“Escribir para la red”, lo último sobre ciberperiodismo (descarga el libro gratis)

escribir para la redAcaba de aparecer el libro “Escribir para la red. Reflexiones sobre la nueva (y vieja) escritura informativa online”, publicado por el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB y editado por José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor. Se trata de una compilación de textos sobre lo más nuevo en ciberperiodismo, útiles tanto para la reflexión y la investigación como para el aprendizaje, la aplicación práctica de sus recomendaciones y el reciclaje de los profesionales. La primera parte de cada texto está dedicada a reconocer y discernir los nuevos elementos que desarrolla el periodismo para informar en Internet, mientras que, en una segunda parte, se proponen consejos para los profesionales del ámbito y algunas pistas sobre fuentes y libros relacionados con el tema. El libro está organizado en seis grandes partes según los contenidos abordados, que incluyen los géneros periodísticos, conceptos básicos, los lenguajes, la arquitectura de los contenidos en las plataformas online, el posicionamiento de los contenidos y las nuevas tendencias en el ámbito. Mi aportación al libro ha sido el texto “Periodismo sólo en tuits, ciberperiodismo esencial”, en el que explico el concepto central de Twitter aplicado al ciberperiodismo y recomiendo una serie de buenas prácticas y consejos útiles. Lo hallaréis en la página 231. Descargar gratis el libro “Escribir para la red” (PDF, 307 págs). Reproduzco el prólogo, escrito por Santiago Tejedor, porque muestra de qué va el asunto, en un tono tan rotundo como provocador.

Apocalípticos, ignorantes o las dos cosas
Lo nuevo despierta miedos, suspicacias y muchas preguntas. Esto último es, sin duda, crucial e imprescindible en el escenario académico: Hemos de enfrentarnos a preguntas. Preguntas nuevas que se van reinventando. Internet ha inaugurado muchas posibilidades en el ámbito del periodismo y, al mismo tiempo, ha abierto importantes debates que van desde la importancia de los buenos contenidos a lo decisivo de una sólida deontología profesional.
Escuché, en una universidad, hace tan solo unos meses, un tragicómico alegato contra el ciberperiodismo, cargado de unos prejuicios ya aburridos; y de unos juicios de valor cuyo único “valor”… era el del mero grito. Aunque ya casi extintos, siguen existiendo rancios debates de conferenciantes agoreros que tildan con vehemencia los cambios de las Tecnologías de la Información y la Comunicación como “un conjunto de ‘maquinitas’ [entiéndase por ‘maquinitas’: ‘herramientas’ o ‘plataformas’ de la web 2.0] que unos jovenzuelos han aprendido en una semana”. Quizás alguien debería haberle recordado, al honorable orador, que estos “aparejos” de “jóvenes” han sido decisivos en la explosiónde las revueltas de la Primavera Árabe desde Túnez hasta Egipto (también en el relato periodístico de las mismas); en ese fatídico martes 1 de abril cuando un sismo de magnitud 8,2 sacudió el suelo chileno y Twitter se convirtió en algo más que una “maquinita”; en las “mareas verdes” que exigieron –apoyadas en las redes sociales– cambios en Irán… Quizás alguien debería haberle
explicado lo que esos insignificantes aparejos han representado y representan para miles de periodistas en Ecuador, China, Siria, Libia, Irak o Venezuela, por ejemplo. Quizás esas “jóvenes maquinitas” tuvieron algo que ver con un tal Julian Assange y una organización –WikiLeaks– que gracias a ellas pudieron publicar lo que no se hubiera publicado (jamás). Quizás… el miedo nos hace ignorantes. Y la ignorancia, miedosos.
¿Maquinitas? ¿Jovenzuelos? Se trata, sencillamente, de ignorar lo que está sucediendo o –lo que es peor– negarse a aceptar que ha habido un cambio. Muy importante. Históricamente importante. Algunos prefieren elevar la voz antes que elaborar el argumento; y aferrarse al único remedio de los que no saben ni dónde están ni dónde pueden ir: La ignorancia. Ilustres ignorantes, eso sí. Aunque han pasado más de 300 años, la reflexión de François de La Rochefoucauld, escritor y
pensador francés conocido por sus Máximas, sigue teniendo vigencia, también al hablar de estos “profetas” obcecados en enfrentarse –sin más motivo que el miedo y el desconocimiento– al periodismo de la red. Decía de La Rochefoucauld: “Tres clases hay de ignorancia: No saber lo que debiera saberse; saber mal lo que se sabe y saber lo que no debiera saberse”
Estas tres “ignorancias” (quizás alguna más) emergen de forma recurrente en los debates sobre el periodismo online, ciberperiodismo, periodismo de internet… En definitiva, cuando hablamos de un periodismo que se hace “desde” y “para” pantallas de diferentes dispositivos conectados al ciberespacio. Y resulta que la esencia es la misma. El ciberperiodismo es, ante todo, periodismo. Los ciberperiodistas son, por encima de todo, periodistas. Y, entonces, si el ciberperiodismo es periodismo, ¿qué es periodismo? Kapuscinski fue certero. Apuntaba el maestro polaco: “El trabajo del periodista no consiste en pisar cucarachas, sino en prender la luz para que la gente vea cómo corren a ocultarse”.
La obra Escribir para la red. Reflexiones sobre la nueva (y vieja) escritura informativa online reúne cuarenta y un conceptos que dan paso a cuarenta y una discusiones y, a su vez, a más de 400 consejos sobre cómo “idear, elaborar y difundir” mensajes con una finalidad básicamente informativa. El objetivo de este libro es justamente pensar y repensar sobre la “escritura de la red” (si es que existe) a partir de nuevos términos que internet ha introducido en el escenario comunicativo y, especialmente, recuperando conceptos y directrices que corresponden a ese “ayer” que nunca ha dejado –por suerte– de estar muy presente en la elaboración de los contenidos informativos del “hoy”. Se compilan recomendaciones introducidas por los cambios más actuales, pero igualmente se recuperan directrices de los grandes y necesarios “clásicos”. De este modo, se inicia un recorrido (inacabado) por un territorio tan prolífico como estimulante en propuestas y retos.
Estas páginas son solo el punto de partida. Los desafíos son los mismos. Acertó, hace ya un
tiempo, Aleksei Suvorin: “Lo he visto todo; no obstante, ahora no se trata de lo que he visto, sino de cómo lo he visto”. Luego vendrá la tarea de empalabrar la historia y darle estilo sin olvidar a Georges-Louis Leclerc: “El estilo es el hombre mismo”.
Desde el hoy sin olvidar el ayer. El ejercicio periodístico se convierte así en un palimpsesto enriquecido por muchos años de perseguir una utopía; de buscar historias y de moldear el “estilo” y el “cómo”. Y en esta maraña de preguntas, el periodista debe aprender de todo. Roland Barthes, en su “Lección inaugural de la cátedra de Semiología Lingüística del Collège de France”, pronunciada el 7 de enero de 1977, ya se refería al importante reto de “desaprender”, esto es, “dejar trabajar la recomposición imprevisible que el olvido impone a la sedimentación de los
saberes, de las culturas, de las creencias que uno ha atravesado”. De este modo, Barthes nos invita a disfrutar de la “sapientia”, una experiencia que tampoco hoy ha “pasado de moda” (menos en el periodismo; sea de átomos, sea de bits; periodismo): “Sapientia: ningún poder, un poco de prudente ser y el máximo posible de sabor”.
Buen viaje.

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