archivos

Sabiduría

Esta categoría contiene 8 entradas

Un breve paseo por el amor y la muerte

De vuelta a casa tras ocho días de hospital para una intervención de cáncer de colon, uno se da cuenta de que nada volverá a ser como antes. Por más cómoda que sea la vida que disfrutamos en este rincón del mundo no hay nada como situar a una persona ante la evidencia de la muerte no como posibilidad o como ejercicio filosófico sino en tanto que pasaje vital inevitable para que las cartas se pongan boca arriba y cada uno muestre cuál es su manera de caminar por esta vida. Tendré tiempo de escribir sobre esto, largo y a fondo, pero de momento me quedo con una sensación de profundidad, de haber llegado a un punto en el cual uno puede tocar lo que llamamos realidad de un modo esencial y rotundo.

No es el problema de morirse, que por cierto no es un problema, pues cada ser humano sin excepción lo hace de manera inevitable desde que el mundo es mundo; ni siquiera es el problema de vivir de manera adecuada y conveniente al tener en cuenta la impermanencia de todo lo existente, cosa que han enseñado de manera excelente los sabios de oriente y occidente. Me temo, incluso, que la cosa va más allá del sentido de la vida que cada cual pueda hallar o concederle, de sostener una motivación, estímulo o justificación para seguir avanzando por el sendero de los vivos. La revelación fehaciente de la propia mortalidad y todo lo que ello implica es mucho más, que no es poco, la asunción de la mismísima condición humana –como tan bellamente relata la película El hombre bicentenario— porque la muerte, valga la paradoja, es algo que va más allá de la vida; el vértigo que produce la mayor o menor inminencia de la desaparición física no es otro que el que suscita la posibilidad de enfrentar algo que resulta indescriptible a la mente convencional, inaceptable al comportamiento habitual, inasumible para la concepción del mundo establecida. Me temo que si a algunos de quienes se interesan por si hay “vida después de la muerte” se les garantizara tal posibilidad la consecuencia sería un pavor descomunal más terrorífico que la perspectiva de la desaparición total.

Gracias a la inevitabilidad de la muerte y al proceso de morir al ser humano le es regalada la posibilidad de tocar el infinito con la punta de los dedos. La muerte sitúa a todos los humanos en un estricto plano de igualdad, no admite negociación ni trueque; es total y rotunda. La muerte nos hace humanos porque nos hace finitos y hermanos: nos coloca en el lugar que nos corresponde.  Y nos sitúa al borde de un precipicio para obligarnos a mirar hacia el infinito, hacia un más allá que no es necesariamente la continuidad de la conciencia en un plano distinto de existencia sino las más de las veces un interrogante urgente relativo al sentido, la ética, el amor, el servicio y el provecho de la vida que nos es regalada sin merecerla.

Me detengo aquí porque en los próximos días, semanas y meses me toca escribir abundantemente sobre este asunto, pero también porque me contengo ante el riesgo de pisar terreno metafísico. Saben nuestros sabios de la antigüedad clásica, como lo saben los sabios budistas y cristianos, que la conciencia de la muerte es la mejor didáctica para una vida justa y buena. Si fuéramos verdaderamente conscientes de que la vida no nos pertenece, que no tenemos ningún poder sobre ella, que es un regalo inmerecido y que es más fugaz que un soplo seríamos capaces de vivir caminando por el filo de la navaja (me asombra, dicho sea de paso, la gran aceptación que aparentemente tiene el budismo en occidente, dado que sus santas enseñanzas se basan en la evidencia de la impermanencia y la muerte, y no me atrevo a asumir que la conciencia de esa evidencia haya hecho mella real en la mentalidad occidental, siquiera en la de los buscadores sinceros; es un hueso demasiado duro para la dentadura moderna y postmoderna).  Pero el asunto va más allá y alcanza, de una parte, al verdadero arte de vivir, a la posibilidad de llevar una vida justa y buena; de otra, al sentido de ese vivir, y aún más allá, a la posición de esa vida en un plano necesariamente trascendente, necesariamente porque paradójicamente, esa desaparición física que para los materialistas es prueba de ausencia –ausencia de conciencia, ausencia de trascendencia– es para un servidor, precisamente, indicador claro de apertura a algo que podemos llamar infinitud a falta de mejor nombre y que a mi entender su inaprehensibilidad es prueba de verosimilitud: si puedes nombrarla, no es ello, del mismo modo que si puedes concebirlo, no es Dios.

