El Ecce Homo de Borja y la alquimia de las multitudes

No puedo resistirme a la tentación de escribir sobre la serpiente de verano de 2012, la restauración fallida del Ecce Homo de Borja. Quizás los lectores más jóvenes ignoren qué es una serpiente de verano porque la expresión no les suena; tales ofidios han desaparecido de la escena informativa desde que el mundo se ha mundializado y todo tipo de noticias está disponible las 24 horas del día. Cuando yo era un periodista principiante, el verano era una estación de sequía noticiosa, los periódicos llevaban menos páginas y a menudo las anécdotas eran elevadas a la categoría de reportajes y los episodios triviales ocupaban mayor espacio del habitual. Aún no se había descubierto la no noticia como elemento articulador del producto informativo, tal como lo practica ahora la televisión, y no sólo en los espacios de entretenimiento: la serpiente de verano se pasea como Pedro por su casa por las redacciones todos los días del año.

Por eso me agrada la aparición de la presente. Me recuerda mis tiempos de becario en la redacción del Diario de Barcelona, a principios de los 70, donde tenía asignada, entre otras tareas, la cobertura de este tipo de acontecimientos: irrisorio el principiante, irrisoria la materia. Entonces se trataba de sacarle punta al asunto y convertir la no noticia en un buen relato, con acidez crítica o humor chispeante, según conviniera. A veces te tocaba un caramelo como unas supuestas apariciones milagrosas en Santa Coloma de Gramenet (el caso de la virgen Conchita) y otras veces la materia era huidiza, como el supuesto fantasma de la Esquerra de l’Eixample, al que muchos vecinos dijeron haber visto caminar por los terrados pero al que nunca logramos pillar. La mayor parte de las veces echábamos mano de temas y personajes socorridos, verdaderas serpientes domésticas, como entrevistar a Vicentet del lleó, el concejal Vicente Febrer, propietario de una tienda de motos en Sants, ex luchador de lucha libre, que lucía como mascota en su negocio un flamante león, o bien hacer una cobertura de la bendición de vehículos por San Cristóbal. La serpiente de verano resultó sernos muy formativa: en tareas de mesa, valorar la no noticia sin exagerarla pero dimensionándola un poco más, y volverla interesante en la redacción; en la calle, dándole la vuelta al asunto convirtiendo un tema inane en base para una narración divertida.  Lo vimos luego en manos de Tom Wolfe, le llamaron nuevo periodismo y se hicieron famosos hinchando lo que los jóvenes periodistas pelanas españoles asumíamos como tarea obligada y oscura.

Todo este tipo de posibilidades se ha desvanecido con la desaparición del reporterismo de los medios de comunicación. Hay muchísimas noticias disponibles hoy día pero muy poco periodismo. Véase que el propio Carles Porta, a raíz de su publicación sobre el crimen de Fago, ha declarado repetidamente que de entre la multitud de reporteros que acudieron a cubrir el caso fue el único que se alojó en una pensión del pueblo y anduvo entrevistando a los implicados. A pesar de ello, ningún jefe de sección fue obligado a dimitir en ningún medio, ningún alcachofero (de alcachofa, micrófono) fue despedido (se despide a los periodistas de verdad, en las regulaciones de empleo; los alcachoferos y cortapegadores continúan porque salen baratos y dicen amén a todo).

El caso de doña Cecilia y el Ecce Homo es un ejemplo de serpiente de verano reformulada, esta vez no por los periodistas sino por internet. No es de extrañar: si el periodismo ha desaparecido de los es a la “alquimia de las multitudes” (en feliz expresión de Francis Pisani) a quien corresponde transmutar un tema inane en oro narrativo. Ha sido el ingenio colectivo y la agudeza crítica de la mirada popular la que ha sacado punta a la anécdota para convertirla en narración. Lo que en principio era un episodio doméstico más o menos desafortunado ha devenido una interesante historia sobre, primero, las distintas maneras de mirar el arte, la incapacidad de comprensión que la mirada actual tiene sobre las claves de cierto arte sacro de antaño y la tradición iconoclasta del arte pop, y segundo, algunas claves importantes para comprender cierta mentalidad popular española y su valoración del héroe espontáneo, sincero, arrojado, convencido de tener razón,  fracasado pero comprendido en su “autenticidad” por el “pueblo llano”. Por lo que respecta a la primera cuestión, detrás de las deformaciones de photoshop que rematan la faena de la vecina, asoma el espíritu de Andy Warhol y su coloreado del retrato oficial de Mao Tse Tung; por lo que se refiere a la segunda, se trata de un estado de ánimo parecido al relacionado con Sánchez Gordillo, con hondas raíces en el culto ancestral a Durruti (que vuelven a rebrotar, en versión politizada,  con el nuevo aupamiento de Julio Anguita).

Doña Cecilia pertenece, sin que se dé cuenta de ello, a la tradición pop del Spanish Bizarro, que exhibe sus refulgentes lentejuelas en las gasolineras de tierra adentro, en las vitrinas de ciertos bares y en las portadas de algunas discografías. Pienso que el añorado Luis Carandell hubiera sacado petróleo del asunto en su Celtiberia Show y me doy cuenta de que quizás exista una veta oculta que une la fascinación ante la deteriorada pintura al fresco de la ermita de Borja y aquellas caras de Bélmez que impresionaron a las masas televidentes en los 70 y que aún esperan un estudio antropológico como Dios manda. Existe un hilo conductor entre la risotada burlona, la deformación caricaturesca, el humor agrio que brota de la desesperación, el cinismo como espíritu animador de los derrotados y la mofa vinculada a lo sagrado y la milagrería, que transcurre desde la mirada de Goya hasta Chiquito de la Calzada pasando por las charlotadas toreras.

De modo que los periodistas becarios de 1970 teníamos razón: las serpientes de verano revelan más sobre nosotros y nuestra manera de mirar que muchas de las noticias de verdad. Pero esta vez los periodistas hemos estado ausentes de la operación alquímica porque el periodismo ha sido suplantado por otra cosa, que también será interesante comprender qué es exactamente.

3 Comments

  1. Gabriel, m’encanta lo de “alcachoferos y cortapegadores” en dues paraules es pot sintetitzar una realitat. Salut.

  2. Molt interessant el comentari. De tota manera, compta, el tallenganxisme no és tan fàcil de detectar, la xarxa és molt gran, han fet passar molts bous per bèstia grossa sense que professors intel·ligents se n’adonessin.

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