masas y su consiguiente narcisismo y las empresas privadas que usan bienes públicos para amasar pan para hoy y hambre para mañana. Porque esta televisión que vemos hoy no existirá dentro de diez años.

Publicación original: Catalunya Plural

Entrevista en inglés sobre youtubers, jóvenes y comunicación

He conseguido recuperar el vídeo de la entrevista que me hicieron el 8 de febrero de 2016 en El Punt Avui TV, cadena de televisión que emite en catalán y vinculada al diario del mismo nombre. La entrevista, sin embargo, se realizó en inglés al ser emitida en el programa Going Native, un programa producido en esa lengua que presenta el británico Neil Stokes.

La entrevista salió dentro de la campaña de promoción de mi libro YouTuber, pero fue mucho más que un clip sobre la obra. Neil me dio la oportunidad de hablar sobre comunicación, jóvenes, la construcción de la identidad de los adolescentes mediante la comunicación, el concepto de lo sociotécnico y las actitudes correctas de los padres preocupados por el uso de la autocomunicación de masas que hacen sus hijos.

Os invito a recuperarla también y echarle un vistazo, con el ruego de que seáis benevolentes conmigo ya que nunca he puesto los pies en una clase de lengua inglesa ni de ninguna otra (y hablo seis).

Gabriel Jaraba in Going Native, with Neil Stokes, 30′.

 

La falsa polémica de los másters y las tesis: cuando los periodistas renuncian a posicionar la agenda informativa

Lo que marca el paso en la actualidad, su seguimiento y la construcción de los diversos relatos comunicacionales y sociopolíticos es lo que yo llamo el Madrid institucional y periodístico, o más brevemente, “la milla de oro madrileña”, un pequeño espacio geográfico y mental donde se forja todo lo que acaba siendo relevante para un país de más de 46 millones y medio de ciudadanos. Es un espacio muy reducido pero decisivo, y tan sólo abarca los partidos políticos de la capital, algunas instituciones de gobierno y de representación, un club de fútbol, ​​los medios que se publican o emiten desde Madrid, determinados círculos alrededor de ciertas comidas y cenas y una parte de las empresas del Ibex 35 y los ejecutores de sus intereses. Los catalanes que hablan de Cataluña como “un país pequeño” deberían ver cómo es posible crear un país aún más pequeño en un abrigo que físicamente no llegaría a ser un barrio de la capital de España. En esta milla de oro se decide y se determina nada menos que el relato informativo que deberá terminar siendo hegemónico y que, en el sentido gramsciano del concepto, decantará las hegemonías políticas.

Se suele diferenciar entre opinión pública y opinión publicada, pero hay también actualidad publicada y actualidad acontecida. Aquella va mucho más allá de las fake news o falsas noticias con voluntad de desinformar; es toda una avalancha tendenciosa que desvía la mirada pública de lo que ocurre en la realidad empírica para construir un escenario limitado y centrado en un determinado campo de batalla en el que se quiere situar la polémica política. La capacidad de delimitar este campo de batalla en torno al debate público decide las oportunidades de construir relatos políticos con voluntad hegemónica, y en la medida que esto se consiga con respecto a un determinado objeto o abordaje de una cuestión se decide, en tiempo real y sobre el terreno, la tendencia del debate político general y el apoyo o ausencia del mismo a una mayoría o minoría parlamentaria. Se dice que sólo existe lo que sale en la televisión pero en realidad en España sólo existe lo que decide la milla de oro madrileña,

La derecha ha aprendido a combatir el populismo indignado

El actual ir y venir en torno a la validez de másters universitarios y doctorados que ha acabado ocupando el (pseudo) debate político es el ejemplo más depurado de la tendencia que se ha acabado imponiendo. Esta polémica de corto alcance y nulo valor político ha sustituido el debate real entre gobierno y oposición, entre las izquierdas gobernantes y sus soportes y las minorías derechistas que pretenden enterrar y desprestigiar su legitimidad conferida por haber ganado una moción de censura. Desorientado políticamente el PP y neutralizado por inanición política Ciudadanos, el intelectual orgánico en que se ha convertido el periodismo hegemónico en la milla de oro madrileña ha conseguido situar un falso debate político en el lugar que debería ocupar uno verdadero. La jugada ha sido magistral y las fuerzas progresistas han caído de cuatro patas en la trampa.

Gobernante la izquierda socialdemócrata con el apoyo puntual de izquierdas alternativas y nacionalistas periféricas, han visto cómo les estiraban la alfombra de debajo de los pies y se les vertía en una discusión de corto vuelo que parece hacer referencia a cuestiones muy apreciadas por el izquierda y el sentido moral del “pueblo llano”: la honradez, el respeto a la meritocracia y la indignación ante la injusticia. El espíritu del 15-M como indignación moral de base elevada, norma suprema, se gira contra las izquierdas: primero, si el líder de la izquierda alternativa tiene derecho a vivir en un chalet bastante cómodo que tiene que pagar con sus dinero ganado trabajando; después, si el líder socialdemócrata y presidente del gobierno ha ganado su doctorado de manera honrada y legítima. La indignación sin teoría y práctica reformista o revolucionaria, precisamente: el uso de la mentalidad indignada en beneficio del populismo de derechas. Y el precio real y tangible se paga en forma de dimisión de ministros.

El estallido de esta absurda batalla cogió a la derecha desprevenida y chocada con la dimisión de Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, pero cuando le ha tocado Pablo Casado, el líder elegido al PP para destruir al gobierno del PSOE ganado por la moción de censura, la formación derechista ha sabido empantanar la batalla gracias a su experiencia en el “y tú más” y el cultivo del populismo: han conseguido la cabeza de la ministra de Sanidad gracias a una capacidad de reacción bastante notable.

Y visto el éxito del contraataque, esta manera de hacer política sin política ha conseguido situar la mirada de la sospecha en la misma persona del primer ministro socialista. Aunque la tesis doctoral de Pedro Sánchez esté limpia como una patena, el “difama, que algo queda” consigue su efecto, por lo que este (pseudo) debate sobre la moral de los servidores públicos ha quedado del todo quemado, y costará resituar nuevamente la polémica en los justos términos políticos que le corresponden. La dinámica infernal de la indignación populista ya está en marcha y costará mucho detenerla. Y la responsabilidad de los medios de comunicación en contribuir a la pseudopolítica y no saber imponer una agenda informativa que responda al interés de la mayoría de ciudadanos quedará grabada en piedra.

La milla de oro madrileña y la competencia entre medios

En la milla de oro madrileña se disputa no sólo la construcción del relato político e informativo hegemónico sino que se juega el resultado de la competencia, comercial y política, entre medios. Todos ellos, sin excepción, participan en esta liga y lo hacen en un espacio que no deja nada de margen. Y ningún poder político o económico les ha arrastrado a este tipo de batallas, ellos mismos han ido a participar de buen grado. Lo demuestra que algunos diarios de izquierdas se han asimilado a este modo de hacer y han acabado jugando con las reglas de sus adversarios. Si gente como el mismo Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y otros vieron un día clarísimamente que debían contrarrestar esta tendencia mediante la creación de canales y programas audiovisuales como La Tuerka, El poder centrípeto de la milla de oro madrileña les ha tragado.

En mi investigación para la tesis doctoral, titulada De qué conversan los periodistas españoles en Twitter se demostró que no había prácticamente diferencias entre los contenidos que difundían por esta red social los periodistas tradicionales vinculados a los medios establecidos y los periodistas asociados a los nuevos espacios digitales. Ni unos ni otros, significativamente los segundos, se separaban de un discurso dominante común: ambos grupos tuitean sobre las mismas cuestiones políticas, institucionales, comunicacionales y de opinión. No se percibía que los “nuevos periodistas” introdujeran elementos innovadores o de tendencias de ruptura en el discurso predominante en cuanto a contenidos, su mentalidad estaba tan cautiva de los límites temáticos que usan la gente de ABC o El Mundo que eran perfectamente asimilables a la visión del mundo que se desprende de la milla de oro madrileña y que configura el alcance del mundo temático de la actualidad en todo el estado.

