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Religión

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Feliz Navidad con Chesterton

Este año quiero felicitar la Navidad a los lectores de mi blog con un fragmento de Gilbert Keith Chesterton, el gran escritor cristiano inglés que hizo observaciones muy profundas e inusuales sobre la tradición de la natividad de Jesús. Como esta:

“Cualquier agnóstico o ateo que en su niñez haya conocido la auténtica Navidad tendrá siempre, le guste o no, una asociación en su mente entre dos ideas que la mayoría de la humanidad considera muy lejanas entre sí: la idea de un recién nacido y la idea de una fuerza desconocida que sostiene las estrellas. […] Para esta persona, la sencilla imagen de una madre y un niño tendrá siempre sabor religioso, y a la sola mención del terrible nombre de Dios asociará en seguida los rasgos de la misericordia y la ternura. Pero las dos ideas no están natural o necesariamente combinadas para un griego antiguo o un oriental, como el mismo Aristóteles o Confucio. […] Ha sido creado en nuestras mentes por la Navidad porque somos cristianos, aunque sólo sea psicológicamente y no en un plano teológico. En otras palabras, esta combinación de ideas, en frase muy discutida, ha alterado la naturaleza humana. Realmente hay una diferencia entre el hombre que la conoce o no. […] Es un hecho patente acerca del cruce de dos luces particulares, la conjunción de dos estrellas en nuestro horóscopo particular: la omnipotencia y la indefensión, la divinidad y la infancia, forman definitivamente una especie de epigrama que un millón de repeticiones no podrán convertir en un tópico. No es descabellado llamarlo único. Belén es, definitivamente, un lugar donde los extremos se tocan”. (El hombre eterno, cap.10).

Alguien podría argumentar, siguiendo al inolvidable creador de las aventuras del padre Brown, que por ese camino podemos llegar a la combinación de sabiduría y compasión que propone como summum bonum el budismo tibetano, o a la unión de piedad y caridad que practica el musulmán, sikh o jaina. Yo me atrevo a señalar que la verdadera singularidad del cristianismo en el conjunto de la herencia espiritual de la humanidad entera es el perdón, con su radical distinción ética. Pero Chesterton va más allá: si Belén es donde los extremos se tocan, allí es donde se realiza la unión entre Alfa y Omega: Cristo es eso. Por eso el cristianismo encierra todo el potencial esotérico de cualquier tradición espiritual digna de tal nombre: porque ese Alfa y Omega proclama que el infinito puede tocarse con la mano mediante el perdón, que es el fruto de la omnipotencia inseparable de la indefensión, paradoja insuperable y apabullante. Quien desee ser poderoso no podrá comprenderlo y quien albergue un afán de revancha tampoco. Esa era la enseñanza espiritual suprema que, certeramente, Jesucristo afirmó que los adultos y los sabios no pueden entender y que los niños y los simples practican.

Que la luz de Belén os ilumine a todos esta Navidad y el próximo año 2018.

Imagen: La adoración de los pastores, por Matthias Stommer.

Obra de y sobre G. K. Chesterton

Una conversación sobre el papa Francisco en Parapanda

zapatos francisco

Existe en una galaxia muy cercana una tierra mítica llamada Parapanda. No es una utopía sino una entopía: un lugar soñado hecho propio en el interior de cada uno de sus habitantes. Cierto es que existe en Granada una Parapanda perceptible con los sentidos exteriores, pero fuera de ella residimos los que nos consideramos verdaderamente parapandeses porque sabemos que lo esencial nunca es perceptible a simple vista.

Como Parapanda es el summum de la civilización, existe en ella una avenida dedicada a Renata Tebaldi y otra a Ángel Rozas, y un impresionante monumento a la memoria de Cipriano García, además de un precioso parque que lleva el nombre de Palmiro Togliatti y una piscina pública con el nombre de Bruno Trentin compuesto en alicatado en el fondo. El lugar donde todos desearíamos vivir, vamos, y cuyo presidente sería José Luis López Bulla si no fuera porque Parapanda es una sinarquía. De modo que, un servidor, también parapandés, no puede tener el placer de votarle para el cargo. Además, bastante tarea tuvo Pepe Luis en su época de secretario general de las Comisiones Obreras de Catalunya en su época más decisiva.

