El resurgimiento del estado franquista químicamente puro

La imagen de sonrisas, aplausos e incluso risotadas en la bancada popular, en la sesión de ayer del Congreso de los Diputados, es suficiente para definir la ínfima catadura de las gentes que nos gobiernan. Esa imagen y la de la policía antidisturbios cargando contra los mineros que se manifestaban para defender sus puestos de trabajo y el sustento de sus familias arrojan no solamente un extraño aire de final de legislatura –cuando solamente han transcurrido nueve meses desde la obtención de la mayoría absoluta por parte del PP– sino un claro signo de degradación moral.

Las derechas reaccionarias españolas han abandonado toda pretensión de pudor y contención. Ni siquiera las gentes de Alianza Popular se mostraron tan descaradamente agresivas en su momento, Fraga incluido. Las gentes del Partido Popular proceden al desmantelamiento del estado del bienestar a la vista de todos y con total alegría; ni siquiera los conservadores británicos se atrevieron a hacer semejante ostentación de descaro cuando privatizaron el sistema nacional de salud.

Nos gobierna una caterva de inútiles enriquecidos a costa del modelo más parasitario de capitalismo, que es el que parasita el estado y obtiene beneficios privados a partir de argucias ventajistas practicadas sobre el patrimonio común. No son expertos de probada excelencia en la creación de riqueza o en la gestión   de los bienes sino trapisondistas formados en el dominio de la estructura administrativo-política surgida del renacido estado franquista posterior al plan de estabilización de 1959 y la alianza entre poder político fascista, élites económicas, nacionalcatolicismo y estamentos juridicistas y administrativistas. Lo que ahora estamos viendo en acción, sus habilidades, estrategias y formas es la esencia del estado franquista químicamente puro resurgido y fundamentado en la alianza Franco-Opus Dei.

Se comprende la alegría y el jolgorio en la bancada azul cuando imaginamos lo que ese resurgimiento supone: el avance hacia una ciudadanía sometida al dictado de lo económico sin control democrático, al vaciamiento de hecho de las libertades por la vía del sometimiento económico, la gestión del país apropiada por un estamento de burócratas desinteresados de otra cosa que no sea el mantenimiento del status quo que preserva los privilegios de los poderosos y despoja de la protección del estado a los modestos. Es decir, el proyecto del estado franquista a principios de los años 70 expresado en el nombramiento de Luis Carrero Blanco como presidente del gobierno de entonces.

Ante los ojos de los dirigentes europeos, Mariano Rajoy y su gobierno son meros tramposos mendaces, en cuya palabra no se puede confiar. Pero a esta clase de gestores de la administración al servicio de unos pocos no le importa ni su honor ni su prestigio, ya ni siquiera le importan unas mínimas formas que guardar en público. Es una actitud surgida del cinismo inmoral que las clases dirigentes españolas cocieron en el franquismo de los 70 y que corrsponde a gentes que sienten que el país les pertenece. Detrás no hay nada más.

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