Los diez negritos de Mariano Rajoy

Rajoy

Mariano Rajoy Brey sigue avanzando y deja por el camino otro cadáver político, el de Alberto Ruiz Gallardón, haciendo bueno aquel refrán en el que se pide a Dios que nos cuide de nuestros amigos. Por más que se le achaque tancredismo en la (in)acción política o parquedad en sus planteamientos ideológicos, el presidente del gobierno es un verdadero killer político. A la chita callando ha ido desprendiéndose de muchos de quienes podrían haberle disputado el liderazgo, ellos mismos o por persona interpuesta. Veamos:

1. Esperanza Aguirre, la nueva Thatcher de un centroderecha castizo, descabalgada de la presidencia de la Comunidad de Madrid y con ello privada de una descomunal plataforma de poder, una maestra de la comunicación (aquella aparición en público en calcetines y tacones después de haber estado en la zona de un atentado en India) que era capaz de gestionar los medios derechistas de prensa, radio y TV en manojo en favor de sus intereses pero que no calibró la fuerza de su imagen despreciando a la policía municipal y huyendo de ella.

2. Ana Botella, la esposa de, abandonada a su suerte frente a una candidatura olímpica más parecida a un nuevo remake Loca Academia de Policía. Su relaxing cup of café con leche fue la cuerda con la que ella misma se ahorcó, llevada por esa displicencia pija con la que trató al Comité Olímpico Internacional y a una audiencia mundial. Ahora es una piltrafa política que al abandonar por piernas el ayuntamiento de Madrid, para cuya alcaldía nunca fue votada, resulta verdadera kryptonita para un Aznar que sólo sueña en volver, volver, volver.

3. Francisco Camps. Después de haber convertido Valencia en una Gomorra, con la comunidad y su capital arruinadas la cabeza le huele a pólvora si pensamos en que el primer problema del PP sigue siendo su problema con la financiación, por decirlo de modo suave. Ha sido un presidente de usar y tirar, y si te he visto no me acuerdo.

4. Jaume Matas. Más de lo mismo en Baleares.

5. Jaime Mayor Oreja. Guardián de las esencias del españolismo en Euskadi, devuelto al baúl de los recuerdos cuando, una vez vencido el terrorismo por José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba (que no se olvide que fueron ellos quienes lo lograron) hacían falta personajes de más bajo perfil y de modos de beligerancia distinta.

6. Bárcenas, Correa y los demás. Don Luis Bárcenas continúa a la sombra, y la panda Gürtel, escondida tras las bambalinas, no sea que nos hagamos daño. Qué días aquellos los de la boda de la hija de Aznar en el Escorial, todos a la vista con todo a la vista.

7. Los dirigentes de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. ¿Recuerdan? Parecían dictar las políticas de Interior desde la calle y los aledaños de ciertas instituciones y ahora callan o les hacen callar. Al menos eso afirma Ortega Lara.

8. Rouco Varela. Los nuevos aires vaticanos le han sentado fatal al presidente de la Conferencia Episcopal Española, quien se retira a sus aposentos sin que Rajoy haga ni un gesto de agradecimiento por los servicios prestados.

9. Juan Carlos de Borbón. Cuando para salvar un régimen la presidencia de la derecha más derecha de Europa es capaz de sacrificar al propio rey, olé tus huevos.

10. Alberto Ruiz Gallardón. Un gélido observador desapasionado y calculador es idóneo para percibir que cuando se trata de un petímetre autoritario, petulante y de orgullo desmedido, se cumple el dicho de que los dioses ciegan a quienes quieren perder.

He aquí a los “diez negritos” de Mariano Rajoy, parafraseando la conocida obra teatral de Agatha Christie. Una vez dije en un post que Rajoy no es ningùn imbécil, contradiciendo cierta especie que circula por los ámbitos progres. Lo dije cuando en el funeral de Nelson Mandela se salió por la tangente:

“Pues si. He visto algunas imágenes de televisión aquí en el hotel y realmente es impresionante… este estadio de fútbol en el que se va a despedir a… a… Mandela, pues es el estadio dónde España además se proclamó campeón del mundo en su día frente a Holanda de fútbol (sic) no? Eh… con lo cual pues es realmente un momento muy bonito y muy emocionante y es uno de los… el lugar es más emblemático por estas razones de Sudáfrica y lo será más en el futuro, después del acto de hoy”.

La alegre muchachada progresista se echó las manos a la cabeza ante lo que creía una muestra de idiotez, como alguien publicó:

“Porque el funeral de Mandela no era un acto complejo políticamente, nadie esperaba que dijera nada relevante y no había presión periodística alguna. Sencillamente un periodista puso el micrófono abierto a un imbécil  y éste se comportó como tal: como un alelado. Como un falto de razón”.

Un servidor, en cambio, vio en ello una microaccion magistral de comunicación política, según traté de explicar:

La extemporánea declaración de Mariano Rajoy tiene un motivo y un sentido. Estaba dirigida al sector de su partido, electorado y entorno presionante (aún) más escorado a la derecha, que es al que viene prestando más atención últimamente. Se sentía obligado a desmarcarse del clima general del acto, surgido de la inspiración fructífera que la figura de Mandela suscita. El apretón de manos entre la presidencia estadounidense y el liderazgo de la revolución cubana ha sido una imagen tan sensacional que esa fotografía pasará a la historia contemporánea, precisamente asociada a lo que el gran reconciliador de la Sudáfrica postaparheid y presidente moral del mundo ha conseguido. Con esa altísima tensión, ¿cómo situarse frente a los más bestias de los tuyos, arrastrado por la estela que marca ese negro comunista, ex guerrillero, preso político, estadista y decidido partidario del levantamiento de los parias de la tierra? Haciendo un desmarque total pero no en lenguaje político-ideológico –que podía haber sido absorbido por la corriente del momento y el lugar por radical que fuese, como le sucedió a Raul Castro– sino con el lenguaje chorra y pijo, desganado y relativizador, propio de la casta tontainomalévola especializada en arruinar bancos (véase ese modelo expresivo-comunicacional en Cristóbal Montoro).

De modo que Rajoy no se ha expresado como un imbécil sino como un sofisticado comunicador político que sabe cómo dirigirse a los suyos, sabe donde se tiene que sitúar y de qué se debe desmarcar, y sobre todo sabe a quien sirve. Cuidadín con los dos años más que (como mínimo) le quedan.

No, Rajoy no es un imbécil sino un killer político que se ha ido desembarazando de todos los elementos que podrían disputarle el liderazgo del PP y la presidencia del gobierno en un momento en que viera peligrar su mayoría. A medida que se aproximan elecciones veremos desfilar más precadáveres políticos hacia el patíbulo.

1 Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s