La cuestión de los másters, postgrados y doctorados de los políticos nos puede parecer una fenomenal tontería pero es gracias a una pseudopolémica de bajo nivel como ésta que se ha escamoteado el debate político e ideológico que correspondía. Se hablaba del doctorado el día que se votaba en el Congreso la medida gubernamental de la exhumación de los restos de Franco, la pervivencia del Valle de los Caídos y el escándalo de los restos de miles republicanos represaliados malenterrades en las cunetas (con la presencia de Ian gibson en el espacio de los invitados, precisamente). La palabrería hueca basada en la indignación y el populismo de derechas ha ocupado todo el espacio público gracias, una vez más, a la incomprensión de las izquierdas de la importancia de llevar la iniciativa en la construcción del relato, y ha producido un fruto bastante jugoso: abrir crisis de gobierno sin tener que presentar propuestas alternativas.

Las clases populares dimiten de la cultura y los periodistas se hacen el loco

Este frente abierto para la antipolítica derechista está teniendo un efecto que va más allá de las vicisitudes de la política institucional, y aún mucho más perverso. La actual conversación generalizada sobre la calidad y validez de la educación universitaria desacredita ante los ciudadanos, especialmente los trabajadores y los más modestos, el valor de la educación pública y la cultura en la promoción laboral y personal, en la ganancia de calidad de vida y en el avance en el camino de la liberación de clase. Llueve sobre mojado: el gran cambio en la cultura de las clases trabajadoras en España ha sido el abandono de la cultura y la voluntad de apropiársela.

Las clases populares ya no sienten la admiración de antes por la educación, la cultura y la formación. Esta se admite como mal menor para poder ganarse la vida y acceder al consumo; tener cultura, en cambio, es ser un friki. La persona instruida era alguien al que admirar porque había sabido elevarse por encima de una mediocridad general y demostrar con su esfuerzo que uno podía ser dueño de su destino, y ahora es un bicho raro que se dedica a cosas que no sirven para nada. Ha calado aquí el anti-intelectualismo estadounidense que ha llevado Trump a la presidencia, y se esparce en todas sus versiones, desde la inexistencia de pequeñas bibliotecas en los hogares trabajadoras -como si estuviéramos en el siglo XIX, antes que Verne o Dumas sec convirtieran en autores populares- hasta el acoso en la escuela a los niños estudiosos, los famosos “nerds” americanos a los que se considera carne de marginación en los ambientes adolescentes. Incluso los mismos maestros son, ay caray, asediables por los grandullones.

Es realmente duro tener que escribir esto pero los hechos dan la razón a este punto de vista. Un estudio presentado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) del 11 de septiembre en París muestra que el nivel académico de los padres influye de manera determinante en el nivel educativo de los hijos. Las probabilidades de que un joven siga estudiando más allá de la enseñanza obligatoria se disparan si sus padres también tienen estudios superiores. El 55% de los adultos españoles cuyos padres no tenían una titulación de Bachillerato o Formación Profesional tampoco lograron este nivel educativo. Como resultado, en España la educación es víctima de una “trampa intergeneracional”, de forma que el 43% de la población entre 25 y 64 años no tiene un título de educación secundaria superior.

Mientras entre las clases populares se comentan en las barras de los bares las ocurrencias alrededor de los postgrados de los políticos, se va extendiendo la idea de que estudiar no sirve para nada. Da lo mismo que te esfuerces o no, después de todo, lo que cuenta es la influencia social o económica que te permite adquirir con facilidad un título superior. Y la realidad nos indica que no es así: estos másters concedidos por senderos dudosos son una excepción, que se han dado en un centro adscrito en una universidad de Madrid pero que no forma parte de su estructura académica y que probablemente ha querido comerciar con influencias ofreciendo títulos de prestigio a cambio de quién sabe qué contraprestaciones.

Pero la universidad pública española en general, aunque accesible económicamente a los trabajadores, tiene un funcionamiento riguroso en cuanto al control de la superación de asignaturas y grados; la formalización de las actas de los cursos alcanzados se da en un marco de un funcionamiento severo y fuertemente controlado. No se regalan asignaturas, cursos y postgrados, y existen mecanismos de control que lo impiden. La universidad pública de nuestro país sirve perfectamente a la educación superior accesible a toda la población y a su promoción profesional, económica y social. El resto son frivolidades de tertulia de cuñados.

Los medios de comunicación que favorecen la pseudopolèmica los másters y las tesis no son conscientes del alcance de su dimisión de la responsabilidad de posicionar la agenda informativa. El mimetismo entre ellos contribuye a hundir la prensa impresa y ahora afectará a la digital; antes parecía que todos los directores competían para hacer la misma portada en lugar de levantar exclusivas, y ahora los digitales generalistas pivotan alrededor del periodismo de filtraciones como antes los periódicos en papel lo hicieron con el de declaraciones. Y el verdadero alcance de la cuestión lo dejó claro el sociólogo de la comunicación Manuel Castells en su último artículo en La Vanguardia: el mercado más grande del mundo en perspectiva es el mercado de la educación, y los tiburones de la privatización educativa -y la reducción al utilitarismo y la expulsión de las humanidades y el pensamiento crítico de la educación- compiten para clavar el diente.

Publicación original: Catalunya Plural

Publicado también en:

El Diari de l’Educació

El Diario de la Educación

 

 

Cómo afrontar la angustia de la agenda y las actividades ante el inicio del curso

Para qué sirven las agendas, en realidad? Se dirá que para organizar la administración del propio tiempo en proporción a las actividades en las que lo empleamos. Un momento: ¿eso cómo se lleva a la práctica, exactamente? ¿Sólo por el hecho de anotar unas actividades previstas en unas fechas determinadas ya se produce esa administración? Me permito dudarlo. Eso es sólo el aspecto externo de tal administración, probablemente el menos importante. Quizás acabo de escribir una herejía, pero la pregunta es legítima: ¿en qué consiste administrar la proporción de tiempo y actividades llevando una agenda?

La agenda por sí misma, sea en papel o electrónica, no funciona. No funciona en absoluto por sí misma y en relación con los fines a los que queremos dedicarla. La agenda no hace nada, lo que permite administrar tiempo y actividad es nuestra mente. La agenda  es un mero fetiche para conjurar el pánico. Y cuanta más tecnología utilizamos, más tendemos a confundir el instrumento con el poder que lo rige y al cual debe servir. Administrar nuestro quehacer es producto de la relación de sintonía, sincronía y ritmo que existe entre nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestras intenciones y nuestras decisiones.

En el inicio del curso esos cuatro elementos –mente, cuerpo, motivación e intención- entran en tensión ante las expectativas que aparecen ante nosotros; es necesario pues revisar el estado de nuestra personalidad integral para propiciar la calidad de su coordinación. ¿Cuál debería ser el resultado de ello? La toma de decisiones adecuadas. ¿Qué significa adecuadas? Que estén en concordancia con los objetivos previstos, que esos objetivos puedan ser llevados a cabo, que los resultados que se desprendan de la realización de los objetivos se avengan con las intenciones que nos hacen perseguirlos y que todo ello sea asumible y sostenible por nuestra personalidad integral en términos de, por una parte, eficiencia, y por otra, de calidad de vida. Organizarse bien significa hallar el equilibrio dinámico que conduzca a esa sostenibilidad y que él redunde en la consecución de los fines que nos proponemos.

