Hay que desalojar enseguida a estos sivergüenzas del poder

Nos encontramos en el umbral de un régimen autoritario y antidemocrático. El comportamiento del Partido Popular ante el pánico que siente a medida que se acercan las próximas elecciones generales se traduce en un incremento de la arbitrariedad que redunda en la inseguridad jurídica y la limitación en el ejercicio de las libertades democráticas o incluso la supresión de algunas de ellas. Todo ello aderezado con ciertas dosis de temeridad y chulería que se basan en el concepto del amedrentamiento de la ciudadanía como política de gobierno. Todos los demócratas, los de izquierdas pero también los de derechas, deben comprometerse inmediatamente en desalojar inmediatamente del gobierno y del poder a un partido con graves problemas de financiación ilegal que extiende la corrupción por todas las instituciones y degrada inquietantemente la calidad de la democracia y la convivencia. Y digo los de derechas, porque creo que no han valorado suficientemente un hecho gravísimo: no ha sido la izquierda ni los republicanos la que ha desalojado a un rey de la jefatura del estado, lo ha hecho la propia élite extractiva erigida en régimen político y económico con su arbitrariedad. Es necesario empezar a reflexionar para poner en ejercicio un voto útil, sea el que sea, para dar un vuelco electoral en las propias elecciones, sea el que sea y salga quien salga. Si no nuestro país caminará hacia una dictadura, con toda seguridad.

También los catalanistas deben –debemos– reflexionar sobre esto, trátese de catalanistas, nacionalistas, federalistas o independentistas. Estos últimos deben comprender que un estado español en regresión democrática y grave crisis estructural no es un enemigo más fácil a batir sino todo lo contrario; el nacionalismo español musculado no es buen negociador cuando se siente acorralado. Aunque en la actualidad yo no descartaría la tesis del PSAN de los años 70 de que Cataluña vive en un régimen colonial respecto a España como lo hice entonces, nuestra nación no se encuentra en las Antillas en 1898 sino en la Unión Europea de 2014: no seremos independientes sin reconocimiento internacional ni la España inserta en la UE prescindirá como si tal cosa del 20% del PIB. Cataluña debe hacer un esfuerzo particular en esa acción posibilista y accidentalista porque se juega su futuro democrático tanto dentro como fuera del estado español.

Encabezando este texto he insertado el vídeo de la conferencia del juez Elpidio Silva en el Ateneu Barcelonés el pasado 9 de diciembre (difundido en Facebook por Jesús Gabriel Gutiérrez y de la que no he hallado referencia alguna en la prensa diaria, la misma que se queja de que pierde lectores) en el que describe magistralmente las razones de la actual deriva ademocrática de España y explica por qué no estamos en un sistema (con características estables, articuladas y predecibles) sino en un régimen, por naturaleza arbitrario, imprevisible e inseguro jurídica y democráticamente. Una frase que ilustra la dureza de su alegato: “El ejército español no ha sido peor en toda su historia que la magistratura en los últimos 40 años”.

Reflexionemos, preparémonos y articulémonos para desalojar inmediatamente a estos sinvergüenzas del poder si no deseamos volver a vivir en un régimen opresor.

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