Tàpies, gracias por abrirme los ojos

La muerte de Antoni Tàpies me ha hecho recapacitar sobre lo que pienso, o pensaba, de las artes plásticas.     Nunca he sido aficionado a la pintura, pero es en estos últimos años cuando vuelvo la mirada a ellas, quizás porque la vida apresurada del periodista me ha hecho pasar de largo ante cosas que merecían la pena. Tàpies era para mi la persona solidaria que apoyaba a Comisiones Obreras, el PSUC, la Assemblea de Catalunya, con la entrega de obra de la cual extraer reproducciones para recaudar fondos. He simpatizado con algunos pintores cuando me parecían cercanos a los músicos, amigos muy conocidos, como Joan Pere Viladecans, por quien siento un afecto especial, o con Niebla, o Genovés. Pero miro ahora imágenes de cosas de Tàpies publicadas ahora en la prensa y lo veo diferente.

Hasta ahora he creído que no entendía de pintura. Y me acabo de dar cuenta de que la pintura no se entiende. Leo una carta al director en la que el firmante declara que mira la Maja desnuda de Goya y la entiende, y hace lo propio con Tàpies, y no. Pues no, amigo, usted no entiende tampoco la Maja desnuda; simplemente, ve una imagen en la que cree reconocer algo reproducido de la realidad. Pero entenderlo es otra cosa. Cuando se dice que “no se entiende” una obra abstracta se está diciendo que no se consigue identificar su imagen con algo previamente existente o reconocible en la realidad empírica. Que el observador pueda establecer tal identificación no tiene nada que ver con entender algo. Pero lo que hay en la pintura no es una reproducción de la realidad empírica. En puridad, ella no puede ser reproducida, pues toda cosa que existe en el universo es única e irrepetible. Lo que pretende ser reproducción es otra cosa igualmente única, y por tanto distinta.

Sucede lo mismo con la música. Se cree entenderla porque sus sonidos se parecen a otros sonidos musicales escuchados antes. Pero la situación de la música es más radical que la de las artes plásticas: no existe música figurativa. La música no reproduce los sonidos de la naturaleza, ni siquiera los imita; tal música sería más extraña aún que la música dodecafónica. Una de las razones del bajo nivel de cierta música new age es su imbricación con la reproducción (parcial y selectiva) de ciertos ambientes sonoros naturales, precisamente.

Si nos quitamos este prejuicio de la mente, entonces podemos “entender” el arte. Pero “entenderlo” significa mirar las imágenes y, oh paradoja, dejarse mirar por ellas. Pero para poder mirar así es necesario ponerse en otro ritmo, en otro tiempo vital y en otra actitud mental. MIrar el arte exactamente igual que miramos cualquier otro elemento del mundo creado. Porque la creación no es que exista un dios externo que haya extraído las cosas de la nada, lo creado es aquello que surge ante nosotros y es visto como por primera vez. (Una lectura poética y simbólica de los primeros capítulos del Génesis podría darnos sorpresas). Descubrir el arte representa descubrir la radical originalidad de cada y única cosa, la creación afluente e incesante que mana de la Fuente.

Ya sé que todo esto que digo es de parvulario, la pena es que cuando nos hacemos mayores dejamos de percibir las cosas como cuando íbamos a él. Seguro que el hecho de que cuando crecemos dejemos de dibujar bien, incluso que renunciemos a hacerlo, tiene que ver con la incapacidad de gozar del arte en la edad adulta, y sobre todo, con la incapacidad de relacionarnos con el mundo y las cosas con la inmediatez, profundidad y sensibilidad que nos permitiría vivir una vida más humana.

Será una tontería, pero siento que la visión de las pinturas de Tàpies, aunque sea reproducidas sobre papel prensa, me ha liberado de algo que no sabía que me limitaba. Gracias, maestro y compañero.

Ilustración: Llibertat, de Antoni Tàpies. Notas y créditos.

2 Comments

  1. Precioso artículo. En el fondo el arte se entiende, creo yo, no entendiéndolo en el sentido que pueda hacerlo un crítico, que dicho sea de paso, no hay cosa mas retórica que una crítica del ídem. En el fondo, el arte se entiende con el estómago. Para mí, Tapies es el pintor más importante del estado en estos momentos. Más allá de la cotidianidad de los discos de tu Nova Canço ilustrados algunos por el maestro-también quiero hacer homenaje transversal a otro grande, Antonio Saura- y de carteles siempre comprometidos , es el convencimiento de estar ante alguien que crea un lenguaje nuevo -no es en absoluto necesario ser un epistemólogo para darse cuenta-. No la búsqueda de una originalidad forzada -estrategias del ego- sino el fruto de un hallazgo vital que se expresa de esa manera y abre caminos. Tapies, para mí, entre otras muchas cosas, es la mirada ,la que nos hace elevar a la categoría de algo tan resbaladizo como la belleza ,lo desechado, lo superfluo , dotándolo de un nuevo status de grandiosidad. Grandísimo Tápies. Yo, que no tengo un duro, conseguí comprarme en una subasta un grabado suyo a fuerza de ahorrar.. Hoy luce en el centro de mi casa como testimonio de algo que en último extremo es amor. Tapies se queda, nosotros nos vamos yendo, lo que no es ni bueno ni malo. Simplemente no tenemos un calcetín roto que brille con otras estrellas tan vulgares como refulgentes.
    Un saludo.

  2. Cuando hace un año le hicimos el homenaje, le dije: “Gracias, maesro por lo que usted nos ha dado”. Me miró y dijo: “Bah, poca cosa en comparació amb el que heu fet vosaltres”.

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