La agenda sirve para una cosa muy determinada: para relajar la tensión que suscitan nuestras expectativas. Cuando anotamos algo en ella nuestra mente deja de dar vueltas en torno a la idea de que tenemos que hacer ese algo determinado y puede pasar a centrarse en otro asunto. Cuando revisamos lo anotado en la agenda hacemos dos cosas: refrescar esa sensación de alivio al comprobar que no tenemos que estar recordando continuamente lo que tenemos que hacer, y ver si los quehaceres previstos y anotados en ella son en su conjunto realizables en cuanto a su sucesión y la dedicación de determinadas cantidades de tiempo a todos ellos. Pero la tercera función realmente existente de nuestra agenda debería ser otra: comprobar si estamos dedicando nuestra vida a hacer aquello que tenemos la determinación, necesidad y misión de hacer y no a perdernos en una diversidad de acciones y actividades que no sirven a nuestra motivación profunda y propósito prioritario. Si somos conscientes de esa motivación fundamental y axial, la organización de la agenda se producirá automáticamente. Al error en esa comprobación se le suele llamar, en lenguaje popular, poner el carro delante de los bueyes.

Ahora veamos qué tanto tenemos bien alimentados y dispuestos a nuestros bueyes.

  • Revisa tu motivación profunda para ver si está vigente

Para que la vida valga la pena hay que vivir por algo que consideremos precioso. Y para que nuestra vida tenga sentido hemos de vivirla de acuerdo con una motivación que represente no solamente un aliciente sino algo por lo que daríamos esa misma vida. El inicio del curso es un  momento adecuado para plantearse cuál es la naturaleza, cualidad y justificación de la motivación que nos lleva a ejercer nuestra profesión –docente, comunicacional, científica, artística, técnica, comercial, terapéutica—y ver si ella sigue estando vigente para nosotros. Las circunstancias de la vida cambian y nosotros también, de modo que es justo que lo que un día nos motivase, incluso sobremanera, deje de seguir haciéndolo.

El inicio del curso es el momento ideal para hacer ese chequeo porque es entonces cuando necesitamos la energía de alto voltaje que nuestra motivación nos proporciona. Cuando hablamos de motivación lo hacemos de aquella que reside en lo más profundo de nuestro ser, la relacionada con nuestra vocación, misión, valores y escala de prioridades. Dice el profesor José Antonio Marina, de manera un tanto cruda, que “motivar es hacer que alguien haga algo que no desea hacer”. Nuestra motivación profunda es ese algo que nos hace hacer lo que hemos venido a hacer en nuestra vida y no podemos dejar de hacer sin que ella pierda su sentido. Puede ser sano comprobar que de esa profundidad continua manando el petróleo que mueve nuestra nave vital, y si no es así, nos planteamos el porqué y si debemos cambiarla. Y eso es perfectamente legítimo y justificado.

Nuestra agenda personal debe ser, pues, la expresión escrita y palpable de la calidad y orientación de nuestra motivación profunda y las expectativas de realización material mediante nuestra personalidad integral.

Entonces, observemos nuestra calidad como carreteros capaces de conducir nuestro carro de bueyes con seguridad por el camino.

  • Planea mejor lo mejorable y deja lo que no tiene arreglo (por el momento)

Tenemos en nuestro interior dos demonios que muerden nuestro quehacer y tiran de él en dos direcciones opuestas, desgarrándolo. Uno es la procrastinación y otro el perfeccionismo, pero los dos surgen de un mismo averno: la insatisfacción con lo que estamos haciendo, con el modo como lo hacemos y con nosotros mismos a la hora de hacerlo. No son incompatibles y suelen alternarse en su tormento pero son muy eficaces a la hora de amargarnos la vida. Últimamente se suele hablar mucho de la procrastinación pero se alude poco a ese afán perfeccionista que siempre nos deja insatisfechos;  a lo mejor explorando uno de los dos demonios llegaríamos a conocer el otro.

Recordemos aquí otro refrán popular: lo mejor es enemigo de lo bueno. Y ciertamente, es bueno hacer las cosas mejor, pero esa perfección a la que aspiramos, más o menos secretamente, y que nunca llega no es la expresión de lo excelente en el logro y en la acción que a él conduce; en realidad es una manía inalcanzable que nos impide llegar a hacer lo que sería magnífico ahora, en este mismo momento. El inicio del curso es ideal para hacer un planteamiento realista de nuestros objetivos al mismo tiempo que una enumeración no menos realista de los asuntos que no podemos solucionar, o por lo menos no en este momento, y establecer una proporción entre unos y otros. Si la proporción es justa la energía de nuestro esfuerzo se dosificará adecuadamente para, ahora sí, mejorar todo lo mejorable.

Con las ruedas del carro bien engrasadas –a pesar de lo que cantaba Atahualpa Yupanqui—y los bueyes bien uncidos, observemos ahora lo que realmente importa: el camino.

  • El carro es solo el vehículo, lo importante es a dónde nos dirigimos y si el camino nos permite llegar

La motivación de lo que deseamos hacer es importante, así como lo son los medios que ponemos para conseguirlo y las acciones que realizamos para avanzar en su realización. El dicho popular de los bueyes y el carro, y qué va delante y qué va detrás, tiene implicaciones bastante profundas. Los bueyes tiran del carro y nos permiten avanzar en el camino, y el carro es el vehículo que nos transporta a nosotros con nuestro bagaje. Pero lo verdaderamente importante somos nosotros, la calidad y pertinencia de nuestro punto de destino y la practicabilidad del camino que nos conduce a él. Si ponemos los bueyes delante del carro pero tomamos el camino equivocado llegaremos a donde no queríamos ir; además de bueyes y carro está en juego la claridad de la mente del conductor metido a carretero. Si el camino que tomamos es el correcto pero ha quedado maltrecho por la acción del tiempo, del paso de otros vehículos o la aparición de una zanja o un derrumbe, aunque constituya la ruta correcta es muy probable que nuestro viaje se frustre o accidente; la mente del conductor debe ser capaz de hacer las previsiones necesarias y tomar las decisiones correctas. Una agenda rígida, en la que no se realicen previsiones justas y se practiquen correcciones pertinentes, es un carro que nos va a llevar por trochas impracticables. La buena agenda es como la cuerda de una guitarra: para que suene en la nota adecuada debe estar ajustada en la tensión precisa. Así pues, la agenda de actividades es varias cosas a la vez: el mapa del camino previsible que hemos de realizar, el planteamiento de lo correcto del lugar al que queremos ir y el largavistas que nos permite anticipar las decisiones que deberemos tomar durante el camino y que de momento no podemos prever en su totalidad.

¿Para qué sirven pues las agendas, en realidad? En el inicio de este texto he hecho esta pregunta fundacional a título de provocación y ahora podría comenzar a apuntar algunas respuestas, todas ellas parciales e insuficientes. Es bueno que la agenda nos permita relajar la tensión ante las acciones que nos esperan, y es mejor que gracias a ella ajustemos la proporción entre actividades y tiempo dedicado. Lo excelente es convertir nuestra agenda en nuestra bitácora de navegación por la vida, expresión de a dónde queremos ir, por dónde vamos, en qué condiciones lo hacemos y qué decisiones tomamos para conseguirlo. Vista de este modo, la agenda deja de ser una fuente de angustia o bien un placebo tranquilizante y se convierte en algo magnífico: una expresión radiante de nuestra personalidad integral en acción. Así considerada, trabajar con nuestra agenda puede y debe ser una fuente de placer y realización.