Sabido es que cuando dos parapandeses se juntan surge una discusión muy viva, incluso acalorada, pero siempre prudente y fundamentada. Esto se ha dado otra vez a raíz de la publicación en mi portal Jaraba Intenet de una nota informativa en la que resumía las declaraciones del papa Francisco relativas a su defensa de la laicidad del estado:

EL PAPA FRANCISCO DEFIENDE EXPLÍCITAMENTE LA LAICIDAD DEL ESTADO

Francisco, en las últimas jornadas de su viaje a Brasil, ha hecho una declaración que no  tiene precedentes en la historia del papado: una defensa explícita de la laicidad del estado, que reconoce a todas las religiones y no adopta ninguna posición confesional. Francisco sostiene que la convivencia entre religiones se ve beneficiada por la aconfesionalidad de las instituciones.

Francisco dijo que “la convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad”. Con ello, el obispo de Roma y primado de la iglesia católica romana se sitúa plenamente en el campo de quienes han venido defendiendo la concepción totalmente democrática del estado y al margen de las posiciones más ultramontanas de la iglesia de Roma, sostenidas aún por algunas conferencias episcopales, entre ellas la española.

Francisco se refirió también a la necesidad de que la política y la economía sean también democráticas: “El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad”.

Hay que notar que las dos declaraciones, tomadas conjuntamente, remiten al lema democrático y republicano “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, ostentado como divisa por los movimientos revolucionarios ilustrados, a los que la iglesia de Roma se opuso continuadamente.

Francisco se refirió también a la tolerancia, bajo la forma del diálogo: “Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia o una sociedad crezca es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y todos pueden recibir algo bueno a cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Sólo así puede prosperar un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por llas otras sin opiniones previas gratuitas. Hoy, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos pierden”.

Si bien desde el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica Romana había adoptado la mayor parte de los principios que inspiran las sociedades democráticas –sin aplicarlos en su propia estructura– esta es la primera vez que un Papa declara explícitamente su adhesión a los principios de la revolución democrática.

(Publicación original en mi web).

Y tras esta publicación, tercia López Bulla recogiéndola en su blog Metiendo bulla, seguida de sus consideraciones:

Querido Gabriel, estoy de acuerdo con lo que escribes sobre Francisco. Y diré algo más: creo que, desde el campo de los intelectuales de izquierda, has sido el primero en situarnos, desde los primeros andares de Bergoglio como Pontífice (el que construye puentes)  –sin papanatería alguna—  el carácter de la personalidad de este hombre.

Francisco ha llamado a la juventud a «armar lío», y como no es un Capitán Araña predica con el ejemplo organizando una fenomenal zapatiesta. Es posible, pues, que veamos cosas interesantes.

A mi juicio, Francisco ha abierto una potente cesura con la doctrinal tradicional de la Iglesia en sus declaraciones sobre la «laicidad del Estado». (¿Te imaginas la cara que pondría Palmiro Togliatti si lo hubiera oído?) Es, por tanto, una ruptura en firme de los vestigios del constantinismo que siempre estuvo en estado de latencia. Más todavía, la relación entre laicidad del Estado y el diálogo inter religioso es además una interferencia contra el resurgir agresivo de los movimientgos fundamentalistas que campan también en el corazón de Europa.

¿Dónde quedan ahora las tesis de Ratzinger, suscritas por Rouco y sus hermanos, acerca del acomodo y supeditación de las leyes civiles a los planteamientos de la Iglesia catóica? ¿Dónde quedan ahora aquellos que voceferan para asegurar su fe?

Y, comoquiera que todavía hay mucho de qué hablar (y más que se hablará porque Francisco dará seguramente mucho más de sí), me pregunto sobre el destrozo que este hombre ha hecho a todos los que, durante siglos –católicos, luteranos, anglicanos, etcétera–  han demonizado al maestro de Sant Andrea in Percussina, Nicolás Maquiavelo.

Querido Gabriel, ¿durará mucho este «nuevo ciclo» que se abre, al menos en Roma y sus ampliosalrededores? Te saluda, con repiqueteos en la espalda, JLLB.

(Publicación original en Metiendo bulla, blog de JLLB).