Este abordaje apofático es el mejor preventivo para las resbalosidades metafísicas y una armadura de humildad necesaria en semejante menester. Un breve paseo cerca del amor y la muerte, parafraseando a John Huston, me ha servido para arrancarme cualquier reparo al respecto. El hombre es libre porque debe morir; la muerte no es final sino inicio; el destino del hombre es la infinitud; el hombre está hecho para la libertad; la vida es el fruto directo y consecuente del infinito y rebosante amor de Dios (mala palabra para designar lo indesignable pero para la que no hay mejor sustituto). Y entonces hallas la evidencia íntima y sentida de ese amor e inmediatamente desaparece el miedo.

Feliz Navidad con Chesterton

Este año quiero felicitar la Navidad a los lectores de mi blog con un fragmento de Gilbert Keith Chesterton, el gran escritor cristiano inglés que hizo observaciones muy profundas e inusuales sobre la tradición de la natividad de Jesús. Como esta:

“Cualquier agnóstico o ateo que en su niñez haya conocido la auténtica Navidad tendrá siempre, le guste o no, una asociación en su mente entre dos ideas que la mayoría de la humanidad considera muy lejanas entre sí: la idea de un recién nacido y la idea de una fuerza desconocida que sostiene las estrellas. […] Para esta persona, la sencilla imagen de una madre y un niño tendrá siempre sabor religioso, y a la sola mención del terrible nombre de Dios asociará en seguida los rasgos de la misericordia y la ternura. Pero las dos ideas no están natural o necesariamente combinadas para un griego antiguo o un oriental, como el mismo Aristóteles o Confucio. […] Ha sido creado en nuestras mentes por la Navidad porque somos cristianos, aunque sólo sea psicológicamente y no en un plano teológico. En otras palabras, esta combinación de ideas, en frase muy discutida, ha alterado la naturaleza humana. Realmente hay una diferencia entre el hombre que la conoce o no. […] Es un hecho patente acerca del cruce de dos luces particulares, la conjunción de dos estrellas en nuestro horóscopo particular: la omnipotencia y la indefensión, la divinidad y la infancia, forman definitivamente una especie de epigrama que un millón de repeticiones no podrán convertir en un tópico. No es descabellado llamarlo único. Belén es, definitivamente, un lugar donde los extremos se tocan”. (El hombre eterno, cap.10).

Alguien podría argumentar, siguiendo al inolvidable creador de las aventuras del padre Brown, que por ese camino podemos llegar a la combinación de sabiduría y compasión que propone como summum bonum el budismo tibetano, o a la unión de piedad y caridad que practica el musulmán, sikh o jaina. Yo me atrevo a señalar que la verdadera singularidad del cristianismo en el conjunto de la herencia espiritual de la humanidad entera es el perdón, con su radical distinción ética. Pero Chesterton va más allá: si Belén es donde los extremos se tocan, allí es donde se realiza la unión entre Alfa y Omega: Cristo es eso. Por eso el cristianismo encierra todo el potencial esotérico de cualquier tradición espiritual digna de tal nombre: porque ese Alfa y Omega proclama que el infinito puede tocarse con la mano mediante el perdón, que es el fruto de la omnipotencia inseparable de la indefensión, paradoja insuperable y apabullante. Quien desee ser poderoso no podrá comprenderlo y quien albergue un afán de revancha tampoco. Esa era la enseñanza espiritual suprema que, certeramente, Jesucristo afirmó que los adultos y los sabios no pueden entender y que los niños y los simples practican.

Que la luz de Belén os ilumine a todos esta Navidad y el próximo año 2018.

Imagen: La adoración de los pastores, por Matthias Stommer.