Publicación original: Aika, Diario de Innovación, Tecnología y Educación

 

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Comienzo a colaborar en el diario Catalunya Plural y la Fundació Periodisme Plural

Hoy comienzo una nueva colaboración en el diario Catalunya Plural como analista de la información y los medios. La Fundació Catalunya Plural, editora del diario y otras publicaciones, ha tenido la amabilidad de solicitar mi aportación al periódico y la fundación para seguir el estado del derecho de los ciudadanos a la información a partir de la actualidad de los medios y sus líneas informativas. Agradezco muchísimo a Josep Carles Rius, presidente de la Fundació Catalunya Plural, que haya querido contar conmigo para ese meritorio proyecto, que recupera la tradición crítica del periodismo catalán de las últimas décadas y mantiene en el panorama informativo el espíritu y la práctica de una alianza de una generación de periodistas veteranos con otra de periodistas jóvenes.

A lo largo de las semanas sucesivas trataré de llevar a Catalunya Plural una mirada atenta y crítica sobre la información y los medios en Cataluña y España para que los lectores tengan elementos de juicio para valorar si los periodistas están administrando correctamente el derecho democrático a la información cuyos titulares son los ciudadanos.

Esta labor confluye con la tarea que vengo realizando como investigador en comunicación en el seno del Gabinete de Comunicación y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Cátedra UNESCO de Alfabetización Mediática para el Periodismo de Calidad, de cuyo comité directivo formo parte.

Leer el primer artículo:

La falsa polémica de los masters y las tesis: cuando los periodistas renuncian a posicionar la agenda informativa

Y la versión en catalán:

La falsa polémica dels masters i les tesis: quan els periodistes renuncien a posicionar l’agenda informativa

Catalunya Plural, diari de drets i pensament crític

Fundació Periodisme Plural,  declarada de interés social po la Generalitat de Catalunya y la primera entidad sin ánimo de lucro creada en Catalunya en el ámbito del periodismo. La Fundació tiene su prupia mirada sobre la realidad que se resume en la defensa de los derechos humanos, incluido el “derecho a una información veraz y plural.

 

 

MILID Global Understanding, un movimiento mundial de la comunicación para el entendimiento y la paz

Está en marcha un ambicioso proyecto internacional orientado a la paz y el diálogo y protagonizado por la comunicación. Se trata del MILID Global Understanding – Peace for All Movement (Entendimiento Global mediante la alfabetización mediática y el diálogo intercultural – Paz para Todos) que ha sido impulsado por la Cátedra UNESCO de Alfabetización Mediática e Informacional para la Calidad del Periodismo, con los profesores José Manuel Pérez Tornero y Sami Tayie, de la Universidad de El Cairo, al frente. Se trata de establecer una red mundial que anime a los medios de comunicación y sus profesionales a trabajar por el entendimiento mutuo y la paz utilizando el poder de la comunicación y de la información veraz.

La iniciativa fue lanzada el pasado julio durante la Doctoral Summer School de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB y fue el doctor Ismail Abdel Ghafar, presidente de la Arab Academy for Science, Technology and Maritime Transport,  el encargado de oficializar el lanzamiento de la iniciativa. En su discurso ha enfatizado el propósito del proyecto de crear puntos de encuentro entre culturas y su obligación de fomentar el uso de la alfabetización mediática para “convertirnos en ciudadanos globales”. El doctor Samy Tayie indicó que la importancia de la Global Understanding es convertirse en un foro en el que “la paz debe servir para tender puentes con la justicia”.

Global Understanding tiene previsto convocar un gran y amplio encuentro de conversación, debate y estudio para marzo de 2019 en la ciudad egipcia de Alejandría.

Un servidor ha tenido el honor de participar en la preparación de Global Understanding mediante la clarificación de su cualidad y objetivos. Aquí está la nota conceptual que he redactado al respecto.

MILID Global Understanding

Periodismo de calidad y alfabetización mediática para superar las barreras y prejuicios que producen exclusión, discriminación y separación

MILID Global Understanding es un programa de trabajo  y espacio de actividad en el que convergen la investigación, la innovación y el debate público, junto con otras iniciativas educativas y sociales, que se basa en el potencial que tienen la alfabetización mediática, el periodismo de calidad y el diálogo intercultural para tratar de superar las barreras invisibles que producen separaciones y discriminaciones entre personas y grupos.

MILID Global Understanding es una iniciativa lanzada por la recién creada Cátedra  UNESCO MIL for Quality Journalism (Alfabetización mediática e informacional por un periodismo de calidad). Su alcance, según el convenio firmado con la UNESCO, se extiende preferentemente a Europa, los países árabes y América latina pero no excluye ninguna zona del mundo.

El propósito es tejer alianzas estratégicas y lanzar acciones globales entre universidades, centros de investigación, medios de comunicación, empresas informacionales, entidades educativas, culturales y sociales y grupos activos de ciudadanos con objeto de hallar y poner en marcha iniciativas destinadas a:

  • Superar las barreras invisibles que se alzan entre las personas, los grupos y las civilizaciones y producen discriminación –de género, de riqueza, de poder, de culturas— a causa de la diseminación de prejuicios, informaciones engañosas, ideas belicistas y supremacistas, mediante el periodismo de calidad, el uso responsable de los medios de comunicación y la participación de la ciudadanía en la orientación de la comunicación global hacia el entendimiento y contra la separatividad.
  • Llamar a los profesionales de la información y la comunicación a comprometerse con un periodismo de calidad que denuncie y combata las pseudonoticias engañosas (fake news), la desinformación, la infoxicación, los estereotipos y los lugares comunes que fomentan el espíritu de superioridad de unos grupos sobre otros.
  • Ofrecer a los ciudadanos y a los espacios sociales y convivenciales el poder de la alfabetización mediática como medio eficiente para destruir esas barreras, superar diferencias y desencuentros y construir nuevas mentalidades de progreso basadas en la solidaridad, la cooperación y la libertad.
  • Promover el periodismo de calidad y la alfabetización mediática e innovar en las nuevas oportunidades y escenarios posibles para su desarrollo en la sociedad compleja actual, respecto a la práctica profesional, la formación y el desarrollo de habilidades informacionales por parte de los ciudadanos.
  • Impulsar la participación de la ciudadanía en la tarea de superar las barreras de los recelos, la discriminación y los prejuicios mediante la asunción de una participación activa en la distribución y recepción de la información y de la ideas y hechos que esta vehicula.
  • Reclamar a las empresas informativas e informacionales sus responsabilidades respecto a la calidad de la información que producen o vehiculan y a su compromiso en la eliminación del lenguaje del odio y los prejuicios que causan división y discriminación. Sensibilizar y movilizar a los ciudadanos para que les exijan esa responsabilidad.
  • Actuar preferentemente en zonas de conflicto, sean estas geopolíticas, culturales o ideológicas, para tratar de deshacer desencuentros y propiciar aproximaciones mediante un uso correcto del periodismo de calidad y el diálogo.
  • Poner de relieve ante las sociedades, las instituciones, los gobiernos y los dirigentes mundiales la necesidad de combatir los estereotipos, luchar contra la exclusión, superar las divisiones y la posibilidad de hacerlo efectivamente mediante el uso correcto y responsable del periodismo de calidad por parte de los profesionales y la alfabetización mediática activa y participativa de los ciudadanos, lo que significa abrir caminos prácticos para la paz, la libertad, la igualdad y el entendimiento global.

Misión

Promover el uso del periodismo de calidad y combatir las pseudoinformaciones engañosas, la diseminación de los estereotipos e ideas discriminatorias, de supremacía y de exclusión que producen desigualdad y comprometen la paz entre las personas, los grupos, los pueblos y las culturas. Fomentar la alfabetización mediática e informacional para que la ciudadanía pueda tomar en sus manos el uso correcto y responsable de la información puesta al servicio del entendimiento global.

