El “beau geste” de una luchadora comunista: por qué Maruja Ruiz no debió rechazar la medalla

Maruja Ruiz, la legendaria luchadora obrera y vecinal de Nou Barris, y militante comunista, ha rechazado la Medalla de Honor de Barcelona, que le iba a ser concedida por el ayuntamiento a causa de sus reconocidos méritos cívicos y su ejemplo para la ciudadanía. Maruja hizo este rechazo públicamente, en el Saló de Cent, cuando le iba a ser impuesta la distinción, como acto de protesta por los recortes en servicios públicos que los gobiernos municipal y de la Generalitat están practicando.

Se trata de un “beau geste”, que corresponde a una venerable tradición: la noble altivez de los modestos. Una altivez basada en haber llevado una vida de altísima exigencia ética e intachable compromiso con el beneficio colectivo. La dignidad de Maruja le permite echar a la cara de quien convenga no importa qué medalla, por merecida que sea, si considera que aceptarla puede significar complicidad con un acto de hipocresía.

Comprendo el gesto de Maruja Ruiz porque soy comunista como ella y comprendo a quienes le aplauden haberlo hecho. Pero yo no hubiera rechazado la Medalla de Honor de Barcelona. Aceptarla no era necesariamente un acto de hipocresía; sin rechazarla se podía, probablemente, haber dado también testimonio de la protesta, dado el formato del acto y el carácter tolerante del alcalde Xavier Trias. Por supuesto, el rechazo permitió dar mayor énfasis a la protesta, y por supuesto, publicidad al gesto.

Creo que los comunistas veteranos como Maruja Ruiz deben aceptar las distinciones honoríficas que les concedan los gobiernos elegidos democráticamente. Necesitamos que las gentes que vienen de la tradición de las izquierdas estén en el panteón de los ciudadanos ejemplares, no sólo por méritos sino por reconocimiento oficial. Ellos son nuestros héroes porque su vida y su sacrificio lo ha hecho así y no necesitan de medalla alguna, pero los demás sí que necesitamos que quienes no piensan como ellos, incluso quienes se encuentran en el polo opuesto de su pensamiento, reconozcan pública y oficialmente su mérito: que no actuaron por su interés particular sino que cumplieron con el mayor imperativo ético cívico que se puede concebir. La oficialidad del acto no añade nada al mérito de los distinguidos, pero actúa como dique de contención ante una tentación que resurge: la vuelta del anticomunismo. No es retórica: proyectos de leyes anticomunistas en Polonia, intento de ilegalizar la palabra comunista en Moldavia… y normalización en la prensa catalana del retintín anticomunista de nuevos comentaristas políticos.

En los tiempos que vienen, las gentes de izquierda necesitamos enorgullecernos del reconocimiento público y del respeto que se tributa a veteranos comunistas que son patrimonio de todos: véase cómo Giorgio Napolitano, presidente de la República Italiana, se ha alzado por encima del berlusconismo indicando la vía de salida del caos, o cómo los jóvenes buscan en la mirada científica del historiador Josep Fontana la comprensión de lo que está sucediendo. Quienes trabajamos en la comunicación observamos cómo vuelve cierto espíritu anticomunista e inquisidor, ejercido por jóvenes periodistas neorreaccionarios nacionalistas, y la facilidad con que se desprestigia la lucha por el interés colectivo: nadie habla a favor de la huelga, la defensa de los medios de comunicación públicos es considerada subterfugio para favorecer intereses propios. El conseller de sanidad pide, descaradamente, una sanidad pública para pobres y otra privada para ricos.

Voces como la de Maruja Ruiz y tantos otros veteranos comunistas deben hablar luciendo las condecoraciones de la ciudad y de la nación para dejar clara una cosa: que quienes discrepan de ellos no tienen más remedio que distinguirlos porque su ejemplo es a beneficio de lo público, y que ese acto de distinción desde la discrepancia significa, también y sobre todo, el triunfo de lo público y del interés general de los ciudadanos. Aunque discrepe de él, el “beau geste” de Maruja me ha emocionado. Pero con la cabeza fría, me hubiera emocionado más verla con la Medalla de Honor en los actos públicos distinguidos. Para que se fastidien los que yo me sé.

ACTUALIZACIÓN: Carta de Maruja Ruiz en la que explica los motivos de su renuncia a la Medalla d’Or de Barcelona, publicada en la web de la Associació de Veïnes i Veïns de Prosperitat.

Una opinión contraria a la mía: José Luis López Bulla.

El momento en que Maruja Ruiz rechaza la distinción, en el canal You Tube del PSUC Viu, partido en el que Maruja milita.

4 Comments

  1. Un día la AVV de Prosperitat decidió proponer a Maruja para la medalla de honor de Barcelona, precisamente por lo que sitúa Gabriel en su escrito, el reconocimiento del barrio ya lo tenia y queríamos el reconocimiento de la institución. Estos procesos son lentos, no por que hubiera que convencer a nadie, sobraban entidades avalistas en Nou Barris que les pareció mas que merecedora del reconocimiento público y a los responsables políticos del distrito les pareció una persona brillante para ser promovida para el premio, quizás costó mas convencerla a ella poco amiga de estos fastos y modesta “de mena”. Durante el proceso han cambiado cosas y en todas partes, y en especial en Nou Barris, nos encontramos inmersos en un conflicto no deseado de defensa de derechos fundamentales que tienen que ver y mucho con el color político de la administración. Maruja actuó de acuerdo a sus valores, a su pasado ,”no puedo ni debo aceptar” dijo, para encontrarse bien con ella misma en el futuro. En la Asociacion de vecinas y vecinos de Prosperitat, de la que fue fundadora y presidenta estamos orgullosos de ella, en el barrio de Prosperitat los vecinos están orgullosos de ella y el rechazo del premio para nosotros es un muestra de que no equivocamos al proponerla. Coherencia lo llaman.

  2. Pingback: Maruja Ruiz |
  3. No hay medalla m’as valiosa que el reconocimiento p’ublico que tiene Maruja. Adem’as, no s’e qu’e valor puede tener el reconocimiento oficial de una oficialidad corrupta econ’omica y moralmente..

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