Obra de y sobre G. K. Chesterton

Encara no hem entés l’enorme aportació de Kilian Jornet a l’alpinisme

Walter-Bonatti

No s’està valorant prou l’enorme aportació de Kilian Jornet a l’alpinisme. Jornet no és només un ultratrailer, un esportista d’altíssima performance dotat de condicions físiques excepcionals. No és un noi que corre ràpid i amb gran resistència per la muntanya com podria fer-ho per qualsevol altra superfície natural o fins i tot artificial. Kilian Jornet no és un corredor, és un alpinista integral. I no és només un esportista, és un humanista de cap a peus.

Amb la seva ascensió ultraminimalista a l‘Everest (Chomolungma en la cultura local, que vol dir Deesa Mare de les Neus) Kilian Jornet ha mostrat molt clarament quin és el seu propòsit: tornar l’alpinisme a la seva essència. L’ultraminimalisme jornetià no és la recerca d’un més difícil encara sinó una actitud del.liberada i conseqüent: retornar l’alpinisme a una senzillesa equànime i elegant que mantingui en primer pla el protagonisme del diàleg entre l’home i la muntanya.

Kilian Jornet ha revolucionat el món de l’alpinisme d’una manera silenciosa per bé que les seves proeses són espectaculars. Ho ha fet generant una actitud filosòfica que, seguint Salvador Pániker, podriem anomenar retroprogressiva: retornar a l’origen com a actitud de progrés, havent aprés de tot el que ha passat però buscant una essència primigènia que passa per la recerca d’una senzillesa original. Trobem aquesta actitud retroprogressiva en el zen, el taoísme i alguns artistes plàstics moderns, com Klee, Kandinski i Miró.

Kilian no està sol en aquesta actitud, que ha generat igualment una nova concepció de l’escalada amb la nova escalada esportiva, que mira de prescindir al màxim de material, fins i tot corda, i busca l’adaptació màxima del cos i la ment de l’escalador a la roca, tant amb adherència com posturalitat. Els estreps, burins, bongs i escàrpies ja són reliquies i el que abans semblava imprescindible ara es mostra com a innecessari. Igual que el subministre d’oxígen a vuit mil metres, les cordes fixes o la concepció estratègica col.lectiva de les grans expedicions. Tornem a l’esperit dels temps de Whymper i Saussure.

La filosofia de l’alpinisme ha estat mal compresa i pitjor explicada. Amb laconisme i pragmatisme anglosaxó, algú va dir que calia pujar a una muntanya “perquè és allà”. Els francesos van afinar una mica més i van anomenar la pràctica “la conquesta de l’inútil”. En realitat, l’alpinisme és el model de l’exploració postmoderna per excel.lència; l’exploració moderna buscava tocar les fronteres, realitzar el descobriment, guanyar espai per a l’home (Auguste Piccard, amb batiscaf i globus va ser el darrer explorador modern) però l’exploració alpinística és la recerca de la condició humana desprovista de tot atribut: és l’exploració de la ment. Els alpinistes veterans com Jordi Pons, Josep Manuel Anglada, Elisabet Vergés i Carlos Soria es troben ara mateix abocats a aquesta comprensió.

L’alpinisme en orientació retroprogressiva busca despullar-se de tot el que no sigui un diàleg nu i radical entre l’home, la natura i la condició humana essencial. És una recerca extrema de la humanitat, igual que el zen, el dzogchen, l’art o la poesia. No es preocupa de la tècnica sinó de la resposta psicofísica, no s’ocupa del viatge extern sinó de l’intern. No raona en termes tecnoesportius sinó filosòfics i poètics; hi ressonen la passió per caminar dels grecs peripatètics o de Henry David Thoreau. De fet, per entendre Jornet cal llegir o rellegir Thoreau i Ralph Waldo Emerson i redescobrir el seu transcendentalisme. En aquesta manera de mirar retrobarem l’esperit dels grans alpinistes que van inspirar la nostra joventut, com l’immens Walter Bonatti, Lionel Terray, Kurt Diemberger, Reinhold Messner, Lino Lacedelli i Riccardo Cassin. Reviurem l’emoció de la lectura d’“El primer de la cordada”, de Roger Frison-Roche i ens adonarem que va haver un home que es deia Lluís Estasen. No es enyor romàntic de temps passats i Kilian Jornet ens vacuna contra aquesta malenconia. És un retorn a l’essència original i posar l’alpinisme novament sobre els seus peus.

