Jeff Bezos nombra nuevo editor del Washington Post y apuesta por un modelo de prensa política seria en la Red

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Hace exactamente un año y un mes yo me preguntaba en este blog si la compra de The Washington Post por Jeff Bezos, propietario de Amazon, abriría nuevas perspectivas al modelo de negocio de la información y los periódicos, hoy sumido en grave crisis. Muchos creyeron ver en aquella operación un capricho de Tío Gilito; yo me negaba y me niego a creer que alguien que es capaz de crear un gigante vaya a entretenerse a jugar con muñecas. Jimbo ha llegado al periodismo para quedarse y cambiarlo, y ya emite sus primeras señales.

La primera señal es el nombramiento de un nuevo editor del diario. No un diseñador de webs; no un comité de sabios que propongan estrategias; no algunos indicios de aproximarse al modelo light del USA Today o de The Huffington Post. Al tipo no le va lo light sino que pone al frente de la dirección del Post al creador de Politico, un periódico digital que se ha convertido en el referente de la prensa seria en internet, una publicación que, mientras los portales generalistas se sumen en la publicación de no noticias y tonterías, como Yahoo, y los medios informativos de prensa y tele combinan la superficialidad con la fidelidad a la extrema derecha ideológica, se ha distinguido por poner en el centro de la atención informativa la política democrática, los asuntos de interés público y la calidad de la convivencia social. Politico ha demostrado, con Frederick J. Ryan, el nuevo editor de The Washington Post, que hay negocio para el periodismo serio y de calidad de Internet, y que las opciones light son fruto de la ignorancia, la timidez, la desorientación o algo peor.

Fred Ryan no va a hacer tonterías con el Post. Fue asesor de Ronald Reagan y trabajó con él en la Casa Blanca. Hasta ahora mismo fue presidente del consejo de síndicos de la fundación que lleva el nombre del ex presidente. Tiene unas relaciones institucionales privilegiadas con el mundo político y económico de la capital estadounidense. Con ese trasfondo, y al frente del diario que perteneció a la familia Graham, uno no puede hacer otra cosa que atreverse a hacer de buque rompehielos y adentrarse en la exploración de un modelo de negocio para la prensa de calidad válido a la vez para el papel y para la Red, y que se mantenga como referencia.

Cuando Bezos compró el Post escribí lo siguiente:

“José Sanclemente, escritor, editor y consultor en medios (y una mente clarividente en el negocio de la prensa diaria) se pregunta en su blog “¿Qué esta pasando para que en tan poco tiempo el Boston Globe, la revista Newsweek y ahora el Washington Post, entre otros, cambien de manos y a unos precios practicamente de derribo?”. La respuesta es que el modelo tradicional de estas publicaciones está obsoleto. Pero atención: el modelo no significa el concepto, el diseño, el contenido de los periódicos, sino otra cosa: las relaciones con los lectores, la rentabilización del producto, la experiencia de su disfrute, las prioridades en a quién se considera cliente (¿al lector o al anunciante?) y las prioridades en el sentido de la orientación de la información (¿a los círculos dirigentes o a la mayoría de la población?). Creo que la obsolescencia de los periódicos no equivale a la del papel, pues la enorme mayoría de los websites de los diarios padecen una obsolescencia mayor que la edición impresa. No es el soporte, ni siquiera el negocio: es lo que se ofrece, a quien se ofrece y qué significado tiene esa oferta para el receptor”.

Ahora, Fred Ryan afirma, después de su primera reunión con la redacción, que “la mejor estrategia es innovar y experimentar y, en cualquier caso, centrarse en última instancia en la experiencia de los lectores en su uso del periódico”. O sea que tiene identificada la cuestión central: innovación más centramiento en los lectores. Algo difícil de asumir por la mayoría de empresas editoras de prensa diaria, en Estados Unidos y entre nosotros, puesto que los nuevos pseudoeditores que publican diarios se caracterizan por algo tremendo: odian a sus periodistas y les desprecian a ellos y a su público a la vez. Permítaseme de nuevo otra autocita:

“Los grandes diarios están en venta porque sus cabeceras valen cada vez menos. Y eso ocurre porque el valor está en función de los atributos que el público les asigna. El gran cambio en la cultura de los periódicos ha sido que el público ha dejado de tener en alta consideración las cabeceras y su valor añadido en términos de credibilidad y de identificación con los supuestos valores informativos, periodísticos y cívicos que representan. Pagan ahora el precio que supuso el que otrora los grandes diarios se aliasen con unas élites de las que el público actual no sólo se siente desapegado sino de las que desconfía profundamente. El valor no sólo es inherente a la información –contenidos– concreta que el periódico vende, sino, y por encima de todo, la vinculación de esa información con los intereses de los lectores. De esto cuelga toda la crisis de la prensa convencional, y solamente de esto”.

Deseo de todo corazón que Jeff Bezos y Fred Ryan triunfen. No sólo por el bien de la profesión periodística sino para que se fastidian los editores que no saben cómo hacer negocio con sus diarios y andan publicando publirreportajes sobre “la piratería” que no se confiesan como tales.

La noticia, sintetizada en mi web, Gabriel Jaraba Online.

La compra del diario, hace un año, en este blog, o un análisis que resulta ser correcto.

El fichaje de Fred Ryan, explicado por el propio Post.

The Washington Post

Politico

 

 

 

 

 

 

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