Pues claro que se venden libros

setmana llibre

A nadie le amarga un dulce ni le fastidia que le den la razón. Las cifras de resultados de la Setmana del Llibre en Català recientemente celebrada parecen dársela a mi artículo Tendrían que cerrar más librerías en el que sostenía mi argumento de que si algunos de estos establecimientos cierran no es solamente por las cargas que soportan en cuanto a alquileres sino por su incapacidad de adaptarse a los cambios en el uso del comercio al detall, ciertos nuevos hábitos urbanos relacionados con ellos y sobre todo la demanda real de un público lector creciente.

Sí, un público lector creciente. En contra de lo que suele proclamar la jeremiada general, hoy día se leen y se compran más libros que nunca. Es el resultado del éxito de la alfabetización generalizada, de la escuela pública y de la realización de un viejo sueño del movimiento obrero: el acceso del pueblo a la lectura. A pesar del injusto y escandaloso aumento del IVA sobre los productos culturales y del callejón sin salida que el sistema de costes de la industria editorial, quien no se compra un libro es porque no le da la gana, pues le cuesta menos que los cubatas o las birras que se toma con sus amigos al salir del trabajo.

Dicen los gestores de la Setmana del Llibre en Català que este año han aumentado un 7,5% las ventas y que sus ingresos totales han sido de 210.000 euros, por 14.000 libros vendidos en una semana, según reza una nota difundida por Europa Press. Eso no es moco de pavo. Catorce mil libros vendidos en una semana a pesar del Sálvame, del Pronto, del furbos y de las motos. Y además en una lengua que sigue siendo minoritaria en el propio país. Que suenen, pues, las campanas y que cesen las lamentaciones.

Entonces, veamos: si aumentan las ventas un 7,5% en ese certamen y periodo ello es indicativo de que existe un potencial de crecimiento de ventas en el sector del libro. No se puede decir que no se venden libros: se han vendido 14.000 volumenes en esa convocatoria. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues, entre otros, lo que yo indicaba el otro día: que los establecimientos libreros no están satisfaciendo de manera suficiente una demanda existente.

La Setmana del Llibre en Català ha venido a demostrar una vez más que el buen paño en el arca no se vende. Ha sido la convocatoria de una fiesta ciudadana con exposición, actividades, entretenimiento y divulgación la que ha atraído a los lectores hacia una oferta comercial. Las librerías deben, pues, de dejar de ser almacenes de libros con mostradores llenos de novedad para hacer funciones de centro cultural, como muchas de las que funcionan ya así. Las librerías de las capitales de comarca han sido ejemplares en este sentido durante muchos años. Una librería no puede ser un corteinglés de libros en pequeño (aunque las secciones de libros de El Corte Inglés son ampliamente visitadas y sus cajas facturan buenas cantidades cada día). Todos están de acuerdo en que hay que acercar el libro al ciudadano, pero remangarse para hacerlo es harina de otro costal. Los de la Setmana del Llibre en Català lo han hecho y han aumentado ventas.

Cada vez que alguien me diga que las librerías cierran porque no se venden libros lo voy a poner mirando para… la plaza de la Catedral.

 

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