El 15M como un movimiento de queja moral típico en la historia de España

El 15M es un movimiento con propuestas socialdemócratas que se expresa con dinámicas libertarias. De ahi lo atractivo que resulta para la mayoría de la población. Es un movimiento reformista que hace las delicias del revolucionario que todo español lleva dentro.

El revolucionario o reformista español no quiere menos estado sino más. El 15M más que un movimiento político es un movimiento ético que reclama al estado que cumpla con su papel de expresión institucional de la democracia y de llevar a la práctica los derechos cívicos, sociales y políticos. Curiosamente, el alma revolucionaria del 15M no clama contra el estado sino contra “los políticos”: el reproche que les hace no es político sino moral, de una estricta moral: “ganan mucho por no hacer nada”.

Al disconforme español, siéntase reformista o revolucionario, le aterra quedarse solo con sus propias capacidades, abocado a emprender, idear, promover y conseguir, siempre confiando en si mismo y su potencial. La historia ha desposeído a nuestros conciudadanos de su poder personal; de ahí el miedo actual.

Lo opuesto es el vendedor estadounidense que trabaja a puerta fría, el vendedor de cepillos puerta a puerta, como Og Mandino, Napoleón Hill, etc. El emprendedor individual puede serlo porque existe un consenso social y una legalidad, al alimón, que forman un marco de reglas de juego invariable. Puede haber una moral individual porque hay una moral colectiva no escrita. En los países latinos las morales colectivas se escriben e inmediatamente se vulneran, son papel mojado. En el liberalismo anglosajón, y en Francia, quien firma un talón sin fondos va a la cárcel, aquí Ruiz Mateos ha repetido su hazaña, y la repetirá tantas veces como quiera.

El colectivismo español no es revolucionario sino antiindividualista. El ciudadano traicionado por poderes incontestables se defiende diluyéndose anónimamente en el colectivo anonimizador (Fuenteovejuna). La máscara Anonymous es el Fuenteovejuna postmoderno. Fuenteovejuna es el producto sociopolítico de la opresión infame del imperio español del siglo de oro. La mentalidad del siglo de oro es la propia de las clases dirigentes españolas: creen que el poder les pertenece por derecho de nacimiento. Pero también la contraparte de esa mentalidad permanece todavía entre ciertos sectores populares: la gallardía de las novelas de Pérez Reverte o los arrojos moralizadores de Julio Anguita: “qué buen vasallo sería si tuviera buen señor”. Es decir, el problema no es el hecho del vasallaje sino la cualidad moral y la adecuación del señorío.

La familia es el colchón de los efectos de la crisis. El español se presenta como gallardo y adusto, pero en realidad es enormemente cariñoso. La familia es el espacio donde podemos comportarnos mutuamente con cariño de puertas adentro. La mutualidad familiar española no es de clan o de mafia sino de una cordialidad surgida de siglos de experiencia como refugio ante la opresión totalitaria imperial.

Los reaccionarios que gobiernan hoy España reaccionan agriamente contra el 15M porque les pone cara a cara con sus peores fantasmas. Los que ocupan los puestos gubernamentales y administrativos no son los poderosos sino sus lacayos. Nos gobierna una nueva casta de burócratas del estado muy bien entrenados en la superación de oposiciones, la conquista de los puestos administrativos y el manejo de los mecanismos que combinan el lucro privado hecho a expensas de la maquinaria del estado interpenetrada con las grandes empresas opacas. Estos nuevos burócratas reaccionan visceralmente ante el fantasma de la rebelión: los ven como unos desgraciados y temen al reflejo en ellos del desgraciado que llevan dentro. No es la altivez del aristócrata ante la purria sino la violencia del capataz ante los que son como el que él un día fue. De ahí la rabia que lleva al desalojo de Sol.

En España, el 15M apareció cuando el gobierno socialista de Zapatero daba sus últimas bocanadas. En Francia, el descontento ante el sarkozysmo ha llevado a los socialistas al poder. En España, el 15M clama contra los partidos. En Francia, la rebeldía ha encumbrado a la ultraderecha pero ha encargado a Hollande que les saque del lío. En España el 15M continúa con su queja moral bajo el gobierno de la derecha extrema  pero no configura ninguna corriente política de fondo como en Francia. Esa es la diferencia entre una república democrática y una democracia surgida de siglos de opresión y miseria moral.

Del 15M no surgen dirigentes personales no porque el movimiento lo impida sino porque quienes pudieran serlo tienen pánico. El individualismo español nunca ha existido, el supuesto individualista es alguien que busca una salida personal para sí dentro del caos, nunca es un visionario que asuma la tarea personal de liderar al grupo. No hay tal visionario porque todos están sometidos al dictado del qué dirán. El individualismo democrático es fruto de la ética protestante anglosajona y del respeto colectivo a las reglas del juego: el líder sabe a qué atenerse, en última instancia, enfréntese a las multinacionales opresoras o conduzca a sus hombres en el desembarco en Normandía. La derrota de la República Española en la guerra se debió no solo a la fuerza militar de los rebeldes y a la desorganización de las propias filas sino a la inexistencia o ínfima calidad de los dirigentes militares y políticos, sin excepción.

Los jóvenes que forman el 15M no han vivido personalmente todos esos avatares, pero la historia es un proceso de desarrollo colectivo de los pueblos, con causas y efectos colectivos que se transmiten generación a generación; el karma colectivo de las naciones no se rompe.

Si el 15M consiguiera dar origen a un movimiento político más amplio y de fondo, podría suceder como en Francia. Si no lo logra, se convertirá en una CNT difusa, crecientemente airada. Para que pudiera conseguirlo, debería existir un PSOE. Pero el PSOE actual está atenazado por el miedo, un triple miedo: a la situación, a la furiosa caterva de dirigentes derechistas reaccionarios y a la endeblez de su propia organización. Rubalcaba ni siquiera es ya un espectro, no existe. Y nuestro Hollande aún no se ha dado a conocer. Si es que existe.

4 Comments

  1. Sin lugar a dudas será desde el Partido Socialista y unicamente desde este partido, desde donde se puede conseguir esa socialdemocracia del siglo XXI. Pero para ello se necesita: primero unidad de toda la izquierda y segundo un programa ilusionante, moderno, que recoja lo que todos sabemos que no debe perdurar. Pero, insisto, desde el Partido Socialista, le duela a quien le duela.

  2. Una puntualització: a la guerra civil els militars republicans van ‘gaudir’ de la desconfiança generalitzada dels qui remenaven les cireres republicanes, no és que no hi fossin, tot i que eren pocs, és que els van bandejar i menystenir. I, evidentment, crec que el més gruixut va ser la prohibició ‘europea’ de comprar armes, l’abandonament ja va fer d’entrada que guanyar la guerra fos impossible. Un altre tema lligat a la miopia dels dirigents promocionats va ser allargar l’agonia.

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