Visión

El periodismo de calidad y la información responsable tienen un papel irrenunciable en la consolidación y profundización de la libertad, la paz y la prosperidad de las naciones. La alfabetización mediática e informacional son un medio privilegiado para que la ciudadanía contribuya a esas tareas de una manera activa, en la sociedad de la comunicación. Unas y otras actividades deben ser puestas al servicio de un entendimiento global mediante el cual la humanidad pueda superar sus divisiones y dificultades basadas en los prejuicios y el trato discriminatorio e injusto.

Valores

La humanidad dispone de todos los medios necesarios para liberarse de la injusticia, la discriminación, la exclusión y los prejuicios entre personas, grupos, naciones, pueblos y culturas. El periodismo de calidad y la alfabetización mediática e informacional han de comunicar los valores de entendimiento, encuentro y cooperación que permiten acabar con esas lacras. El entendimiento global es, gracias a ello, no una utopía ideal irrealizable o futura sino una posibilidad factual hacia la que hay que encaminarse activamente.

El programa MILID Global Understanding (entendimiento global mediante la alfabetización mediática, el periodismo y el diálogo intercultural) es una iniciativa de la Cátedra UNESCO de MIL for Quality Journalism (Alfabetización mediática e informacional por un periodismo de calidad).

La Cátedra incorpora la tarea investigadora, innovadora, docente y educativa que el Gabinete de Comunicación y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona viene realizando durante décadas.

MILID Global Understanding, bajo las directrices de la Cátedra de la UNESCO de Mil for Quality Journalism, desarrollará diversas y múltiples actividades en los próximos meses y años en su ámbito y a nivel global.

El catedrático presidente de la Cátedra es el Dr. José Manuel Pérez Tornero, doctor en Ciencias de la comunicación. Forma parte del grupo de Expertos de la UNESCO y de la Comisión Europea en Alfabetización mediática. Es asesor nombrado por la UNESCO en la Global Alliance Media and Information Literacy Partnerships y miembro del consejo directivo de la red de Universidades de United Nations Alliance of Civilisations – UNESCO.

Imagen: presentación de MILID Global Understanding en la Doctoral Summer School de comunicación de la UAB, julio de 2018.

Arribarà un dia

Escrit el 17 d’agost de 2018, aniversari dels atemptats jihadistes a Barcelona i Cambrils.

Arribarà un dia que ens adonarem que el patiment humà és sagrat i no hi ha res èticament superior a la compassió.

Arribarà un dia que comprendrem que compassió no és adherir-se als nostres perquè no hi ha nosaltres ni vosaltres, i creure que els hi ha és una idea inhumana.

Arribarà un dia que veurem que interposar els interessos polítics o de part entre la compassió i la gent és profundament inmoral, sigui quina sigui la política i per més legítim i noble que sigui l’interès de part.

Arribarà un dia que veurem que hi ha molts i més variats fanatismes que els que ens pensem, i veurem amb sorpresa que al nostre entorn ha crescut una nova mena de fanatisme que fins ara no haviem identificat.

Arribarà un dia que, per aquest motiu, comprendrem perquè tantes societats modernes i aparentment madures s’han deixat endur pel nacionalisme que mena a l’enfrontament i la guerra. Perquè els fanàtics sempre són els altres i nosaltres no en tenim, i aquesta idea nefasta és el camí directe a la perdició.

Arribarà un dia que, com han fet altres països i societats, començarem a comprendre el fons i interés del jihadisme islamista i deixarem de pensar de manera infantil sobre ell, en forma de venda d’armes o comerç de petroli, i ens dignarem escoltar els científics socials que fa 30 anys que l’estan estudiant.

Arribarà un dia que deixarem de creure que “sóc el millor, sóc de la nova cançó, sóc el millor”, com cantava asprament Pi de la Serra seguint la poesía de Salvador Espriu i comprendrem que no hi ha prou amb tenir raó per a que et la donin o et diguin maco.

Arribarà un dia que respectarem la bandera i la nació d’altri, deixarem de menysprear el cosmopolitisme i universalisme que sempre han denostat els botxins de la democracia i comprendrem la rel de les guerres dels Balcans o la matança entre hutus i tutsis, entenent que nosaltres no som diferents d’ells.

Arribarà un dia que rebutjarem amb la veu forta qualsevol intent de mediatitzar y utilizar els actes de solidaritat, i veurem amb claredat com el que crèiem una expressió legítima dels nostres drets no és res més que una rebequeria repugnant.

Però probablement quan arribi aquest dia la nostra nació haurà caigut per la pendent de la decadencia, empesa per la negror de la ignorancia, l’encaparrament i la mala voluntat.

Memes de internet, ¿poder o inanidad?

Un alumno que realiza un trabajo de investigación sobre los memes de internet me plantea tres preguntas muy interesantes que respondo tratando de aportar algo que valga la pena.

¿Qué papel juegan los memes en la sociedad actual?  

Son una forma en que se expresa un hecho cultural tan antiguo como la humanidad: la transmisión oral de historias, cuentos, hazañas y aventuras, adaptada a la existencia de la red y sus procesos tecnocomunicativos. Nada nuevo bajo el sol: la transmisión de los chistes ha sido siempre una forma mémica. De hecho, el inicio de lo que hoy llamamos literatura era esto: la Iliada, por ejemplo, era un macromeme, pues este tipo de megapoemas estaban pensados para ser dichos, escuchados y redifundidos viralmente; hablamos de los autores antiguos como escritores pero Homero era ciego, no escribía pues sino que memorizaba y cantaba, pues estos poemas eran canciones que se memorizaban y se repetían.
Los memes juegan pues el papel que han jugado siempre: buscar una conexión entre mentes mediante la difusión replicada de un elemento que se considera significativo. Al difundir un meme, un indivíduo goza del placer de convertirse en difusor de una idea concretada en un significado, verla crece y por tanto ampliar la influencia de su mente sobre otras mentes.
¿Qué información dan de nosotros como sociedad?  
Expresan lo que nos llama la atención, lo que nos parece relevante y digno de conocimiento, especialmente lo que consideramos singular, raro y digno de ser conocido, y por tanto, responden a la matriz central de la difusión cultural. Que un meme sea anecdótico e incluso fútil no quiere decir necesariamente que ponga de relieve una sociedad supuestamente amante de la anécdota y la futilidad, sino la valoración de lo que rs aparentemente intrascendente pero muy útil para ser puente de contacto entre mentes muy diversas, como lo ha sido siempre el chiste, la anécdota o la leyenda. Sería erróneo creer que el aspecto superficial de los memes es una constatación de una naturaleza superficial de la sociedad; el meme es la expresión del valor que se concede a los elementos rápidos de expresar y de captar y comprender, a la cualidad eléctrica de establecer y extender el contacto mental mémico, a la forma externa aparentemente inane que en realidad esconde una multitud de significados. Es decir, las mismas cualidades que hallamos en el vestido, el maquillaje, las pinturas corporales rituales, la música pop y las formas diversas de la cultura pop.
¿Se podrán entender el día de mañana fenómenos como el Brexit o el ‘procés’ a través de memes? 
Sí, aunque será necesario acceder al contexto que habrá de proporcionar la documentación històrica. Los memes darán cuenta de los estados de ánimo, de lo que la transmisión col.lectiva mémica considera relevante, y sobre todo, de los elementos que la acción propagandística interesada y deliberada ha escogido para suscitar determinados estados d’ánimo y determinadas mentalizaciones. Los memes no explicarán el hecho histórico sino la mentalidad colectiva generada a su entorno y a partir de ellos.
Wikipedia: meme de internet
Wikipedia: los memes según Richard Dawkins
Fotografía: Richard Dawkins

Els anys del Grup de Folk (3)

Sense Àngel Fàbregues i Hogar del Libro no hi hauria hagut, segurament, Grup de Folk. De fet, primer va ser el cançoner Folk Song i després el grup. El naixement del grup, en tot cas, va ser un d’aquells episodis en que la realitat ens regala un espectacle que barreja la serendípia i el propòsit, que va marcar un abans i un després històric en la cançó catalana. El Grup de Folk va marcar un punt d’inflexió sense el qual no es poden comprendre fets successius com la música progressiva, la música laietana, Gato Pérez, la música de rel promoguda per Tradicionàrius, els espectacles d’animació i participatius des de les renovades companyies de titellaires o Comediants, els festivals de Canet, el repertori, les maneres de fer i les accions educatives al voltant de la cançó a les escoles catalanes progressistes i el rock català. La influència del Grup de Folk va canviar la cultura de l’escoltisme de cap a peus i la va estendre a gairebé tota la societat: allò que diuen kumbaià, que de vegades és pronunciat amb menysteniment i que per a alguns com jo és un apel.latiu d’honor.

