Lo argumenta muy bien Joaquim González Muntadas, secretaro general de FITEQA-CCOO: “Repsol no es España, es cierto, tan cierto como sí son España sus 17.000 trabajadores/as directos en el país y muchos de sus 480.000 accionistas minoritarios. Como lo son sus complejos industriales de Euskadi, Galicia, Castilla-La Mancha, Murcia y Catalunya, donde trabajan cientos de empresas de servicios y en ellas bastantes miles de trabajadores. También su puntero Centro de Tecnología de Móstoles (Madrid) y sus 3.620 estaciones de servicio repartidas por todo el país. (…) Repsol no es España, pero su presente y futuro no son ajenos a los intereses de sus trabajadores y del conjunto de la ciudadanía. Así lo entiende el sindicalismo cuando no comparte la opinión de los que consideran que las empresas son exclusivamente de sus accionistas, uno de los muchos frentes de nuestra confrontación. Y estas posiciones ultraliberales son las que pueden acabar reforzando algunos argumentos que critican a CC.OO. y UGT porque hemos expresado nuestra preocupación y compromiso con la defensa del proyecto industrial de una de las mayores empresas industriales de nuestro país”. Vía Metiendo bulla, José Luis López Bulla.
Después del éxito de la huelga general, algunas reflexiones.
1. Si el movimiento de protesta debe continuar, tiene que extenderse de manera más transversal por toda la sociedad. Y por tanto, sus convocantes no pueden ser solamente las centrales sindicales mayoritarias, por representativas que sean. Deben incluir, sobre todo, a sectores más jóvenes cuya cultura de la disconformidad se ha construido mediante tradiciones distintas.
2. Los grupos de liderazgo o asamblea emergentes deben saber que para ser incluidos en un movimiento más amplio hay que transigir en ciertos aspectos con las otras culturas disconformes. En los movimientos amplios no basta con tener razón, y el sectarismo es el mayor pecado. Los asamblearios deben demostrar que lo son, es decir, servidores de las mayorías, al encontrarse en medio de una mayoría de verdad.
3. Si los pequeños comerciantes, tenderos y pequeños emprendedores son tan perjudicados por la situación como los trabajadores asalariados, es un sinsentido que las formas de protesta de éstos les penalicen. Actualmente no basta con imponer por la fuerza la fuerza de la razón huelguística, la sociedad compleja no puede permitirse ese tipo de lujos, porque para cambiar las cosas radicalmente hace falta el concurso de capas sociales más amplias que la de los asalariados.
4. Las mentes creativas, individuales y colectivas, habrán de hallar formas de continuidad entre la protesta puntual convocada para una fecha y nuevas formas de mutualismo. El movimiento actual debe recuperar el mutualismo de hace un siglo y reactualizarlo, mediante la red y las nuevas formas de sociabilidad. Es la recuperación de la forma más genuina de solidaridad obrera, que marcó un antes y un después en el siglo XIX: la inseparabilidad de la solidaridad huelguística y la solidaridad mutualista. Nuevas formas de apoyo colectivo al autoempleo de personas y pequeños grupos, nuevo cooperativismo, solidaridad entre jóvenes y mayores (los yayoflautas son un brote verde en este sentido). Los bancos de tiempo e iniciativas semejantes son elementos a integrar; el movimiento de protesta ha de tejer redes en casals d’avis, centros sociales y todo tipo de sociabilidad popular.
5. El movimiento de protesta ha de asumir la existencia de la violencia. La violencia barcelonesa tiene un cuádruple aspecto: sectores airados, personas y grupos aprovechados, profesionales infiltrados, poderes públicos omisos.Entre todos la han alimentado y ahora ha crecido demasiado. El movimiento de protesta no se la puede permitir, y por ello no puede excusarse con evasivas comparativas respecto a la violencia económica o simbólica del sistema. Hay suficiente experiencia histórica para saber que la violencia en el movimiento obrero redunda siempre en beneficio de sus enemigos. La manera de asumir la violencia es combatirla, empezando por organizar servicios de orden de verdad, preparados, organizados y musculados, a los que los provocadores lleguen a temer más que a la policía.
6. La luna de miel con los medios se termina cuando la protesta se extiende y se hace poderosa. La realidad no siempre es bonita y el individualismo de ciertos intelectuales no resiste las corrientes de aire. Además, alrededor de algunos medios se ha cultivado un nuevo plantel de comunicadores de derecha erigidos ahora en think tank. Escuece en los ojos ver cómo el soberanismo de centroderecha se separa de la tradición federal catalana de respeto al movimiento obrero por parte del independentismo, o incluso surgimiento de un sector obrero independentista (Martí Barrera). El movimiento de protesta debe luchar ideológicamente en estos ámbitos, pero sólo podrá hacerlo consistentemente si trabaja el punto 3.
7. El movimiento de protesta tiene que atraer y exhibir como aliados fervientes a los intelectuales, artistas y trabajadores de la cultura que estuvieron en las vanguardias en el postfranquismo y la transición. El movimiento no puede asumir el tremendo error del PSC de arrinconarlos y ocultarlos en el armario, sino recuperar la cultura del PSUC y la Assemblea de Catalunya en este sentido. Solamente esto permitirá luchar respecto al punto 6. La cosecha de periodistas de derecha no es fruto únicamente de la labor de los thinktanks de CiU sino del tacticismo suicida del PSC y la incapacidad de ICV de trabajar en este sentido (quien va con un cojo acaba cojeando).
Ya se me irán ocurriendo más cosas.
Foto: manifestación de apoyo a una huelga en Seat. Archivo histórico de CC.OO.
Me entero del fallecimiento de Justo Domínguez, líder ugetista catalán y uno de los primeros artífices de la unidad de acción con CCOO gracias a José Luis López Bulla, que publica un artículo emocionante en su blog. Busco por webs y blogs socialistas. Miro las webs y blogs socialistas y no encuentro nada al respecto; será que he buscado poco. O quizás que de sectarismos hay para todos los gustos. Menos mal que mi tío José Luis es de Comisiones, que si no lo llega a ser… Aclaremos que un servidor, militante veterano de Comissions Obreres, también se siente plenísimamente representado por la Unión General de Trabajadores, y no sólo porque mi padre fue fundador del sindicato de hostelería de la UGT en los años 30.
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