La mofa

Me inquieta enormemente la mofa viral que se ha desencadenado en torno a las cualidades relajantes del café con leche, sobre todo si se consume en la plaza Mayor de la capital del reino. Porque el humor, sobre todo el humor motivado por lo político y lo social, tiene dos caras: una, una pulsión de crítica; otra, una manifestación de impotencia.

Se utiliza el humor crítico, sarcástico y ácido para poner de manifiesto imposturas y lacras, para llamar a su eliminación y convocar a la acción atacante que ponga fin a ellas. Pero al mismo tiempo, y ahí reside la paradoja de esta forma que toma la opinión pública, denota cierta impotencia para llevar a cabo esa acción. Para decirlo brevemente y de manera cruel: nos mofamos de lo que no somos capaces de cambiar. Algunos gobernantes del Partido Popular están descubriendo ahora amargas hieles que les hacen descender de un Olimpo desde el que únicamente se manifestaban a través de pantallas de plasma y escuchar las voces de una multitud de tricoteuses vocacionales. Pero pueden consolarse, ciertamente, pensando que más años duraron en cartel los múltiples, variados y persistentes chistes de Franco. Mofa pública no equivale a cambio político, pese a quien pese. Y si las encuestas indican lo que parecen indicar, en unas nuevas elecciones ellos reirían los últimos.

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