Todos a la huelga general porque todos tienen razones para sumarse a ella

Todos tienen razones de sobras para sumarse mañana a la huelga general:

Los trabajadores de las grandes empresas. Porque no hay ninguna de ellas que no esté pensando en cómo librarse de buena parte de su plantilla, mediante EREs o cualquier otra artimaña propiciada por la reforma laboral. El empleado de ellas que hoy tiene trabajo, mañana puede estar al borde de perderlo.

Los trabajadores de las pequeñas o medianas empresas. Porque el capitalismo financiero ha declarado la guerra al capital productivo y al empresario emprendedor, de modo que éste tiene cada vez menos margen y más obstáculos para llevar a cabo su actividad, con lo que no sólo los puestos de trabajo peligran sino la propia actividad productiva.

Los pequeños empresarios. Por el motivo anterior y porque le es del todo imprescindible establecer alianzas con sus empleados, alianzas de nuevo tipo que defiendan la productividad, el valor del trabajo y los frutos de este.

Los parados. Porque las medidas de austeridad que se están imponiendo en toda Europa no están orientadas a crear empleo sino que les condenarán a un desempleo permanente. No tener trabajo no significa haber perdido la condición de trabajador, e ir a la huelga es un modo de reivindicar este orgullo y ganar el derecho al futuro.

Los jóvenes que aún no han accedido al empleo. Por el motivo anterior y para sumarse a los millones de personas de toda Europa que luchan por cambiar un futuro lleno de incertidumbre y para convertirse en dueños de sus propias vidas.

Los estudiantes. Para luchar contra las políticas de austeridad que encarecen las matrículas, suprimen las becas y los programas de intercambio europeo, para defender su condición de profesionales en formación que tienen derecho a acceder al mercado laboral y a un empleo digno.

Los jubilados. Porque las políticas de austeridad amenazan sus pensiones y para defender el derecho al trabajo y a la ciudadanía de sus hijos y nietos.

Las amas de casa. Porque las labores domésticas son una forma de trabajo, que debería ser retribuido socialmente, y porque el paro y el subempleo amenazan a la calidad y solidez de la vida familiar.

Los dueños de tiendas, bares, restaurantes y otros servicios. Porque los trabajadores cuyo empleo y poder adquisitivo están amenazados son los clientes que les dan de comer.

Los profesionales liberales, los artistas y los intelectuales. Porque la amenaza al trabajo es también una amenaza a la cultura. Los intereses que quieren acabar con la dignidad de los trabajadores quieren hacer lo propio con la cultura, para que la ciudadanía se convierta en una masa ignorante y sumisa.

Los sacerdotes católicos, los pastores protestantes y los religiosos de todas las confesiones. Porque la dignidad del ser humano que las religiones propugnan no puede realizarse sin la dignidad del trabajo y la retribución justa. Porque el mensaje de liberación de Jesús es un mensaje de justicia y de denuncia de la opresión.

Los jóvenes disconformes y contraculturales. Porque su utopía no es realizable al margen de la justicia para todos, nadie escapa al proyecto de sumisión que los poderosos sostienen, ni siquiera individualmente ni en pequeños grupos.

Los que protagonizaron y apoyaron el movimiento indignado y el 15 M. Porque la piedra de toque para ver si su indignación era consistente es si son capaces de aliarse fehacientemente con el movimiento obrero.

Los independentistas. Porque una Cataluña independiente no quedará al margen del intento de acabar con los derechos de los trabajadores y de la mayoría de los ciudadanos. Un Estado catalán en Europa seguirá siendo el escenario del conflicto entre el trabajo y el poder ademocrático, y la amenaza que este poder supone para la cultura lo supone igualmente para la cultura catalana. No hay plena ciudadanía independiente sin plenitud de derechos sociales.

Porque no es cierto que no se puedan cambiar las cosas. Las cosas se cambiaron en las décadas anteriores, y este movimiento regresivo que vivimos en toda Europa no es una crisis  económica sino el intento deliberado de acabar con los cambios positivos que se consiguieron al movilizarse y organizarse los trabajadores y los ciudadanos.

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