Caldria ara que els alpinistes que vulguin i puguin deixin de banda aquest antiintel.lectualisme popular que malfia de la reflexió sobre el que un fa i esbrinessin què podem aprendre tots plegats d’aquest noiet.

Fotografia: Walter Bonatti

12 cosas que tengo que recordar en 2017 para vivir con sensatez

arcoiris-en-nieve

1.  El éxito es despertarte cada día y comprobar que estás vivo. Todo lo demás es propina.

2. Uno mismo es responsable de generar ganas de vivir e ilusión por la vida. Por eso debe existir el derecho a morir dignamente escogiendo la forma y momento de abandonar la vida.

3. Yo no puedo decirles a otros que sientan la ilusión de estar vivo que siento yo, porque no soy ellos ni vivo lo que ellos. Pero puedo estar ahí, bajo la luz del cielo, mostrando que la esperanza es posible y además, necesaria.

4. Nada es lo que parece, lo esencial está oculto a la simple vista. El mundo es, por tanto, nuevo a cada instante, a condición que haya una mirada atenta que sepa descubrirlo.

5. Si estás en un momento en que dudas sobre cómo orientar tu vida, estudia o aprende algo. Matricúlate o apúntate en cursos formales o informales, explora la adquisición de una habilidad que ahora no tienes. Porque el aprendizaje como modo de vida es una de las mejores maneras de vivir.

6. Todo el mundo tiene una buena razón para hacer lo que hace. En su fuero interno, cada cual cree que está haciendo lo mejor. Eso no impide que haya que detener a quienes objetivamente hacen el mal.

7. Hay gente que cuando mira un bosque sólo ve toneladas métricas de leña. Hay gente incluso que cree que esa consideración es científica y le llama a eso producción de conocimiento.

8. “La emancipación de los trabajadores sólo puede ser obra de los trabajadores mismos”. Del olvido de esta antigua frase vienen todas nuestras desgracias.

9. La educación es la única posibilidad de salvación de unos jóvenes a los que se quiere condenar a ser un nuevo lumpenproletariado, con móvil, televisión y zapatillas de marca.

10. Una vida que no esté animada por un sueño, una ilusión, una utopía o una leyenda que se consideran más reales que cualquier otra cosa no vale la pena de ser vivida.

11. Cuando discutimos de política sale a la luz lo peor de nosotros. Y sin embargo la política es la más noble actividad humana. Deberíamos ser capaces de corregir este digamos desequilibrio.

12. Nadie puede vivir nuestra vida por nosotros ni podemos vivir la vida de otros por compasión. Pero podemos ayudarnos unos a otros, que no es poco.

Periodistes que moren: la fraternitat no es trenca

Peiro

Gairebé mai escric sobre la mort de companys de professió, personatges que he conegut o, sobretot amics personals, que a més poden pertànyer a les dues categories anteriors. Ja vaig haver de fer-ho per obligació quan treballava a El Periódico, començant per  Xesco BoixGato Pérez, i no ho he tornat a fer mai més, amb una sola excepció, Josep Pernau, perquè era un dels meus tres mestres (un altre fou Josep Maria Huertas Claveria, i aquí ja no vaig tenir esma; Josep Maria Cadena, persona única a la meva vida, encara és feliçment viu).

A mesura que un es va fent gran aquest degoteig de desaparicions sovinteja i l’agenda es va buidant de telèfons que ja no responen. Alguns alumnes meus es sorprenen quan els dic: “Es que una gran part dels meus amics són morts” i em planyen. No; no escric dels amics que han mort perquè no tinc nostàlgia. Ben al contrari, i no és contradictori: tinc una memòria ferma i viva del passat, però per res del món voldria que tornés. Els meus amics són vius a la meva memòria i al meu cor, perquè recordar es “re-cordar”, tornar a passat pel cor (cor, cordis, en llatí). Crec en la continuïtat de la consciència, o com dèiem abans al Credo, en “la vida eterna” (per mi no és abans sino ara, el pronuncio cada dia). No hi ha enyorança ni nostàlgia en el meu record sino tendresa.