Atendiendo pues a la etiqueta propia del diálogo parapandés, he respondido así a la interpelación de mi conciudadano, esta vez en una misiva publicada directamente en su blog, titulada significativamente

DEL ANATEMA AL DIÁLOGO

Querido tío Pepe Luis:

Ciertamente, como dices Francisco ha dado un paso al margen del constantinismo que muchos añoran y que Karol Wojtyla quiso recuperar, y con el que sueña gran parte de la conferencia episcopal española. Aunque posiciones semejantes estaban recogidas ya  en la constitución pastoral de la iglesia en el mundo de hoy, emitida durante el Concilio Vaticano II. Tengo en las manos el libro que la recoge, publicado en catalán en 1965, por la editorial Estela de nuestros añorados Alfonso Carlos Comín y Josep Verdura y me doy cuenta de que hay que explicar a los jóvenes que actualmente se sitúan en la izquierda que un día existieron en nuestro país revolucionarios que se reclamaban “comunistas en la iglesia, cristianos en el partido”, según la frase memorable de Comín.  Los actuales gestos y palabras de Francisco ponen en una situación difícil a los ultras de su parroquia –valga la redundancia— y pondrían también en ella a los reanimadores del anticlericalismo de izquierdas si no fuera porque aquellos tienen mejor oído para detectar las amenazas a su status quo.

¿Cuánto durará ese inesperado “aggiornamento”? Muchas gentes laicas creen que no se trata más que de gestos, porque la estructura jerárquica y su autoritarismo no pueden permitir que la iglesia de Roma cambie. Pero yo considero que el rasgo principal de las personas progresistas es precisamente la confianza en que las cosas pueden cambiar.  El “cuanto peor, mejor” conduce siempre a lo peor. Aunque lo de Francisco fueran gestos, en la sociedad compleja (la sociedad de la comunicación) no se da puntada sin hilo: los gestos han abierto nuevos horizontes a menudo insospechados (Gorbachov, Mandela, Obama) y lo que unos consideran mera apariencia otros lo analizan como indicaciones para el diálogo.

Las fuerzas resistentes al cambio suelen identificar mejor la naturaleza de lo que algunos progresistas consideran mera gesticulación. Las sentinas ultramontanas han colocado a Francisco en el punto de mira, y muchos de sus habitantes no tienen empacho en hablar de “sede vacante”, es decir, que no le reconocen como papa. Le consideran entregado a la teología de la liberación e incluso líder de la mítica logia masónica vaticana, en unos delirios basados en el  género literario cultivado por Leo Taxil, los Protocolos de los Sabios de Sión y el supremacismo blanco de la ultraderecha estadounidense. Pero a  ningún progresista le conviene que Francisco fracase, por el mismo motivo que hoy celebramos que Juan XXIII triunfara en cierta medida y por lo menos marcase distancias considerables con Pio XII.

Francisco no es lo que se suele llamar “un cristiano progre” aunque es progresista en ciertos aspectos, como el que ha motivado la información que reproduces, y conservador –o muy conservador— en otros, como él mismo ha aclarado en la última rueda de prensa celebrada durante  vuelo de regreso de Brasil a Roma, respecto a la ordenación de las mujeres, el aborto o la contracepción. Pero ha renunciado a la retórica de enfrentamiento, en esos asuntos y otros, limitándose a reclamarse de la ortodoxia (la ortodoxia actual, provisional). En el caso de las personas gays, por ejemplo, y su renuncia a juzgarlas o rechazarlas, ha sido consecuente con su llamada al diálogo como actitud central. Y es esa actitud dialogante y no beligerante la que puede terminar provocando cambios en las capas más duras de la estructura, pues los partidarios de esos cambios se encuentran dentro de ella. La acogida a los negros que malvivían en naves abandonadas del Poblenou por parte de una iglesia del barrio ha funcionado como una seda, y su rector, el cura periodista Francesc Romeu se ha acogido a la actitud de Francisco para justificarla, sin que del arzobispado haya surgido el menor reparo. Recuérdese lo sucedido hace años con los sin papeles que ocuparon Santa Maria del Mar y los pescozones que sufrieron los rectores de la basílica, mossèn Vidal  y mossèn Bigordà, otrora puntos de referencia de la parroquia de Sant Medir cuyo papel en la fundación de las CC.OO. catalanas fue importantísimo.

