Tendrían que cerrar más librerías

cuadernos 2

El otro día mantuve una conversación con mis amigos de Facebook referente a lo difícil que resulta hacer bien el oficio de librero, a partir de mi compra en La Central de la calle Mallorca, excelente librería donde fui excelentemente atendido como siempre. Mi experiencia es que cuando una librería cierra no es porque la amenace un nuevo inquilino con más posibles para pagar el arrendamiento del local sino porque ya la han abandonado sus clientes. Y les abandonan sus clientes en un tiempo en que, diga lo que diga la superstición popular, se lee más que nunca y se siguen vendiendo libros, muchos libros incluso en un panorama de aparición de novedades excesivo que descontrola cualquier planteamiento racional que el librero desee hacer.

Pero el problema está en la colusión de una industria que se está metiendo en un embrollo fatal motivado por unos costes insostenibles y la falta de vocación, interés y excelencia de los dependientes de librería y del planteamiento del propio establecimiento. Sin embargo, según mi experiencia (gasto una burrada de dinero en libros cada mes, en La Central, Laie, Claret, Abacus, Amazon y otros) tendrían que cerrar más librerías. Lo que sigue es el relato de mi último episodio como cliente: comprar la revista Cuadernos, que publica en papel el periódico digital eldiario.es. Es una publicación de gran calidad que sólo cuesta 5 € y que viene a llenar, con Alternativas Económicas y Mongolia, el lugar que antes ocupaban Cuadernos para el diálogo, Triunfo y Por Favor.

Primer día. Salgo de casa, en las afueras de Sitges, donde vivo,  y me llego hasta el centro del pueblo. Voy a la caja de ahorros, compro el pan, son las 9.30. Me acerco a la librería donde venden Cuadernos, según indica la lista de puntos de distribución de eldiario.es. Está cerrada, no abren hasta las diez. Volveré otro día, hoy no puedo volver a desplazarme desde la urbanización hasta el pueblo.

Segundo día. Como prontito y vuelvo a acercarme al centro del pueblo para hacer mi adquisición. Vuelve a no ser posible, la librería no abre hasta las 17.30. Abren a las 10 de la mañana, cierran a las 13.30, se toman ¡cuatro horas! para comer y vuelven a abrir a las 17.30; tres horitas más y a las 20.30 plegan. Soy partidario de respetar el horario del comercio tradicional. Pero a estas alturas no sé si una librería es un comercio tradicional. ¿Por qué? Porque un comercio tradicional se distingue por mimar a sus clientes para que esa proximidad vaya en detrimento de otras ventajas que ofrezca la competencia.

Tercer día. Consciente de los horarios de apertura y cierre, consigo esta vez franquear la puerta del establecimiento y el dependiente, atento y amabilísimo, me informa de que, efectivamente, suelen vender Cuadernos pero que en este momento… no la tienen. Disponen de ella en su otra tienda, en Vilanova, y la pueden traer al día siguiente.No puedo volver al día siguiente porque estaré en Barcelona, solamente podré regresar dos días después. Nadie propone pegar un telefonazo a la sucursal para que, como Vilanova está a 9 km de Sitges, unos 15 minutos en una motillo conducida por un aprendiz bastan para traer la revista mientras yo aprovecho para hacer alguna otra gestión, de modo que en media horilla más me llevo la revista a casa. Pero no. Lo más probable es que no haya aprendiz, como en todas partes.

Cuarto día. Éxito total: llegué, vi y compré. Pero… otro cliente indaga sobre un título que está buscando. No lo tienen. Sí, podrían encargarlo. Llamada al distribuidor, quien informa de que el libro requerido podría ser enviado y recibirlo la librería local dentro de una semana o diez días. El libro vale 40 €. A la distribuidora no se le ocurre ofrecer enviarlo rápidamente en un courier para que el cliente lo tenga al día siguiente, y el librero tampoco ha pensado en decirle, majo, son 40 moniatos de venta que no me quiero perder, de manera que ahora sales pitando para MRW, corazón. El señor que esperará probablemente un libro durante diez días ignora seguramente –es mayor– que Amazon se lo podría servir en tres o incluso dos.

Sí, cierran librerías, y tendrían que cerrar muchas más. No por culpa de Amazon o MacDonalds sino por un sector que en parte se ha descontrolado, en parte se ha vuelto loco y en parte sestea.

(Ilustración: portada de Cuadernos de eldiario.es, codiciado objeto de mi deseo que tardé cuatro dias en obtener de una librería).

3 Comments

  1. Desgraciadamente es un problema que suele afectar a librerias de ciudades medianas , pequeñas, lo tengo habitualmente en Olot , que se añade al ya reducido mercado de estas poblaciones. Felicidades por el blog

    1. Es cierto lo que dices, pero precisamente estas librerías deberían aprovechar el factor proximidad para mejorar su servicio: conocer de cerca a tus clientes y saber cuales son sus gustos y necesidades es un privilegio para cualquier vendedor que exige ser aprovechado. Ahí hay nicho de mercado para quien sepa verlo.

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