Ni truco ni trato: cuando hablamos mal al querer hablar bien

Se atribuye a la televisión múltiples “influencias” sobre los espectadores y la ciudadanía en general, cuando lo relevante no es “lo que la televisión le hace a la gente sino lo que la gente le hace a la televisión”, como dijo Umberto Eco. O lo que la gente hace con la televisión, a mi entender. Una de las cosas que la gente hace con la televisión es uniformizar su lenguaje en cierta medida. Es curioso observar como muchas personas adoptan modos y giros difundidos por los estándares lingüísticos televisivos al mismo tiempo que resultan impermeables a lo aprendido en la escuela. Un observador atento comprobará como muchos adolescentes reproducen los defectos de lenguaje de sus padres, aprendidos en la familia (“asín”, “compremos”, “alborto”), permaneciendo inasequibles al mismo tiempo a la instrucción escolar e incorporando en cambio coloquialismos erróneos de la televisión.

halloweenRecientemente, la fuente de malos ejemplos lingüísticos que la gente incorpora de la televisión no procede tanto de los programas de tertulia, realities o cotilleo como de las películas o telefilmes doblados al español del inglés. No logro comprender como los traductores audiovisuales incurren una y otra vez en versiones que son calcos del inglés, que cualquier profesional ha de ser capaz de evitar, que luego se van implementando en el lenguaje coloquial cotidiano.

Así, la gente no dice “me llamo fulanito de tal” sino “mi nombre es fulanito de tal”: un calco de “my name is”. En castellano decimos “me llamo”, no “mi nombre es” pero ya hemos dado un paso atrás en este caso que parece consolidado.

Otro calco es el de “odio” y “amo”. “Odio hacer esto”, se dice, imitando a la tele, cuando debería decirse “detesto”, pues “odiar” es más contundente en nuestra lengua que el “hate” inglés, que significa no solamente un sentimiento de odio sino también detestar o aborrecer, o simplemente la desgana de hacer algo o implicarse en ello. El “amo esta comida” es un calco parecido, en este caso del “love”, que no indica el enamoramiento sino el entusiasmo: “I’m lovin’ it”, dice el lema de McDonalds, que significa “me encanta”.

Lo más penoso, a mi entender, son las despedidas: “Que tenga un buen día”, calco de “Have a nice day”, cosa que nadie decía hasta hace poco, puesto que solíamos decir simplemente buenos días al saludar y al despedirnos. Tremendo es el “cuídate”, trasponiendo literal y mecánicamente “take a good care” cuando aquí se dice “adiós”, “hasta luego” o lo más cercano a la expresión americana, “que vaya bien”.

Si todo traductor de cualquier pelaje está avisado sobre la necesidad de evitar calcos y “falsos amigos” (palabras parecidas en uno y otro idioma que significan cosas distintas) no se explica que estas incorrecciones hayan pasado a ser norma en el resultado de su trabajo. Y en la cima de esta pirámide de despropósitos, el “truco o trato” de la fiesta de Halloween, que no es ni una cosa ni otra y no tiene ningún sentido en castellano. Traducen “truco” de “trick” cuando esta palabra indica, en esa acepción, una jugarreta, mala pasada o travesura; llamamos “trickster” a un tramposillo que suele hacer lo que castizamente llamamos “pirulas”. Y llamar “trato” al “treat” en este caso significa desconocer que ese falso amigo no alude a trato o acuerdo alguno sino que es una forma coloquial de decir “golosina” y que podríamos versionar como “chuche”. Así es como la expresión original inglesa cobra su real significado en la situación real en que se produce.

Las orejas atentas de mis queridos lectores habrán podido comprobar hasta qué punto se han extendido estos modísmos calcados. Pero no creo que se trate tanto de una mera imitación o de una “influencia” sino de algo más complejo. Probablemente de la búsqueda de un modelo de relacionarse basado en la buena educación y el trato digno, que no encuentra un modelo válido en los entornos sociales asequibles. Se ha llegado al establecimiento de una mala educación generalizada hasta el punto que nadie saluda al entrar a un establecimiento o recinto, se responde con un gruñido en el mejor de los casos y nadie se disculpa al dar un pequeño empujón a alguien. Todo ello sumado a una expresión hablada paupérrima en general, puesto que a una población con mente confusa le corresponde una ciudadanía incapaz de expresarse con precisión (escúchese al más modesto campesino peruano o boliviano, por ejemplo, y se tendrá la sensación de asistir a un discurso correctísimo en sintaxis, léxico y prosodia; póngase un micrófono televisivo ante cualquier transeúnte español y se obtendrá una penosa experiencia comunicativa).

Es por eso que los profesionales que trabajan de cara al público y desean dirigirse con gran corrección a las personas –como dependientes o policías– han acabado por llamar “caballero” a todo quisque, echando mano del calco importado “gentleman”, porque en nuestro país se dejó de llamar a la gente “señor”. Y yo odio que me llamen caballero. Uy, perdón.

4 Comments

  1. Benvolgut Gabriel,
    Tens tota la raó. Hi a una submissió total a la llengua anglesa a l’hora d’adoptar noves fórmules i expressions. Sobretot quan no ho necessitem , dons ja disposem del que cal.
    Aquesta deriva, però, és també fonètica. En castellà i en català.
    En castellà s’ha perdut el so “elle” de Castilla. Ja fa un cert temps que en diuen “eye”. En català s’ha perdut el so “v” i tot és “b”. No sabrem si la dona és bella ( bonica) o bé vella (d’edat).
    Publicistes, traductors, periodistes però ciutadans en general, quina tristor !
    Allòm que dius de l’educació… a l’autobus, quan va plè, digues “Em permet, he de baixar” . Veuràs com s’espanten
    dons ni hi estan acostumats a sentir aquestes “barbaritats”.
    Una abraçada,
    Enric

  2. Hola Gabriel,

    Exhaustiva observació què encertadament has mostrat a través del teu article.

    Sempre m’ha cridat l’atencio la traduccio per “Sal de mi vida” quan una dona li diu al seu home què vol interropre la relació. Hem resulta d’una expressió molt artificial.

    A més a més de les deficients traduccions en els doblatges, encara em desagrada més de veure com s’ha introduït un Papá Noël forani, quan tradicionalment disposem dels Reis d’Orient i de comprovar la substitució de “La castanyera” per la “Carabassa del Halloween” en Tots Sants.

    Salutacions, Gabriel.

  3. Muy buen artículo, me ha hecho recordar que en tercero de bachiller, cuando se iniciaba el curso, nuestro profesor de literatura preguntaba a cada uno su nombre para editar la lista de los alumnos. Si a su pregunta “nombre” algún infeliz se le ocurría decir “me llamo ….” empezaba a ironizar diciendo “¿usted se llama?” y a continuación a voz en grito, de trueno por cierto, decía “usted no se llama, lo llaman”. Seguro que el atribulado principiante y todos los que vivíamos aquel inicio, antes de responder a cualquier pregunta reflexionábamos por lo que pudiera pasar. Recuerdo a aquel profesor con cariño, pero supongo que si hoy en día a algún padre su hijo le dice que el profesor ha ironizado para corregir su lenguaje, como pasaba entonces, iría a pedirle explicaciones. Así nos va.

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