La iglesia de Roma deberá cambiar en lo referente a sus ideas sobre la concepción y contraconcepción, el sacerdocio (y episcopado) femenino y tantas otras cuestiones que se presentan como fruto de su magisterio pero cuya justificación teológica es problemática o incluso endeble. Tales cambios no vendrán concedidos desde la cúpula sino inducidos por los miembros de la estructura y por el abandono de la feligresía y, lo que es más importante, por la pérdida de influencia cultural. Y ese proceso de cambio va a beneficiar a todos. No solamente a los laicistas, que se librarían de presiones indebidas sobre el legislativo y el ejecutivo, sino a los propios creyentes de otras denominaciones, puesto que una consideración más positiva del catolicismo por parte del cuerpo social atraería la atención del público sobre la fe cristiana.

Los “soldados derrotados de Montini”, como se definió Jordi Pujol respecto a su condición de católico en pleno wojtylismo, nos alegraremos de una evolución semejante, incluso, como es mi caso, desde referentes católicos no romanos. Los beligerantes del integrismo lanzarán, de momento, una guerra de guerrillas para hacer tropezar a Francisco con sus propias palabras y acciones. Es de esperar que los puristas de la izquierda laica no ayuden, con la amplitud de miras que les caracteriza, a la tarea de zapa que se elabora en las sentinas ultramontanas. Para ello hay que confiar en el cambio y apoyarlo, porque no puede hacer más que beneficiarnos a todos.

(Publicación original en Metiendo bulla).

De momento, el diálogo entre el sindicalista y el periodista ha quedado aquí, en espera de que tercie otro parapandés o vecino de las tierras cercanas. Su utilidad pudiera ser poner en evidencia que mientras en el Vaticano suceden cosas que pueden influir de un modo u otro en la conciencia de gentes de todo el planeta en cuyas manos está conseguir que otro mundo sea posible, las izquierdas están mirando hacia otro lado, olvidando que se puede pasar “del anatema al diálogo” como sucedió hace 50 años, según el título de un libro de Roger Garaudy, pionero entonces del diálogo cristiano marxista, y que mi tío Pepe Luis ha utilizado para titular mi respuesta.

Nota bene: los parapandeses somos gente sensata y prudente pero no por ello menos afectuosos. Por eso, los de edad comparativamente menor solemos llamar tío a nuestros mayores, y ellos, a su vez, nos consideran sus sobrinos. Son signos de buena crianza inscritos en una profunda creencia: el género humano es la internacional.

(Continúa el diálogo. Turno: López Bulla)

