El País: la amenaza para los periódicos son sus propios empresarios

Al ritmo de la lluvia, se me enciende la bombilla encima de la cabeza y caigo en la cuenta de que: (atención, constatación empírica al canto) ningún periódico español ha decaído o desaparecido a causa del empuje o efecto de su competencia.

Corolario: la causa de la decadencia o desaparición de nuestros periódicos es fruto exclusivo de la incompetencia de sus gestores.

El actual momento que vive El País parece ser un nuevo episodio de esta tendencia histórica de la prensa de nuestro país.

Con ERE o sin ERE, el diario está cada día más flojo. No levantan ni una sola noticia original; el tratamiento de muchas informaciones es cada vez más superficial; las firmas de peso en las páginas de opinión, Cuarta Página incluída, han sido sustituidas por sermoneadores de diverso pelaje académico o parainstitucional; los estupendos redactores y especialistas con los que cuenta la redacción no ofrecen lo que los lectores sabemos que pueden dar. Lo dice un lector que compra el diario cada día desde su aparición. Y estos días me estoy planteando seriamente dejar de comprarlo. No sólo porque desde hace un mes El País se cree en la obligación de sermonearnos a los catalanes sobre lo que debemos hacer con el futuro de nuestra nación sino porque lo que fue un periódico de referencia es ahora un papel corrientito.

La aparición del Huffington Post en español pareció ser una advertencia: el vibrante diario digital norteamericano, con polémica política, columnistas de alto nivel y secciones de sociedad pegadas a la diversidad de lo real es en su edición española un cibermedio flojito y soso. Ni siquiera varios meses después de su salida se iguala a medios como lainformación, y la aparición de eldiario.es ha terminado por ponerle en evidencia. Mientras El Huffington Post es una versión aguada de unas malas páginas de sociedad y cotilleo político, eldiario.es se ha mostrado, desde el primer día, como un periódico capaz de levantar noticias propias y de erigir una sección de opinión con fuerza y sentido de la intervención.

Un colega amigo que fue decano del Col.legi de Periodistes de Catalunya me lo explicó una vez muy gráficamente: “Los empresarios de prensa son como un Colsada a quien no le gustan las tías”. El problema de las cúpulas directivas de los diarios españoles es que desconfían de sus propios profesionales, se sienten incomodados por los periodistas que trabajan con ellos y sueñan con operarios dóciles que se limiten a editar materiales de agencia y servicios especiales encargados por la dirección para apoyar determinadas líneas informativoeditoriales. Ni los empresarios de prensa ni los directores de diarios creen en el negocio de la información ni en la capacidad de negocio de sus propios productos, y se limitan a apoyar políticas internas o externas a la empresa relacionadas con las inversiones bursátiles o el apoyo a uno u otro interés financiero.

Los movimientos y declaraciones del consejero delegado de Prisa no hacen más que confirmar esta impresión generalizada. Asistimos una vez más al espectáculo de la desconfianza y el desprecio. Es desolador. Las acusaciones de utilizar El País y sus prolongados beneficios económicos para estrategias financieras ulteriores menudean y cobran verosimilitud.

Pero la actual deriva de El País no es nada nuevo bajo este sol. Los periódicos son fastidiados desde dentro, desde el corazón de sus empresas. Porque a los empresarios y a los directores estrella no les gustan los periodistas ni creen en el periodismo, no ya como profesión o compromiso social sino ni siquiera como negocio.

Luego dicen que la culpa es de internet y de la “piratería”. Vaya con los piratas.

Maruja Torres: “Cebrián se pulió las ganancias de El País”

El ERE de El País según Cuarto Poder

eldiario.es: A propósito de El País. ¿Qué constituye valor en nuestra sociedad?

José Sanclemente recoge unos párrafos de un discurso de Jesús de Polanco hace 20 años, de sangrante lectura hoy día.

2 Comments

  1. Cierto, se matan ellos mismos. El AVUI empezó pronto a suicidarse, incluso la cuestión administrativa funcionaba bastante mal. Uno de los éxitos de LA VANGUARDIA ha sido, además de ser de quién manda cuando toca, reinventarse y admitir y captar voces discordantes y personales, cosa que muchos no entienden y que explica su supervivencia casi ancestral. De todas maneras me sabe muy mal cuando un periódico desaparece, la verdad.

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