I un nota que encara es fa més gran quan els mitjans li demanen declaracions sobre la desaparició d’un coetani. Ahir em va passar amb la mort de Julià Peiró, el gran cronista de la nit, la faràndula i la frivolité, que va arribar a ser la figura més destacada de la crònica nocturna de Barcelona (gènere avui desaparegut). Txerra Cirbiàn, vell amic i redactor d’El Periódico, hi va reproduïr una declaració meva en el diari del qual Julià i jo vam ser fundadors probablement perquè considerava significatiu el que un company d’aquella generació redaccional pogués dir.

Quina sensació més estranya. No per lloar la memòria d’un amic desaparegut sinó perquè, de manera molt subtil, un és percebut com algú que és més aprop dels que són allà que dels que són aquí. Aixi, és com si un pertanyés ja més al món dels que son morts, vist com algú especialment agermanat amb els qui ja no hi són. Que se’m entengui: quan algú em diu “en els teus temps…” sempre responc: “el meu temps és aquest, el passat ja no existeix, el que m’apassiona és ara mateix”. Estic molt ocupat en totes les coses apassionants que passen ara i estic sempre amb gent jove, gairebé mai de la meva edat. La meva memòria és per a que l’aprofitin els joves si volen, i si no, també està bé, doncs cadascú s’equivoca amb els seus propis actes.

La memòria dels meus que ja no hi són és, com he dit, tendra i sempre present. I això, en lloc d’entristir-me o angoixar-me, m’allibera: la fraternitat no es trenca. Així de simple. I sí, en Peiró era un gran tio.

El Periódico: La noche barcelonesa pierde a Julià Peiró

Feliç Nadal a tothom

Felicitacion-de-Navidad-del-Aprendiz

Us desitjo un feliç Nadal, amics lectors d’aquest blog, de les xarxes socials, dels meus tres llibres, dels articles que em publiquen els periòdics i als que m’acompanyen en les meves classes, alumnes i professors amics. Hi ha gent a qui aquestes festes li fan basarda; ho entenc i respecto, i no voldria afegir-hi malestar amb la meva felicitació. En canvi, per a mi, les festes de Nadal, amb Sant Jordi, són les millors diades de l’any. Uns hi veuen l’inici del creixement de la llum, amb el solstici d’hivern; d’altres, amb la Hanukà, la commemoració de la rededicació del temple de Jerusalem amb l’encesa de les llums de la menorà de nou braços; uns altres, una tradició que afavoreix el caliu familiar, l’esperit de bona voluntat i l’intercanvi de regals com a mostra d’apreci, especialment als infants; fins i tot qui, com és el meu cas, commemora el naixement de Jesús de Natzaret, fill de Déu, mestre d’homes i d’àngels i llum de la humanitat. Això no treu que Nadal sigui per a mi també totes les commemoracions anteriors, que són una de sola: la confiança de la humanitat en un futur millor, en que la bona voluntat és la força que el pot fer realitat, i que l’esperit humà, transcendent o no, conté amagat el tresor de l’amor.

Per Nadal tots ens tornem una mica més infants; si més no vicàriament. Jo ja tinc excusa en el meu nét Kim, que s’hi diu no com a apòcop de Joaquim sinó pel Kim de la Jungla que va imaginar el gran Rudyard Kipling, “Kim l’amic de tothom”, com l’anomenaven. Però el cert és que durant tot l’any intento no allunyar-me massa de la mentalitat de criatura, que no vol dir viure en l’infantilisme sinó en la innocencia. In-nocens vol dir en llatí “que no fa mal”. L’innocent compleix així amb el primer manament del jurament hipocràtic i amb el primer postul.lat ètic dels Yogasutras de Patañjali; com és de difícil ser innocent dia a dia! Per això Nadal és la festa de la innocència, la commemoració de la pau o del desig de Pau i Bé per a tothom. “Deixeu de fer mal, comenceu a fer el bé, aquest és l’ensenyament de Buddha”, proclama el dictum de la saviesa asiàtica. No cal, doncs, ser creient per celebrar Nadal, només reconèixer la igual dignitat de la fe i la dignitat de l’ateïsme, doncs la dignitat de l’home no ve conferida pel que creu sinó que és inherent a la seva naturalesa.