DE PARTE DE MAQUIAVELO AL PAPA FRANCISCO

Las declaraciones de Francisco sobre la laicidad del Estado, contra la corrupción y el llamamiento a la juventud para que «arme lío» de rotundo contenido rupturista no han tenido igual correspondencia con relación al papel de la mujer en el seno de la Iglesia. Es, pues, lógico que el entusiasmo femenino no tenga el mismo diapasón que el demostrado por otros sectores. Me ahorro explicar el carácter y la amplitud de las declaraciones de Francisco pues han sido magníficamente relatadas por el maestro Gabriel Jaraba en  Del anatema al diálogo.
Cierto, Francisco es conservador a la hora de abordar la «cuestión femenina en la Iglesia». Que es como decir la igualdad de hombres y mujeres en una concreta comunidad. Para un no creyente como un servidor es un problema –otro más, naturalmente–  de democracia real. Más todavía, una cosa es (como es mi caso) estar al margen de las religiones y otra ser indiferente a la naturaleza (autoritaria o democrática) no tanto de las religiones como de las estructuras eclesiásticas de éstas. No soy, pues, indiferente a esto último.
Ahora bien, una persona que ha puesto encima de la mesa la cuestión de la laicidad del Estado es un renovador de mucho alcance que ha eliminado una potente «creencia muerta» y potencialmente lo puede ser más todavía. Algo de eso dijo Maquiavelo: «Porque un cambio siempre deja abierto el camino para otro» (1). Suponemos que Francisco ha leído a Maquiavelo, aunque desconozco si forma parte de la legión de compañeros de cofradía que denigraron ad nauseam al famoso secretario florentino. Abro paréntesis, también –desde la acera de enfrente–  algunos compitieron con el ardor guerrero de los jesuitas: «Uno de los argumentos de la acusación que en el curso de los procesos de Moscú formuló Viscinsky, el gran acusador, en su alegato contra Kamenev, quien había sido embajador de la URSS en Roma y que se había apasionado con la lectura de Maquiavelo, fue el haber escrito un prefacio de El Príncipe» (2). Cierro paréntesis.
Pues bien, si Francisco ha leído sin prevenciones a Maquiavelo también recordará aquello de «Porque el que introduce innovaciones tiene como enemigos a todos los que se beneficiaban del ordenamiento antiguo, y como tímidos defensores a todos los que se beneficiarán del nuevo» (3), una máxima que vale para todas las organizaciones religiosas y laicas. O sea, Francisco debe estar al tanto. De los primeros –esto es, de los enemigos—  podríamos decir con el florentino que «estas fracciones nunca se mantendrán pacíficas mientras tengan sus propios cardenales».  Y de los segundos tampoco debe olvidar que históricamente algunos tímidos defensores se convirtieron andando el tiempo en unos chaqueteros, pongamos que hablo de Woytila y Ratzinger, centristas en el Vaticano II y extremistas en el post concilio.  Visto lo visto, Francisco debe proceder, la forma es cosa suya, a una profunda renovación organizativa de toda la institución. Porque lo que ha dicho en Brasil puede haberse visto como un casus belli  no sólo por el fenómeno curial sino por el epifenómeno de órdenes religiosas, congregaciones y hasta por sacristanes ya sean de pueblo o de capital.
Seamos claros: de la formulación sobre la laicidad del Estado se desprenden consideraciones de mucho ringorrango. No es un planteamiento abstracto. Es tan concreto que, por ejemplo, nos interpela a nosotros a preguntar: así las cosas, de las que nos felicitamos, ¿qué carácter debería tener el Estado Vaticano? ¿No sería coherente, tras lo dicho por Francisco, que el Vaticano desapareciera en tanto que Estado?
Francisco, en su condición de Papa, es un hombre poderoso. Pero, también le es aplicable lo que aconsejaba Tácito en los Anales XIII.19: «Que no hay nada más débil e inestable que la fama del poderoso que no nace de su propia fuerza». De lo que se desprendería lo siguiente: debe usar la verticalidad no democrática de la Iglesia para construir gradualmente un sujeto plenamente democrático.
De los apoyos que reciba Francisco dependerá si se abre un «nuevo ciclo» o no. De momento las navajas de Albacete parecen estar en alto contra Francisco: algunas guildas vaticanas y sus franquicias en el exterior intentarán impedir este nuevo itinerario que plantea, en diversos campos, el papa Bergoglio. Y no está descartado que, visto lo visto, pueda reproducirse la maniobra que puso en marcha la curia contra Celestino V encumbrando al sinvergonzón de Bonifacio VIII.

Notas

(1)  Nicolás Maquiavelo. El Príncipe, Capítulo II. Colección Austral, página 38.

(2)   Giuliano Procacci. Introducción El Príncipe. Colección Austral. Página 10

(3)   Nicolás Maquiavelo. El Príncipe, Capítulo VI. Colección Austral, página 57.

Benedicto XVI ha dimitido pero aún no ha sido derrotado

Benedicto XVI

La noticia de la dimisión de Benedicto XVI me ha entristecido pero no sorprendido. La figura de este papa pasará a la historia como una de las más interesantes en la historia de la Sede de Pedro. Y digo interesante más allá del sentido ligero del término; el Joseph Ratzinger obispo de Roma suscitará el interés de los hombres futuros porque su figura responde a un tiempo turbulento y confuso en el que las categorías y filtros mentales utilizados desde el siglo XVIII no sirven para abordar y comprender lo que sucede ahora.

No sé si Benedicto XVI será considerado como “el papa incomprendido”. Si que creo que es ahora mismo el papa vencido. No sé si derrotado, y esta derrota no me gustaría nada, aunque bien pudiera ser que de esta dimisión surgiera un momento que diera paso a lo que intuyo que Benedicto deseaba.

Joseph Ratzinger fue recibido cuando su exaltación a la suprema cátedra con acusaciones y epítetos que oscilaban entre una visión sesgada de su personalidad y el mero mal gusto. “Pastor alemán” o joven hitleriano le llamaron, unos por la valoración negativa de su papel al cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe y otros por afán de presentar como filonazi a un joven que hubo de militar obligatoriamente en las juventudes de una dictadura, aunque él y su familia mantuvieron resistencia ante el régimen. Más recientemente, los agudos observadores de la actualidad quisieron mostrarle como la punta de la pirámide de los escándalos de pederastia en la iglesia católica, cuando fue él mismo quien se empleó a fondo a desarticular tales prácticas. El mundo ilustrado y progresista pagará con creces su falta de visión ante el fenómeno religioso en forma de incapacidad de abordar las realidades del siglo XXIl . Y de hecho ya la está pagando, desde su perplejidad ante el ascenso del islamismo político con la revolución de Jomeini hasta su incapacidad de calibrar el riesgo de un posible Afganistán a dos horas de avión de Europa. Esta miopía deja inerme a la democracia, y el anticlericalismo decimonónico, matriz de tal defecto de visión, también, pues priva de percibir matices que impidieran caer en la doctrina del “cuanto peor, mejor” que ha llevado a las tendencias ultraizquierdistas al dogmatismo estéril y la inoperancia, cuando no a algo peor.