EN XESCO BOIX TORNA D’AMÈRICA I PORTA UN CANÇONER D’ALAN LOMAX. Abans que existís el Grup de Folk la secció de l’Hogar del Libro dirigida per Àngel Fàbregues va començar a fer alguna cosa més que cançoners. Per exemple, va promoure la primera missa amb guitarres que es va fer a Catalunya, que va tenir lloc a la Institució Cultural del CICF de la Via Laietana, oficiada per Mn. Josep Bigordà, amb el cant dirigit per Jaume Arnella (veu i guitarra) acompanyats per Àngel Fàbregues (banjo) i Gabriel Jaraba (bateria). I sobretot es va crear una col.lecció de discs, en principi complementaris dels cançoners, els dos primers dels cançoners Iukaidí. En Joan Soler Amigó va dissenyar les cobertes i va crear el logo de la marca: Discs Als 4 Vents. Els intèrprets eren els nois i noies escoltes als qui aquest periodista servia com a cap, curiosament no d’un agrupament confessional sinó d’un de laic, ja que va ser l’escoltisme laic el pioner en la coeducació escolta a Catalunya, i en aquest cas, l’agrupament Juliette Lowe, de l’associació Girls i Boy Scouts de Catalunya (Juliette Lowe, nom de la fundadora de les Girl Scouts dels Estats Units). En Jaume Arnella va cantar i dirigir el cant, l’Àngel Fàbregues va fer de productor del disc i jo vaig ser regidor de l’enregistrament.

Els discs es van començar a vendre raonablement bé i la ment elèctrica de l’Àngel rumiava alguna cosa que anés més enllà. El nostre despatx de l’Hogar al carrer Bergara començava a convertir-se en un punt de reunió informal de gent molt diversa que ensumava una certa energia. Un dia hi vaig anar amb en Jordi Batiste, que m’havia fet entrar a Els Tres Tambors i, a més de músic, era un gran dibuixant i dissenyador. Un altre, l’Àngel va portar en Francesc Boix (encara no Xesc ni Xesco), que com ell començava a animar amb cançons les trobades escoltes. En Xesco va viure un temps a Estats Units i va tornar transformat; allà havia conegut el moviment folk, en el seu apogeu, s’havia aprés el repertori de Pete Seeger i havia quedat marcat per la necessitat de fer cantar la gent, pel poder del cant com a regenerador de la psique personal i col.lectiva, per l’exemple del moviment com a possibilitat d’una nova manera de viure d’acord amb uns ideals que tots acaronàvem però que mai no haviem vist encarnats. En Xesco Boix era ja “un home amb una missió”. I s’havia dut d’Amèrica un gruixut cançoner amb el repertori de Seeger compilat per Alan Lomax, l’etnòleg al qual la biblioteca del Congrés havia encarregat rastrejar, enregistrar i salvar el patrimoni de la cançó popular del seu país. Aquell cançoner no era un quadernet com els que nosaltres publicàvem, era format A4, amb il.lustracions i la notació de la música de les cançons. I l’Àngel va clavar l’ull al cançoner i ho va veure clar: el nostre pròxim cançoner ha de ser un cançoner folk, amb les cançons de Pete Seeger, Woody Guthrie, Peter Paul and Mary i Bob Dylan. Posem, doncs fil a l’agulla.

Primer, coberta i títol. La va dissenyar en Jordi Batiste i el títol va ser, succintament, “Folk Song”. Segon, aplegar el repertori. Calia trobar experts que coneguéssin cançons folk i que les haguéssin traduït al català; vam repassar les respectives llistes d’amics i van sortir en Joan Maria Boix, germà d’en Francesc, que havia estat amb ell a Amèrica i viatjat a Suècia, on va trobar l’amor a un poblet anomenat Falsterbo, en honor del qual va anomenar així al grup que formaria immediatament. En Joan acabava d’escriure la versió catalana de Puff, el drac màgic, per cert, i a més venia acompanyat per Eduard Estivill, que no només tenia una bona veu i formació musical, amb el que ajudaria a impulsar Falsterbo, sinó que havia captat amb molta precisió el rerefons sociològic i el context cultural dels moviments juvenils i progressistes nordamericans. No sé com vam entrar en contacte amb en Ramon Casajoana, que no formava part dels ambients escoltes, hippies o progres però que havia fet unes traduccions i adaptacions acuradíssimes de les primeres cançons de Bob Dylan i algunes altres, com The cruel war, popularitzada per Peter, Paul and Mary i que cantava amb la seva germana Consol Casajoana. Buscàvem, com no, gent que sapigués tocar el banjo de cinc cordes i el violí, i així vam trobar en Xavier Oliveres i en Xavier Gil. En Jaume Arnella aportaria cançons tradicionals catalanes i les seves composicions que s’inspiraven en elles i en Josep Maria Camarasa, que escrivia lletres originals per a Els Tres Tambors, hi aportaria la mirada rigurosa i precisa del científic que era. I la serendipia va fer també de les seves: sabiem què deien les cançons de Pete Seeger i com eren les músiques escrites a les partitures, però no coneixiem, tret d’els Boix i en Estivill, la seva veu, i vet aquí que un dia em trobava a casa meva, al Poble Sec, ajudant a pelar pèsols a la meva mare, i es presenta Joan Manuel Serrat, amic del barri i company dels recitals de cançó, especialment quan Els Tres Tambors fèiem la primera part dels seus concerts (de teloners, com es sol dir). Duia un munt de discos que havia comprat a París, de l’editora Le Chant du Monde, que em va mostrar molt il.lusionat: discos de… Pete Seeger. Amb Sonny Terry, Cisco Houston, Big Bill Broonzy, discos de Paco Ibáñez, que no teniem idea de qui era i d’un magnífic cantautor portugués anomenat Luis Cilia. Em vaig quedar glaçat: en Francesc Boix tenia raó, allò era molt gros. Escoltant-los amb la maleta tocadiscos que jo tenia al menjador de casa vam comprendre que els modos i maneres dels Jutges i el seguiment acrític de la cançó francesa quedaven enrere i els nanos del folk song –recordem que el grup encara no existia– teniem molta feina a fer. En Juanito em va deixar els discos de Pete Seeger i els vaig fer escoltar al despatx de l’Hogar: una revelació. L’Àngel bullia per dins d’activitat a punt d’esclatar.

Es va publicar el cançoner folk song i va ser un èxit de vendes immediatament. En Xesco i un servidor anàvem cantant les cançons pels ambients escoltes, l’Arnella feia el mateix en els seus entorns, els Falsterbo començaven a presentar-se a festivals i Els Tres Tambors seguiem amb el nostre repertori però havent incorporat una actitud diferent, el que confirmava la intuició que en Serrat i jo vam tenir mentre pelàvem pèsols, ja que ell, bon jan, es va afegir a ajudar a la meva mare a preparar el dinar.