Pau i Bé, doncs, per a tots vosaltres, amics. Sigueu innocents i gaudiu del caliu familiar, de l’amistat, de l’amor i de l’esperança de la llum renovada. Jo, com feia abans l’escombraire, el vigilant, el sereno o el recader, truco a les vostres portes amb la meva tarja de fel.licitació a la mà, que no és sinó la d’aprenent, com ja us podeu imaginar. Aquell que s’esforça en aprendre l’ofici de construïr el temple de la humanitat, on tothom hi cap i tothom pot viure en pau amb l’esperança d’una llum que es renova dia a dia. Bon Nadal.

 

Visiones de Mandela

mandela-3

Estos son los artículos y declaraciones que más me han interesado de lo publicado a raíz de la muerte de Nelson Mandela.

Nelson Mandela venció a su propio mito. Mario Santana, en 80 grados.

La condición de lider globalizado e inclusivo que ha alcanzado Mandela no debe obstar para conocer su condición de militante y estratega. Lo explica este artículo publicado en 80 grados, un diario digital de Puerto Rico muy inclinado a la izquierda.

El subversivo. Luis Bruschtein, en Página 12.

Las característica particulares del Congreso Nacional Africano y de Mandela como militante explican su política. En Página 12, diario del peronismo de izquierdas.

Declaración del presidente de Estados Unidos. Barack Obama.

Barack Obama ha sido presidente gracias a los logros de Martin Luther King pero probablemente no hubiera podido serlo sin el camino abierto por Nelson Mandela. Esta es su declaración oficial con motivo del fallecimiento de Nelson Mandela.

The long walk of Nelson Mandela. John Carlin.

Entrevista del autor de Invictus con George Bizos, abogado de Nelson Mandela durante el proceso que le llevó a la cadena perpetua y amigo suyo de toda la vida (en inglés). Publicada en la web de la radiotelevisión pública estadounidense.

Proclama de Nelson Mandela ante el tribunal que le condenó a cadena perpetua.

Las últimas palabras de Mandela antes de ser condenado fueron un alegato contra el régimen del apartheid.

El significado de Mandela para el futuro de la humanidad amenazada. Leonardo Boff.

Uno de los padres de la teología de la liberación explica porqué la figura de Mandela inspira entusiasmo y esperanza.

Carta a los Reyes Magos ante su 63º viaje a mi casa

reyes-magos-de-oriente

Queridos Reyes Magos:

Este año será la sexagésimotercera vez que os acercáis a mi casa para traerme regalos, entre ellos los mejores de todos: la ilusión, el amor de los demás y el sentido del agradecimiento hacia las otras personas, la vida y el espíritu que la anima. Quizás el mejor agradecimiento sea re-cordar, es decir, volver a pasar por el corazón aquellas cosas que hemos vivido, y por eso mi agradecimiento hacia vosotros consiste en rememorar todos y cada uno de los juguetes y regalos con que me obsequiasteis durante mi infancia. A diferencia de otros niños, yo nunca os he olvidado, nunca he dejado de creer en vuestra magia porque se ha probado efectiva cuando yo mismo me incorporé a vuestra tarea de modo que mi querida hija ha recibido a su vez vuestra ininterrumpida donación incluso ahora mismo que es una mujer adulta.

Creo que el gran error de las personas cuando dejan atrás la infancia es la renuncia a la ilusión. Sé que esta palabra procede del verbo latino illudere, que significa engañar, pero también que tal verbo incluye ludere, que significa jugar. El juego, que practicamos tanto hombres como animales, es la base de la escuela de la vida. Jugando aprendemos y crecemos, y de ese aprendizaje dimana nuestra educación, de educare, sacar afuera el potencial que llevamos dentro. Ay de quienes creen que el juego es engaño. El gran Jan Huizinga descubrió que nuestra especie es homo ludens, constatando una vez más que lo que hacemos nos hace. Renunciar al juego y a la ilusión creyendo que son engaños que deben ser abandonados y aun más, denunciados como imposturas es un camino de deshumanización que algunos emprenden al haber confundido el espíritu crítico con el talante cínico.

