DIA A DIA/ El estado contra una novela

Tal cual como si el espíritu de Carl Gustav Jung y su teoría de las sincronicidades nos hubieran bajado a ver, el estado español ha decidido hacer el ridículo frente a la Europa cultural y democrática nada menos que en Utrecht, la ciudad neerlandesa donde se pactó el final de la guerra en que Cataluña perdió sus libertades como nación. La escena del Instituto Cervantes suspendiendo una charla sobre la novela Victus, de Albert Sánchez Piñol, es una de las más tristes que se han dado en el teatro del esperpento.

Las almas buenas se lamentan de que el estado español, ante la reclamación soberanista catalana, se comporte como si para él no pasaran los años y muestre esa pachorra combinada con tremendismo que exhibió antes de perder Filipinas, Cuba y Puerto Rico, naciones inspiradoras de la estelada por cierto. Le reclaman sentido de la pedagogía, si no de la contención. Pobres: es precisamente la inoportunidad, la desmesura y la voluntad de humillación lo que constituye en sí toda una estrategia política libremente elegida. El independentista de buena fe, ante el agravio ultrajectino, puede sentenciar “quod erat demonstrandum”. Pero esa desmesura humillante es precisamente el ariete de combate. Cueste lo que cueste: incluso el espectáculo de ver cómo se alza el estado contra una novela, el boicot del poder público a una obra de ficción. Como en tiempos de la Rusia de Eugeni Evtuchenko pero en la Europa occidental de hoy. Algún arúspice progubernamental debe de haber olisqueado que en una Unión Europea en duda y crisis, las libertades democráticas no serán un valor que cotice al alza en un futuro inmediato.

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2 Comments

  1. Gabriel, tío, no escribas tan bien…
    Estaba disfrutando con tu texto, y cuando has metido sin avisar a Evtuchenko, de repente, en vez del Fossar de les Moreres y toda la parafernalia he visto Bai Yar. Y he sentido que, después de todo, de aquel Babi Yar a la Ucrania de hoy hay, más o menos, lo mismo que de nuestros últimos Babiyares a la Cataluña de hoy: sólo un tiempo tan corto como, por ejemplo, la duración de mi vida.
    O sea, que, sin percatarnos, estamos todos sobre una bomba con la misma potencia que la de Hiroshima. Y jugando con ese pitorrito que sale de la bomba: ¿y qué pasa si le doy? ¿y qué pasa si no le doy…?

  2. He citado a Evtuchenko porque ese nombre no dice nada a las gentes de hoy. Así, el que quiera saber y entender, que se lo gane. Así descubrirán luego Babi Yar pero también Katyn. Una tensión total que abarca el planeta entero y que se manifiesta de un modo concreto. La globalización era esto: el sueño alternativo ecologista vuelto del revés; peligra globalmente, jódete localmente.

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