Comença a seguir aquesta sèrie per aquí: Els anys del Grup de Folk (1)

I continua per aquí: Els anys del Grup de Folk (2)

Il.lustració: portada del cançoner “Folk Song”. Autor, Jordi Batiste i Triadó.

 

L’esperit d’un temps en el periodisme barceloní i un detall gentil d’un bon amic

La vida és plena d’anècdotes i 50 anys de pràctica continuada del periodisme professional donen per a moltes. N’he vistes de tots colors i he conegut tota mena de gent, fins i tot aquella que no hauries de conèixer mai. Però he tingut la sort de fer un munt d’amics, tractar persones interessants i agradables i fins i tot de convertir algunes d’elles en amistats duradores. Una altra sort ha estat formar part d’una generació de periodistes que, d’una manera o altra, ens sentiem tots tripulants del mateix vaixell i còmplices d’una aventura no només professional sinó cívica i generacional: ser periodista era la manera que teniem de dur a terme allò per al que ens sentiem cridats, que era viure una vida digna, descobrir el món i transformar-lo, aportar a la nostra societat una manera de veure les coses renovadora i lluitar per la democràcia mitjançant l’expressió crítica de les idees i la referència fiable de l’actualitat.

Barcelona i les seves redaccions eren molt diferents al 1970. Es cobraven sous de misèria i la majoria de periodistes estaven pluriocupats, com ara, la prosperitat relativa ha durat només unes dues o tres dècades, entre que les publicacions van començar a ser negoci i que els editors van perdre el nord o van ser substituïts per gestors d’inversions. Els periodistes no érem famosos ni coneguts, tret d’alguns personatges de la televisió i la ràdio, sempre els mateixos, però erem cada cop més respectats pels lectors perquè sabien que treballàvem per a ells i no per als polítics, els bancs o vés a saber quin altre interès. A moltes redaccions regnava un clima autoritari només suavitzat per alguns redactors en cap que compartien amb nosaltres l’aspiració a un periodisme democràtic. Quan es va fundar el Grup de Periodistes Democràtics es va donar un salt qualitatiu, i en el grup es va consolidar una aliança entre periodistes joves i veterans, entre demòcrates liberals i esquerranistes, entre catalanistes i no catalanistes, de la qual va sortir un cert estil i lideratge professional que ha estat vigent fins fa poc.

Qualsevol temps passat sempre ha estat pitjor i aquell nostre també. Però quan ens trobem entre els que no hem estat delmats per les regulacions d’ocupació o les prejubilacions que han deixat les plantilles reduïdes a manats d’executors de llibres d’estil ens sabem reconèixer els uns als altres i entre nosaltres aquella aspiració a un periodisme de qualitat que no sé si hem sapigut transmetre als nostres successors. Un dia la cadena de transmissió de l’esperit professional es va trencar per llei de vida o indústria i no hem sapigut recomposar-la; la feina de les facultats de comunicació va per altres viaranys necessaris.

Fa un parell de dies un company d’aquells temps, Toni Rodríguez Pujol, que fou redactor de El Correo Catalán –diari ja desaparegut, com tots els que es publicaven en vida de Franco, tret de La Vanguardia— em va citar en la seva columna habitual al digital elplural.es, fundat per Enric Sopena, un altre destacat lluitador pel periodisme democràtic en aquella dècada prodigiosa. Toni, avui president executiu de la més prestigiosa agència de comunicació barcelonina, Intermèdia, escriu cada setmana un diàleg de ficció entre dos personatges que comenten l’actualitat, del qual els lectors d’idees més diverses poden treure cadascún les conclusions que creuen més convenients. En aquesta ocasió, els personatges parlaven del conflicte del taxi es referien a un servidor d’aquesta manera:

“O -No diguis xorrades, Quico. No em negaràs que darrere les noves fórmules de negoci hi ha un munt de gent que s’està forrant a costa dels altres.

K -No es tracta d’això. Guanyar diners no ha estat mai cap pecat. En aquest sentit encara n’hem d’aprendre molt dels protestants. Del que es tracta és de no girar l’esquena a la nova economia i tothom hi sortirà guanyant. Coneixes a Gabi Jaraba?

O- Sí, aquell periodista que vam conèixer de joves. Era maçó i comunista? Encara n’és?

K- Sí. Deu ser el darrer comunista de Barcelona. De tant en tant llegeixo el seu blog. Diu que la tecnologia no ha estat mai enemiga de la lluita de classes, que Lenin ja deia que el comunisme “és igual a socialisme més electricitat” i que si no fos pel cable submarí del canal de la Mànega no s’haurien pogut coordinar els sindicalistes francesos i britànics per convocar la conferència de la Primera Internacional, l’any 1884. Com ho veus?”.

Aquests gestos de simpatia són detalls que sempre cal agrair, no només per la cortesia sinó perquè són denotatius de les complicitats d’aquell temps que he explicat. I sobre tot perquè l’autor s’ha pres la molèstia de llegir la meva tesi doctoral, on apareix citat aquest episodi de la lluita obrera del segle XIX, referit en la investigació per David de Ugarte. No sé si sóc “el darrer comunista de Barcelona” perquè n’hi ha uns quants més, sí sóc un socialista de tradició comunista que forma part de Comunistes de Catalunya perquè a casa em van ensenyar que s’havia de ser membre d’un sindicat, d’un centre excursionista i del partit comunista. I formo part de la francmaçoneria catalana, seguint la tradició de Lluís Companys, Ventura Gassol, Andreu Nin, Josep Andreu i Abelló i Emili Vendrell, a la Gran Logia Simbólica Española i al Supremo Consejo Masónico de España. Per a alguns, dèries de gent excèntrica que quan es fa gran es radicalitza en lloc de fer-se conservador –jo, que sempre he estat i sóc un moderat, i que a diferència de molts amics considero elogiós que em diguin socialdemòcrata– però per a mi i per a la gent que em coneix, com en Toni, una manera de seguir donant testimoniatge de que ni ens vam rendir amb Franco viu ni ho farem ara amb tants nous aprenents de dictadors locals que encara no es reconèixen com a tals. Morir per una idea, sí, però que sigui de mort lenta, com cantava aquell.

Toni Rodríguez Pujol, a El Plural: “Taxistes, ludistes i turistes, una relació difícil

Intermèdia, agència de comunicació

Tesi doctoral de Gabriel Jaraba: “De qué conversan los periodistas españoles en Twitter. Un estudio de contenidos y tendencias en la tuiteresfera española”

Fotografia: una de les sessions Intermèdia Confidencial, que celebra l’agència, amb Simon Manley, embaixador del Regne Unit a Espanya. A la seva esquerra, Toni Rodríguez Pujol, president executiu d’Intermèdia i a la dreta, Albert Ortas Serrano, director general de l’agència.

 

Personal brand: construir la propia marca personal en el mundo digital (curso breve con diapositivas)

Como cada verano, este mes de julio he tenido el placer de dar clase a los alumnos de la Arab Academy of Science, Technology and Maritime Transport que asistieron a la escuela de verano de Comunicación que organiza el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB, en el marco de la MILID Doctoral Summer School. Son jóvenes estudiantes de grado procedentes de Egipto, con lo que las clases se realizan en inglés, lengua que utilizan perfectamente. Esta vez los asistentes fueron chicas en su totalidad, muy atentas a la cuestión que les propuse: la importancia de construir la propia marca personal en el entorno digital como medio de adoptar una actitud proactiva en la red y la comunicación.

La marca personal no es una simulación, un personaje de ficción construido exprofeso ni tampoco una mentira, sino el modo de hacerse visible y reconocible en el mundo digital. Es el testimonio de lo que hacer y de cuánto bueno hay en lo que haces, y por tanto no es autobombo, orgullo estúpido o incluso publicidad. Hacer que los demás te conozcan es legítimo, pues conduce a establecer relaciones que pueden ser mutuamente provechosas.