Así pues, amigos míos, este humilde corresponsal se ha mantenido siempre fiel a vuestro juego, rememorando que hace más de dos mil años os encaminasteis hacia un lugar no determinado del Cercano Oriente para rendir homenaje a un recién nacido pobre, en un gesto que aún hoy sigue asombrando y escandalizando. Como suele suceder que quienes se escandalizan de aquel viaje vuestro suelen abominar también de quienes seguimos escribiéndoos cada año, un servidor mantiene el escepticismo que reserva para los que están de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte. Vosotros fuisteis sabios de vuestro tiempo, capaces de conocer y medir los movimientos celestes gracias a la astronomía y de leer los signos que Dios implanta en su creación gracias a la astrología. También yo, que fui un niño pobre, recibí vuestra bendición y enseñanza al mostrarme que el amor de los padres era capaz de realizar enormes esfuerzos para llenar mi balcón de regalos, año tras otro, y así darme cuenta de que nuestra pobreza material encerraba una riqueza espiritual que no limita credo ni libro sagrado alguno, y que consiste en la generosidad y el compartir. Hace algunos años, una buena amiga mía, de familia adinerada, me dejó helado con una frase: “Es que a vosotros, los hijos de los obreros, vuestros padres os querían”.

Ya adulto, el niño que visitasteis hace dos mil años pronunció de una vez por todas el imperativo máximo del amor, la generosidad y la ruptura de las estructuras de la injusticia, la pobreza y la opresión. Muchos creemos que aquel niño era también Dios, cosa que aún escandaliza más a muchos; qué le vamos a hacer, si a este humilde corresponsal se le afea creer semejante absurdo yo mismo estoy presto a develar absurdos aún más perniciosos en los que creen mis interpeladores, y que en el siglo XX han demostrado ser fuente de desgracias universales, a pesar de lo cual siguen siendo admitidos como deseables. Reclamo para mi el derecho a la creencia en lo Verdadero, lo Bueno y lo Bello, la tríada kantiana en que todo espíritu de buena voluntad puede confluir, y en el derecho a ser iluso, es decir, creer que se puede vivir en el rechazo del cinismo calculador y el falso criticismo que entierra a los hombres en los pozos que ellos mismos cavan.

Este año, queridos Reyes Magos, os he pedido en mi carta un regalo que no es para mi sino para mis compatriotas, supongo que ya lo habréis leído en la misiva que os he enviado por correo postal. Insisto en esta comunicación que vuela en el ciberespacio, porque sé que es un encargo difícil, mucho más que el tren eléctrico o la bicicleta de carreras que nunca llegasteis a traerme. Se trata incluso de algo que puede parecer contradictorio pero que es imprescindible para nuestra supervivencia. Que aumente la capacidad de resistencia, protesta, movilización, solidaridad y acción sociopolítica de mis conciudadanos sin que prolifere el desánimo, el individualismo y la renuncia a provocar el cambio. Que se avance en la capacidad de intimidación de las clases trabajadoras respecto a sus adversarios sin que ello sea a costa del odio. Que la solidaridad y la movilización traigan la cooperación y la humanización y no la rabia rebelde que no se concreta en acción política y solamente incrementa el sectarismo estéril. Que los indignados sigan movilizándose, que los sindicalistas aprendan a encuadrar nuevas gentes, que los líderes políticos de izquierdas piensen menos en la corrección política y lo institucional y más en la calidad de la acción necesaria para reformar y revolucionar las sociedades complejas como la nuestra. Que el desánimo que conduce a que la protesta se quede en enfado sea sustituido por esa denostada ilusión que reivindico, la ilusión de luchar para vivir en un mundo que puede ser transformado en un lugar verdaderamente humano.

