El pensamiento no delinque

“Cogitationis poenam nemo patitur”: el pensamiento no delinque. De este aforismo pende el derecho penal liberal y la libertad de conciencia, inviolable incluso en el foro de justicia. El Estado no puede castigar a nadie por lo que piensa sino por lo que hace. Cuando este principio fundamental es vulnerado, aparece el totalitarismo. Los sistemas políticos autoritarios introducen en el derecho penal figuras tendentes a omitir esta salvaguarda, desde el “delito imposible” hasta los delitos de opinión. Ahora, ante la movilización participativa de Cataluña el próximo 9 de noviembre, el estado español parece preparar una nueva impugnación, quién sabe con qué alcance. Sea cual sea éste, el gobierno del Reino parece dar un paso hacia y contra el aforismo fundacional de la democracia liberal. Considera el gobierno que lo que califica despreciativamente de patochada –bonita manera de considerar los actos de los ciudadanos que pagan sus sueldos– debe ser, aunque les parece risible, reprimido. A pesar de ello, el pensamiento seguirá sin delinquir. Y por tanto el problema político continuará en pie. Y más grave.

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