Durante una clase de dos horas expliqué cómo avanzar en la construcción de la propia marca personal mediante la puesta en pie de una plataforma digital, formada por diversos medios y recursos que deben ser orientados estratégicamente a tal fin. Más allá del ir y venir de las redes sociales o de la tentación autorreferente, la plataforma digital propia es útil no sólo para hacerse visible en la red sino como medio de autorreflexión y autoaprendizaje en torno al avance en el camino de la formación y la orientación profesional.

En el presente momento de desarrollo de las redes sociales de internet asistimos una vez más al surgimiento de las corrientes simétricamente opuestas de apocalípticos e integrados, quienes las rechazan por creerlas alienantes y quienes ven en ellas una solución mágica a cualquier cuestión relacional y social. Ni tanto ni tan calvo; las redes no son neutras pero un uso consciente de las mismas conduce a puntos que vale la pena tener en cuenta: asumir un rol activo y crítico de la comunicación es de por sí educativo; considerar la red como un lugar donde se puede aprender y compartir lo aprendido; ejercitarse en ello es un modo de aprendizaje continuo como modo de vida, sin el cual no es posible avanzar en la nueva sociedad en que vivimos.

Podéis ver, descargar y utilizar la clase en diapositivas que os adjunto aquí:

Personal brand in a digital world. Building a true image in the net and standing out from the crowd

PERSONAL BRAND

Información sobre el curso de verano de comunicación para la Arab Academy

Foto: Estrella Luna Muñoz

De espaldas a los lectores

Los historiadores de la prensa del futuro inmediato estudiarán la actitud de los periódicos impresos de Madrid cuando recibieron de uñas al séptimo presidente del Gobierno de la democracia, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, secretario general del Partido Socialista Obrero Español. Y al hacerlo, se sorprenderán al ver que ninguno de ellos consideró noticia de portada la fotografía del flamante primer ministro prometiendo su cargo sin tener delante un crucifijo y una Biblia. Adoptaron, quizá sin ser conscientes de ello, la actitud del presidente saliente cuando marchó mirando al tendido al largarse a media sesión de moción de investidura en actitud de ahí os quedáis. Pero los periódicos no pueden encogerse de hombros y dar la espalda a los lectores cuando un hecho no les gusta, porque se deben a ellos y solamente a ellos; ay del medio de comunicación que considera oposición a su propio público.

La prensa impresa española de hoy, en su casi totalidad, es del todo inviable en términos económicos, de audiencia y empresariales. Creen sus administradores que les hacen daño las redes sociales de internet y los supuestamente inextricables gustos del público, cuando este se ha regido siempre por lo de siempre: la gente hace caso de lo que le interesa, de lo que tiene algo que decirle que considere significativo. No ha sido internet lo que ha producido el desballestamiento económico de la prensa española sino las carreras enloquecidas producidas hace algunos años en torno a la televisión –Sogecable, Antena 3 y cosas así– en las que se fundieron las ganancias obtenidas con los periódicos. Ironías de la vida, aquel modelo de televisión entra ya en progresiva obsolescencia y quienes han acabado haciéndose con el botín han sido  holdings extranjeros que actúan como duopolio, mientras que la empresa española no tiene nada que decir ante el desarrollo tecnológico y estratégico de las nuevas plataformas de televisión de pago. Los lectores abandonan la prensa porque no les interesa, no les gusta y creen que no les sirve. A la prensa le corresponde ganarse su interés, y no es otra su tarea. Pero las empresas periodísticas andan entretenidas con otros asuntos.

La prensa española es propiedad, en última instancia, de los bancos que han asumido sus deudas, y estos mantienen en vilo a las empresas periodísticas orientándolas hacia una u otra estrategia política de acuerdo con intereses que no son los de los lectores ni de la ciudadanía en general. En los últimos años hemos visto que se ha producido una concentración de los medios en torno a posiciones que podríamos calificar de derechistas siendo benevolentes y cualquier observador mínimamente moderado podrá constatar que un repaso de sus publicaciones arroja un aroma suavemente reaccionario. Los medios digitales, que hubieran podido aportar innovación o por lo menos cierta renovación son en general panfletos partidarios directamente subvencionados por fondos cuya procedencia más vale la pena, por caridad cristiana, llamar opacos. No hay futuro ni en la prensa impresa ni en la digital, salvo ciertos medios aislados que se empeñan en hacer periodismo, como Eldiario.es o Público  y algunos otros. La prensa española de hoy día es un conglomerado de periódicos de partido o de intereses fragmentados interesados en provocar ciertos estados de ánimo políticos que ha respondido, en el campo mediático, a un proyecto de derechización de la sociedad en general. En mi tesis doctoral “De qué hablan los periodistas españoles en Twitter” demuestro la extremada polarización ideológica de los profesionales en torno a un mundo ideológico e ideologizante que es muy reducido y limitado a lo que llamo “el Madrid periodístico institucional” en el que no se advierten señales de innovación ni de apertura de horizontes.

La recepción del nuevo gobierno por parte de ese mundo mediático, hecha a regañadientes, muestra no sólo las dificultades del sector para abrirse a una nueva realidad sino el recelo que siente ante la posibilidad de verse privado de ciertos alicientes económicos e institucionales con los que se ha venido sintiendo como pez en el agua. Falta saber ahora si el rediseño institucional que puede desprenderse del cambio acelerará unas transformaciones necesarias en la prensa o acelerará una obsolescencia informativa que se percibe ya como factual en el simple hecho de que los periódicos españoles de hoy se elaboran y se difunden de espaldas a los lectores y por tanto, del futuro más inmediato.

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DR. GABRIEL JARABA
Doctor en Ciencias de la Comunicación y Periodismo.

Soy un periodista senior en ejercicio desde 1967, con experiencia en prensa, radio, televisión e internet. Me dedico a tareas académicas y de activismo social como Doctor en Ciencias de la Comunicación y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente sirvo como profesor en esa Universidad; en la Cátedra Internacional UNESCO Unaoc UniTwin de Alfabetización Mediática y Diálogo Intercultural, la Cátedra UNESCO de MIL para el Periodismo de Calidad, la Cátedra RTVE-UAB para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital y en el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB.

Soy analista de la información y los medios en la Fundació Periodisme Plural y escribo en el diario Catalunya Plural. Hago investigación en comunicación, en redes sociales de internet y en humanidades digitales. Elaboro métodos de impulso de la creatividad y de gestión mental.

Autor de los libros Periodismo en Internet (Ed. Robinbook); Twitter para periodistas (Ed. UOC); Youtuber (Ed. Redbook) y ¡Hazlo con tu smartphone! (Ed. Redbook) y coautor de otras obras sobre comunicación y educación.

Como ciudadano promuevo el apoyo a Naciones Unidas en la perspectiva de Una Sola Humanidad, como colaborador de la ONG internacional World Goodwill – Buena Voluntad Mundial.  Soy miembro de la European Transpersonal Association y del Institut de Psicologia Transpersonal de Barcelona. Propongo un universalismo inclusivo basado en el humanismo y desde el catolicismo que ejemplifica el papa Francisco, y soy feligrés de la parroquia de Santa Anna.

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Analista de la información y los medios en:

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SOY PROFESOR E INVESTIGADOR EN:

CATEDRA UNESCO DE MIL Y PERIODISMO DE CALIDAD

GABINETE DE COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN UAB

Profesor e investigador

UNIVERSITAT AUTÒNOMA DE BARCELONA

MASTER EN COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN

MENTOR

CERTIFICACIÓN PROFESIONAL EUROPEA EN PSICOTERAPIA Y PSICOLOGIA TRANSPERSONAL

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