En sus años de papado, Benedicto XVI ha librado una batalla contra lo peorcito de la estructura vaticana y se ha ganado enemigos de tal calibre que sorprende el aguante que ha tenido el hombre, muy mayor, en medio de conspiraciones que superan la imaginación de los autores de bestsellers. Descabezar a los Legionarios de Cristo a raíz de la pederastia y mandar a su líder a retiro no es cosa baladí. Tomar decisiones que afectan a grupos muy consolidados para evitar la proliferación de la pederastia ha tenido un efecto perverso: se ha hablado de esta práctica criminal más que nunca durante su papado, haciendo creer que era este momento de la iglesia el que lo favorecía cuando en realidad la porquería salía a la superficie por propia decisión del papa. La mirada frívola de la opinión pública ilustrada ha obrado el milagro de la conversión de la virtud en mierda; han criticado ferozmente precisamente al único hombre capaz de terminar con la lacra, decididamente dispuesto a ello.

Y tras la lacra de la pederastia lo que Benedicto ha combatido era lo que salía a la luz en ristra: dinero, poder, desprecio por la humanidad. El obispo de Roma se ha encontrado finalmente solo y rodeado de cuervos, con los lobos aullando a las puertas de su sede, en sus propias palabras. El último suceso judicial vaticano fue el colofón: el papa se ha quedado solitario y desarmado ante las fieras, que estaban dentro y no fuera. La dimisión es un último gesto de gallardía y lucha, para morir fuera del alcance de sus dentelladas pero sin desistir de la misión.

La dimisión de Benedicto XVI es una mala noticia para todos. Porque se debe a la derrota de quienes han deseado, por una vez, abatir a los lobos y acabar con la podredumbre. Quienes la celebren desde la democracia lo lamentarán. Nunca una iglesia católica cerrada en si misma y reacia al cambio ha ayudado al avance de las libertades. Eso es la perversión del “cuanto peor, mejor” ultradogmático, que conduce al inmovilismo y a la perpetuación del estado de cosas. Las cosas han cambiado cuando la iglesia ha dialogado con los movimientos progresistas, como con Juan XXIII y Pablo VI, con el movimiento de los curas obreros, el diálogo cristiano marxista, el diálogo intelectual con la modernidad. Pero los ultradogmáticos creen que vivimos aún en el siglo XIX o inicios del XX, haciendo la vista gorda ante las grandes transformaciones de los años 60 y 70 que rompieron barreras y abrieron espacios de comunicación. Les es más cómodo pensar en el Ratzinger “inquisidor” que en el Benedicto renovador. Pagaremos cara todos, repito, esa incomprensión de algo que no afecta únicamente a los fieles de esa iglesia sino a toda la ciudadanía.

Un servidor es cristiano pero no formo parte de la iglesia de Roma sino de la Iglesia Española Reformada Episcopal, una iglesia reformada y católica a la vez que participa de la Comunión Anglicana. Pero el Joseph Ratzinger autor de libros muy profundos sobre la fe me interesa y me conmueve tanto como lo hace Romano Guardini. Como anglicano y partidario de una tercera vía entre catolicismo y protestantismo “clásicos”, no puedo aceptar la visión del papado que tiene la iglesia romana por problemas de conciencia y discrepancias teológicas. Pero mi adhesión personal a Benedicto XVI está por encima de cualquier otra circunstancia. Porque ha sido valiente, luchador y bienintencionado. Quiero pensar que aún no ha sido derrotado. Veremos aullar a los lobos con más fuerza pero habremos podido ver que el papa ha luchado contra ellos.

¡Bon Nadal!

Desitjo un Bon Nadal a tots els lectors d’aquest blog.

Glòria a Déu a dalt del Cel, pau a la Terra a tota la humanitat.

