Unas lecciones de Malala a los progresistas de nuestro país

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La concesión del Premi Internacional Catalunya a Malala Yusafzai nos ha permitido recibir una serie de lecciones de la joven paquistaní de 15 años que fue tiroteada por los talibanes por ejercer su derecho a la educación y por lanzar una campaña para promover la escolarización de las jóvenes de su país. En Barcelona, Malala no sólo mostró un caracter y una determinación poco comunes para una chica de su edad sino que pronunció unas palabras que deben darnos qué pensar. No por imprevistas, estas lecciones deben ser ignoradas por los adultos de nuestro país.

“¿Quién soy yo? ¿La que fue disparada por los talibanes? No quiero ser esta chica, quiero ser Malala, la  chica que lucha por los derechos de la educación para todos”. Primera lección: una joven de un país del tercer mundo que se ha hecho famosa por ser víctima de un vil atentado renuncia a un papel de víctima. Ser víctima tercermundista cotiza mucho en el mercado de la solidaridad pero Malala desea ser considerada una luchadora.

“Mi mensaje es que no esperéis a que nadie lo haga, hacedlo por vosotros mismos. Es hora de levantarnos y pedir nuestros derechos, es muy fácil condenar a los demás sin levantarse y hablar. Levantad la voz, vuestra voz puede cambiar el mundo”. Segunda lección: apelación a la responsabilidad de cada cual, compatible con la responsabilidad colectiva. La Europa que una vez confió en que los derechos que propone el estado del bienestar serían permanentes y se ha encontrado con que la normativización que se suponía iba a asegurarlos se ha deshecho. Malala nos recuerda que los derechos no se conceden sino que se ganan, y la convicción personal y la acción de cada cual en esa lucha son la condición imprescindible. Es una lección en toda la cara de quienes a cada momento tratan de desautorizar el empeño en la mejora personal, en la iniciativa surgida del propio convencimiento. Esa actitud suele disfrazarse bajo la crítica a “la autoayuda” pero no es más que inmovilismo. A la joven paquistaní no se le puede acusar de “guru de la autoayuda”.

“No quiero seguir discutiendo qué pasa sino  debatir como solucionarlo”. Tercera lección, justo en la diana de la izquierda organizada y la desorganizada. El debate es para la acción, las discusiones sobre galgos o podencos dan poder al enemigo. Una niña de 15 años enseña el camino a las izquierdas españolas y europeas mejor que todos los tratados de ciencia política.

Vi a Malala en el canal 324 en el momento de comparecer ante el público asistente a la entrega de los premios. Un plano de dos segundos mostró su mirada, su manera de observar y mover los ojos para hacerse cargo de lo que tenía delante. Es la mirada de una persona madura, consciente y dotada de una gran determinación. Por eso he tomado sus declaraciones como lecciones a incorporar personalmente. En cinco minutos, la muchacha destrozó todos los tópicos con los que se ha construido cierta ideología de la solidaridad (y empleo “ideología” en el sentido marxista del término) que se basa en una herencia de conmiseración pseudocristiana y paternalismo socialdemócrata, que propicia la perpetuación de las víctimas en su papel y la mirada condescendiente de los solidarios en el suyo. Nos plantificó en la cara tres lecciones, tres, que deberían neutralizar la  kryptonita que afecta al progresismo europeo y que se resumen en asumir la responsabilidad por las propias acciones y asumir los retos que cada persona debe afrontar en su vida para luchar e ir hacia adelante.

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