Fu Man Chu en el barrio de Salamanca

El falso cura que asaltó la casa de Bárcenas era en realidad un etarra acabado de liberar gracias al Tribunal de Estrasburgo, que dictó una sentencia inspirada por Leire Pajín, ejecutora de las insidias de Zapatero y sus dakois del Liang Shang Po. Estaba loco, sí, porque Bárcenas no guarda nada de nada, qué va, no tiene ni pendrives ni discos duros ni blandos, en realidad su cargo de tesorero en el PP era una tapadera, porque a quien llevaba las cuentas era a Millet y Montull, quienes son los que financian la deriva independentista de Artur Mas, que también es miembro del Tribunal de Estrasburgo en sus ratos libres. El asaltante vestía clergyman porque había sido sometido a un lavado de cerebro en el monasterio de Montserrat, ya se sabe que Artur Mas es un maestro en las malas artes del adoctrinamiento y el abad de Montserrat es el guru de una secta destructiva ultracatalanista. Ello es debido a las conexiones del independentismo con el terrorismo internacional que maneja a distancia Corea del Norte: el diplomático internacional del régimen norcoreano es un catalán de Tarragona, Cao de Benós, comunista y catalanista, como lo fue el PSUC y la ideología dominante en la universidad y la izquierda catalanas. De ahí viene la célula leninista que opera en TV3 y que ha adaptado al Club Súper 3 los métodos de adoctrinamiento publicados en el Komsomolskaia Pravda en una serie que si la recortabas y coleccionabas te daba derecho a comprar un bote de leche condensada en los almacenes GUM. Despechado por no poder participar en la cumbre mediterránea, Mas envió al terrorista loco a casa de Bárcenas para obligar a su esposa a poner una estelada en el balcón y comenzar así un proceso de asalto al estado de derecho que obligase a las fuerzas constitucionales a intervenir para detener esa quimera. Aún no sabemos si no hubiera sido mejor que tal propósito hubiera tenido éxito, porque el estado de ánimo en el país respecto a la necesidad de detener esa deriva quimérica es unánime: véase como coinciden en ello las secciones de opinión de El Mundo, La Razón y El País.

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