Llibertat, Igualtat, Fraternitat. Pau, Raó, Tolerància.

Allah Akbar. Carta a un amigo musulmán

Por José Ignacio González Faus, S.I., en el blog de Cristianisme i Justícia.

Querido Yaser: “Dios es el más grande”. Los cristianos agradecemos ese grito vuestro que nosotros olvidamos a veces.. Pero me parece imprescindible completarlo con otro más clásico: “sólo Dios es grande”. Pues si me limito a decir que Dios es “el más grande” establezco una jerarquía de grandezas y, en la medida en que me creo cerca de Dios, puedo sentirme yo más grande que otros…

En cambio, mira qué pasó en el funeral de Luis XIV de Francia llamado “el Grande” (un dictador de la época en que las naciones europeas se parecían a lo que últimamente eran Túnez, Egipto, Libia o Siria antes de las revueltas; pero entonces soportábamos más esas tiranías a cambio de que engrandecieran nuestro país halagando los sentimientos nacionales). Luis XIV gobernó durante casi cuarenta años como Franco. En su funeral,  la capilla estaba repleta de letreros que repetían infinidad de veces: “Louis le Grand”. Llegó la hora del sermón, subió al púlpito el predicador y comenzó diciendo: “Sólo Dios es grande”… Se hizo un silencio tenso e inmenso, pero imaginable: porque sugería  que si sólo Dios es grande, todos somos  iguales ante Él y el rey Luis era un ser humano más.

Dios es grande; pero no el mayor entre otros muchos grandes, sino el único que merece ese adjetivo. Y no cabe que nos endiosemos por creernos más fieles o cercanos a Él. Encontrarás eso en Ibn Arabí, en Rumí y en varios místicos musulmanes. En cambio, debo confesarte que me escandaliza ver a terroristas islámicos disparando sus metralletas al grito de Allah akbar: se sentían, como Dios, señores de la vida y de la muerte. Y al revés: me enternecí, y os lo agradezco profundamente, cuando vi que musulmanes egipcios se colocaban voluntariamente como “escudos humanos” para proteger a los cristianos de ataques del integrismo islámico. Ojalá cristianos y musulmanes podamos saludarnos en el futuro diciéndonos simplemente “sólo Dios es grande”; y ese saludo nos ponga a todos en nuestro sitio.

Te comento una segunda cosa con que me voy tropezando últimamente. Muchos cristianos europeos nos sentimos incomprendidos y tachados de ingenuos por cristianos que viven en países musulmanes y nos dicen que aquí se os concede toda clase de libertades mientras ellos soportan persecución y maltrato en infinidad de países islámicos. Ante esa queja oí una vez a un cura catalán responder: nosotros no queremos tratar a los musulmanes “tal como ellos nos traten a nosotros”, sino aplicando el principio evangélico: “trata a los demás como querrías que ellos te tratasen a ti” (Lc 6,31). Sabemos que esto es más arriesgado, pero creemos que será lo único fecundo.

Finalmente quería contactar contigo para comentar todo lo que, desde el pasado febrero está sucediendo en muchos países árabes. Para nosotros occidentales puede ser satisfactorio que esos países lleguen a la democracia y busquen realizar los ideales de Occidente. Pero, si queréis un consejo, imitad sólo nuestros ideales, no nuestras conductas. Pues éstas nos han vuelto profundamente hipócritas por la cantidad de veces que han traicionado nuestras bellas palabras de libertad, democracia, igualdad, justicia social o fraternidad… Por intereses económicos hemos alentado y sostenido a muchos de vuestros tiranos para asegurar nuestro petróleo. Y vendimos armas a vuestros dictadores, a los que luego bombardeamos…

Hemos procedido siempre como si hubiéramos dicho: cumpliremos los grandes ideales de Occidente sólo en la medida en que no frenen o amortigüen nuestro afán de riqueza y nuestra obsesión por crecer en bienestar material. Tened esto en cuenta a la hora de buscar vuestra libertad, para no caer en la ambigüedad de nuestro Occidente que atrae por sus ideales pero demasiadas veces repugna por sus conductas contrarias a ellos (como la conducta de Europa con África desde el comercio de esclavos en el XVIII hasta el colonialismo del XIX y XX, típico de nuestra Modernidad).

