Bono, miedo y asco

La cosa escrita por José Bono en El País del domingo pasado, con la que pretendía achacar a Pasqual Maragall el pecado fundacional del proceso independentista de Cataluña es una de las bajezas más inmorales que el periodista que firma con dos asteriscos ha tenido la oportunidad de leer en la prensa española en los últimos 45 años. Se aproxima a las maldades que se escribieron en la prensa franquista con motivo de las diversas penas de muerte que fueron de Mario Onaindia a Manuel Blanco Chivite, pasando por las de Txiki y Salvador Puig Antich. Todas ellas, incluida la presente, tienen algo en común: ni una ni otra víctima estaban en condiciones de defenderse. Y encima, por razones obvias. Los unos y el otro. Hay que tener hígado para escribir así y en ese contexto, un hígado que no alcanza una disculpa por razón de ideas políticas.

Quienes seguíamos día a día la cultura de lo cotidiano en que se expresaba el franquismo leíamos con lupa la prensa del régimen, a modo de contraescuela de periodismo, para ser conscientes de lo que nunca debíamos hacer y de cuál era la catadura moral del enemigo al que nos enfrentábamos. Un repaso de las colecciones de El Alcázar o Arriba dará idea a los más jóvenes de lo que era aquella literatura y del miedo y asco que producía. Y resulta que aquel estilo regresa y asoma la patita en domingo. Qué miedo y qué asco.

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