Es muy posible, queridos Reyes, que muchos de mis amigos y conocidos que comparten conmigo gran parte de estos deseos, se rían de mi porque os los pido a vosotros y al niño con el cual iniciasteis vuestro periplo anual. Qué le vamos a hacer: algunos se lo han pedido a la intelectualidad de izquierdas que reclama democracia liberal en sus países mientras aplaude dictaduras opresoras en otros lugares lejanos; otros lo han hecho a construcciones supuestamente racionales que se han disuelto en polvo; otros más ni siquiera creen que pueda conseguirse nada más que destruir el perverso orden existente sin que pueda accederse a otra sociabilidad más feliz. A quienes me reclamen la cacareada “coherencia” les responderé que tras haber pasado toda una modernidad y postmodernidad mirando al suelo es ya hora de levantar la vista al cielo para vislumbrar algo más de desengaño. Veo, Reyes míos, las perversas semillas de la amargura y el odio esperando rebrotar porque los dirigentes de mi país se han convertido en enemigos de su propio pueblo, y quiero recordar que lo revolucionario no es odiar sino construir. La construcción democrática, sea reforma o revolución –que no tienen porqué ser contradictorias entre si– sólo puede ser obra del humanismo, y el humanismo surge de la convicción de que esos seres juguetones que somos los hombres estamos hechos para la vida y no para la muerte, para la libertad y no para la opresión. Yo, a mi humanismo le coloco una estrella en lo alto, como signo y guía, una estrella de Belén que refulge en el firmamento y que a menudo mi guiña un ojo apareciendo roja y con cinco puntas. Puestos, no importa un absurdo más si se trata de recuperar la fe en lo imposible.

Afectísimamente vuestro, el niño del balcón de la calle Elkano.

Lo que quiero ahora

La periodista y escritora Angeles Caso, que ha presentado el Telediario y ganado el premio Planeta, ha publicado un artículo titulado con el encabezamiento de este post y que reproduzco entero a continuación. Esta mal llamada crisis, que es una contrarrevolución antidemocrática del capital financiero, nos va a obligar a descubrir el sentido de la vida, a aprender a vivir como es debido y a valorar lo que vale la pena. Comencemos, pues, por esta lectura.

* * *

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

BIENVENIDOS A MI BLOG

DR. GABRIEL JARABA
Doctor en Ciencias de la Comunicación y Periodismo.

Soy un periodista senior en ejercicio desde 1967, con experiencia en prensa, radio, televisión e internet. Me dedico a tareas académicas y de activismo social como Doctor en Ciencias de la Comunicación y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente sirvo como profesor en esa Universidad; en la Cátedra Internacional UNESCO Unaoc UniTwin de Alfabetización Mediática y Diálogo Intercultural, la Cátedra UNESCO de MIL para el Periodismo de Calidad, la Cátedra RTVE-UAB para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital y en el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB.

Soy analista de la información y los medios en la Fundació Periodisme Plural y escribo en el diario Catalunya Plural. Hago investigación en comunicación, en redes sociales de internet y en humanidades digitales. Elaboro métodos de impulso de la creatividad y de gestión mental.

Autor de los libros Periodismo en Internet (Ed. Robinbook); Twitter para periodistas (Ed. UOC); Youtuber (Ed. Redbook) y ¡Hazlo con tu smartphone! (Ed. Redbook) y coautor de otras obras sobre comunicación y educación.

Como ciudadano promuevo el apoyo a Naciones Unidas en la perspectiva de Una Sola Humanidad, como colaborador de la ONG internacional World Goodwill – Buena Voluntad Mundial.  Soy miembro de la European Transpersonal Association y del Institut de Psicologia Transpersonal de Barcelona. Propongo un universalismo inclusivo basado en el humanismo y desde el catolicismo que ejemplifica el papa Francisco, y soy feligrés de la parroquia de Santa Anna.

Entre los 50 mejores blogs periodísticos

GABRIEL JARABA BLOG ha sido incluido en la relación de 50 blogs para periodistas sobre periodismo en español, publicada por eCuaderno.

Analista de la información y los medios en:

AL RANQUING DE PERIODISTES I COMUNICADORS CATALANS CURAT PER SAÜL GORDILLO

Introduce aquí tu correo electrónico para recibir actualizaciones de este blog.

Únete a otros 144 seguidores

SOY PROFESOR E INVESTIGADOR EN:

CATEDRA UNESCO DE MIL Y PERIODISMO DE CALIDAD

GABINETE DE COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN UAB

Profesor e investigador

UNIVERSITAT AUTÒNOMA DE BARCELONA

MASTER EN COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN

MENTOR

CERTIFICACIÓN PROFESIONAL EUROPEA EN PSICOTERAPIA Y PSICOLOGIA TRANSPERSONAL

noviembre 2019
L M X J V S D
« Oct    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930