Más allá de nuestras bellas palabras, Occidente ha querido ser grande con la grandeza del dinero. Y parodiando una palabra de Jesús de Nazaret: “no se puede servir a la libertad-igualdad-fraternidad… y al dinero”. Elegir lo segundo no nos ha hecho más grandes ni más felices. Ojalá vosotros consigáis realizar los ideales de vuestras pasadas revoluciones por caminos distintos de los nuestros. Quemar un Corán o pintar una caricatura de Mahoma es una falta de respeto que no acredita a quien pretende ser un demócrata. Pero que como respuesta a esa ofensa se realice un atentado donde mueren ocho personas inocentes, ofende a Allah mucho más que la quema del Corán. Prefiero la imagen de aquella mujer musulmana con velo, acariciando impotente la lápida de uno de los monjes asesinados en Argelia.

Y queda la eterna pregunta: ¿quién era más musulmán o mejor persona religiosa: aquella sencilla mujer o los miembros del GIA que asesinaron a los monjes al grito de Allah akbar?. Un abrazo y seguimos otro día.

Un protestant català, a seduïr el Vaticà

La mostra Gaudí i la Sagrada Família: art, ciència i espiritualitat, que ha estat presentada al Vaticà i que hi serà present fins mitjans de gener, està comissariada per l’historiador de l’art Daniel Giralt-Miracle. Giralt-Miracle no només és una de les figures més meritòries de Catalunya en el seu camp sinó que és un destacat membre de l’església protestant catalana. Els organitzadors de la mostra han expressat la seva intenció de “seduïr el Vaticà” amb ella, però cap mitjà de comunicació ha esmentat que aquesta tasca de seducció de la capital catòlica universal va a càrrec d’un protestant. A mi, personalment, m’alegra molt, per l’admiració que sento per Giralt-Miracle i pel que diu a favor de l’Arquebisbat de Barcelona i la Fundació Joan Maragall. Però m’agradaria que el protestantisme català tingués una presència pública i institucional molt més rellevant, d’acord amb la seva dignitat i valor.

BIENVENIDOS A MI BLOG

DR. GABRIEL JARABA
Doctor en Ciencias de la Comunicación y Periodismo.

Soy un periodista senior en ejercicio desde 1967, con experiencia en prensa, radio, televisión e internet. Me dedico a tareas académicas y de activismo social como Doctor en Ciencias de la Comunicación y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente sirvo como profesor en esa Universidad; en la Cátedra Internacional UNESCO Unaoc UniTwin de Alfabetización Mediática y Diálogo Intercultural, la Cátedra UNESCO de MIL para el Periodismo de Calidad, la Cátedra RTVE-UAB para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital y en el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB.

Soy analista de la información y los medios en la Fundació Periodisme Plural y escribo en el diario Catalunya Plural. Hago investigación en comunicación, en redes sociales de internet y en humanidades digitales. Elaboro métodos de impulso de la creatividad y de gestión mental.

Autor de los libros Periodismo en Internet (Ed. Robinbook); Twitter para periodistas (Ed. UOC); Youtuber (Ed. Redbook) y ¡Hazlo con tu smartphone! (Ed. Redbook) y coautor de otras obras sobre comunicación y educación.

Como ciudadano promuevo el apoyo a Naciones Unidas en la perspectiva de Una Sola Humanidad, como colaborador de la ONG internacional World Goodwill – Buena Voluntad Mundial.  Soy miembro de la European Transpersonal Association y del Institut de Psicologia Transpersonal de Barcelona. Propongo un universalismo inclusivo basado en el humanismo y desde el catolicismo que ejemplifica el papa Francisco, y soy feligrés de la parroquia de Santa Anna.

Entre los 50 mejores blogs periodísticos

GABRIEL JARABA BLOG ha sido incluido en la relación de 50 blogs para periodistas sobre periodismo en español, publicada por eCuaderno.

Analista de la información y los medios en:

AL RANQUING DE PERIODISTES I COMUNICADORS CATALANS CURAT PER SAÜL GORDILLO

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SOY PROFESOR E INVESTIGADOR EN:

CATEDRA UNESCO DE MIL Y PERIODISMO DE CALIDAD

GABINETE DE COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN UAB

Profesor e investigador

UNIVERSITAT AUTÒNOMA DE BARCELONA

MASTER EN COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN

MENTOR

CERTIFICACIÓN PROFESIONAL EUROPEA EN PSICOTERAPIA Y PSICOLOGIA TRANSPERSONAL

junio 2019
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